- Grabados en exposición en la Galería Añil y conversatorio sobre La Gráfica Nicaragüense en la Década de los Ochenta, próximo jueves 17, a las 6:00 p.m.
Oscar Rodríguez inició su trabajo en las Artes Plásticas desde los 14 años, motivado en una vocación constante por el trabajo manual.
Sus obras iniciales, sus primeros intentos, los califica como intenciones realistas de captar el mundo, así llega a la Escuela Nacional de Bellas Artes después del terremoto de 1972 (ubicada en esa época en la Colonia Residencial Colombia, y dirigida entonces por el pintor Sergio Dávila). En esta etapa vierte y se nutre de la influencia de la obra de Dávila, las formas agresivas, lanzas, hojas lanceoladas, superficies geométricas de brillos metálicos. Al trasladarse la Escuela de Bellas Artes a la antigua Colonia Dambach, Oscar continúa su trabajo intenso, la inestabilidad del momento (1978-1979) no les dejo avanzar. Con el triunfo de la Revolución se unen todas las voluntades, intenciones y posibilidades, empiezan nuevamente a trabajar, a estudiar en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, se abre el Taller de Gráfica Experimental en Villa San Jacinto y ya para el año 80 se continua un trabajo más coherente para los alumnos y para los artistas, es allí donde inicia Rodríguez su obra gráfica.
En estos primeros años, por ser un artista ya destacado y con posibilidades prometedoras, es enviado por el Ministerio de Cultura a estudiar en el Centro de Enseñanza Experimental de Gráfica CEGRA, en Caracas, Venezuela, bajo la dirección del extraordinario artista Alirio Palacios.
A su regreso de Venezuela, expone su primera impresionante obra Personajes de la Vieja Sociedad, en el Teatro Popular Rubén Darío, en el Certamen de Artes Plásticas convocado por el Ministerio de Cultura y el Banco Central de Nicaragua. La obra poseía una marcada buena influencia de Alirio Palacios, una rigurosidad de propuesta anatómica, colores delicados, figuras borrosas, ladrillos, me impactó así la recuerdo aún sin verla después de 6 años; en ese momento no conocía a su autor, pero la obra quedó grabada en la mente; así fue apareciendo Oscar Rodríguez en el Panorama Plástico de Nicaragua, con esa buena influencia venezolana, con ese amor a la gráfica, ese tesón que le coloca como uno de los más importantes artistas gráficos de Nicaragua por su obra, calidad, desarrollo, por su constancia y por su enseñanza que desempeña, todo esto alimentado por viajes que la Revolución le ha proporcionado a Estados Unidos, URSS, Cuba, la RFA, la RDA y en estos contactos con movimientos gráficos se ha desarrollado una obra nueva en el país.
Si definiéramos aparate de la evolución natural, de la experiencia, de las influencias, de los recuerdos la obra de Oscar Rodríguez en la actualidad, diríamos: un joven artista nicaragüense que rompió el hielo de la pared generacional, rompió con las propuestas estéticas de sus generaciones que le antecedieron y que está inundando con color, con rostros, con dulces, con frutas y fantasmas, con aves exóticas la ventana de la generación de artistas formados en la Revolución; así pinta Oscar Rodríguez, ha seleccionado los recursos, depurado las influencias, ha eliminado los recuerdos (antes me recordaba a Cuevas y Palacios); hoy es él mismo, una obra nueva, con mucha luz, con mucho color, con mucha vibración sensorial. Esta forjando una obra difícil, no bonita, no agradable, una obra fuerte, pura, directa, apasionada, surrealista. Capaz de tomar del trópico la esencia, el sentido de ver y componer las cosas, el sentido de la luz inclemente del sol tropical, estrellado en espléndidos fantasmas, figuras miméticas de tersos rostros perfectos, androgíneos, escamosos y llenos de pétalos, hojas lanceoladas.
Con un sueño, un sueño en colores, rodeado de personajes soñadores.