- El Goyena es el rey de la segunda temporada de Desafío X-Treme. Su nuevo reto será vencer al Colegio Centro América, ganador de la primera temporada. ¡Subí tus apuestas!
Estoy emocionado por esta final, no sé que habrá y eso me da mucha curiosidad, nos dijo Benjamín del Loyola.
A las ocho y media de la mañana, los diez participantes estaban en Hotel Barceló Playa Montelimar, donde fueron atendidos muy amablemente.
Todo estaba listo a las ocho de la mañana. El circuito fue montado por Billy Molina de Xtreme Sports, quien madrugó para dejar a la orden aproximadamente 13 kilómetros, llenos de pistas y retos en las instalaciones de Montelimar para los chicos extremos. ¡Gracias Billy! Lo divertido es que ninguno sabía qué les esperaba.
Una gran competencia
Billy Molina dijo que la competencia sería dura y así fue. Pedro Acevedo, también de Xtreme Sports, expresó que hubo una gran competencia donde predominó la calma, el trabajo pero, sobretodo, el compañerismo.
¿Qué paso después?
Para Leo, del Goyena, haber ganado es un nuevo reto. Ahora tienen que vencer al Colegio Centroamérica. Estoy muy emocionado, nunca esperé ganar, siempre supe que estaba frente a buenos competidores. En la final daré más de lo que di y al igual que hoy no pienso dejarme intimidar por los ganadores de la primera temporada. Que se preparen porque ¡vamos a ganar!
Loanmy y Darwing, del Liceo Franciscano, llegaron en último lugar. Sus rostros demostraban frustración y enojo. Don Pedro, de Xtreme Sports, dijo que se sentía orgulloso de esta pareja porque a pesar de todos los inconvenientes, no botaron la gorra y lograron terminar la carrera. ¡Esa es una actitud de campeones!
Un viejo y conocido refrán dice que todo lo bueno tiene que acabar. La segunda temporada llegó a su fin pero la amistad que surgió durante estas seis semanas es un reto insuperable… ¡Los queremos mucho!
Hora de la verdad
Katherine Machado y José Leonidas Flores, del Instituto Ramírez Goyena, salen corriendo después de contestar la prueba que contenía preguntas de lógica, matemática, geografía y español. El sudor se derrama por sus rostros. Tienen que utilizar su boca para poder respirar. Ella no puede más pero su compañero le dice que falta poco para llegar la meta. En eso Katherine divisa la llegada y grita: ¡Ganamos!
Encadenadas de par en par esperaban las bicicletas y cascos de la Casa Shannon Raly USA. Ahí los competidores utilizarían la llave para abrir el candado que las sujetaba, montarse en ellas y pedalear hasta el Helipuerto. Al llegar les darían la próxima instrucción: Vayan hacia el campo de golf.
Lo que debían hacer en la piscina de niños era sumergirse, tomar una de las llaves que estaba en el fondo y luego guardarla porque más adelante les serviría para continuar en el circuito. De ahí corrieron kilómetro y medio hasta un punto de la costa donde les dieron la siguiente dirección: Den media vuelta y corran sobre la costa hacia las rocas.
Esperaban unas tablas de madera con cuerdas con las cuales deberían deslizarse en la tierra 25 metros eran algo así como esquís rústicos. Según Eduardo y Violeta, de La Anunciación, ambos trabajaron en equipo al compás de derecha, izquierda, derecha para no confundirse. Al terminar con las tablas les entregaron un examen con diez preguntas. Luego de contestarlo tenían que correr a la meta y entregarlo.
En las piedras estaba una animadora de Montelimar. Ella se encargaba de darle la siguiente instrucción a cada pareja que llegaba: Hacia el noreste busquen el árbol regalón, abran uno de sus frutos y sabrán qué hacer. En la copa del árbol estaba una botella plástica con la palabra clave: Parqueo. ¿Dónde está ese árbol?, preguntaba Dariana, del Loyola. Al ver una cinta roja alrededor de un árbol, no la pensó ni dos veces y ella misma se subió, fue la única mujer que lo hizo, ¡qué chavala más aventada!
En la piscina principal de Montelimar, ubicados en el bar El Carey, estaban los diez participantes terminando las actividades que la animación de Montelimar había preparado. Pedro Acevedo, de X-Treme Sports, dio las últimas indicaciones, sus palabras finales fueron: Diríjanse a la piscina de niños, ¡buena suerte!. Corré, apurate, dale, decía Eduardo, de La Anunciación, a su compañera Violeta. Adelante de ellos iba Ginna y Roberto, de La Salle, y después iban los chicos del Goyena. De último quedó el Liceo y el Loyola.