El pintor Leoncio Sáenz recién se recupera de una delicada cirugía de cadera practicada hace unos meses en el Hospital Amistad Japón-Nicaragua, de Granada. Luce convalenciente aunque para caminar tiene que apoyarse en un andarivel o ser cargado por sus sobrinos que lo atienden.
Ahora, Leoncio vive en Matagalpa bajo el cuido de su hermana Victorina y recuerda con ilusión su natal Palxila donde vivió sus felices años de infancia.
A los 72 años, se considera un indio auténtico hasta la médula. Y está contento, animado porque algunos de sus amigos le han organizado una retrospectiva de su pintura que estará en exhibición todo el mes de julio en el Palacio de la Cultura.
También esta semana fue homenajeado con la orden Carlos Garzón por su pintura, su persistencia en la paleta al abordar los temas prehispánicos y como el máximo exponente del dibujo en Nicaragua.
En entrevista exclusiva para La Prensa Literaria, Leoncio Sáenz habla en pocas palabras de su vida y obra.
¿Usted vivió una infancia feliz?
Fue una infancia feliz, claro. En una vida campesina y muy feliz en Palxila, como todo niño jugando, pintando y corriendo. Y también mi papa nos ponía a hacer algunos oficios para que no fuéramos vagos. Una niñez muy feliz, muy tranquila.
¿Cómo descubre que quiere ser pintor?
De ver libros descubrí que sería pintor. Miraba los libros. En ellos venían ilustraciones y las copiaba y hacía las imágenes con los lápices de colores que mi papá me compraba. Así fui desarrollando el dibujo con más creatividad hasta que sucedió que vino el obispo Calderón y Padilla y me preguntó por mis dibujos y le llevé montones y, bueno, me dijo: jalá para Matagalpa papito y así vino mi estrecha colaboración con la diócesis de Matagalpa. Copiaba las imágenes, las dibujaba, después abandoné eso por un dibujo propio más elaborado y vino a mí el dibujo de los árboles, el campo, los animales, flores, caballos, muchas cosas.
¿En qué momento se descubre como dibujante?
Bueno, a los siete años. Sabía dibujar y vendía los dibujos a las niñas de la escuela.
¿Cómo llega a estudiar pintura profesionalmente?
Un obispo amigo de Matagalpa, vio mis dibujos, me dio una beca para estudiar en un colegio de Matagalpa, después me gané una beca para estudiar en Managua y así fui a estudiar a la escuela de Bellas Artes con el maestro Rodrigo Peñalba.
La revolución y las brigadas culturales
¿Qué significó para usted la revolución?
Un gran cambio que todavía lo siento. Algo grande y maravilloso que cambió la vida de las personas y la mía especialmente.
¿Se integró a las brigadas culturales? ¿Cómo fue esa experiencia?
Muy bella. De mucha convivencia y solidaridad.
¿Qué hacían en estas brigadas?
No hacíamos nada, ahí andábamos, en la Costa, jodiendo, cantando, bailando con los soldados.
En los años ochenta se le otorgó la orden cultural Rubén Darío. ¿Qué significó para usted?
Un gran honor. Fue de gran solemnidad de gran esplendor.
¿Se considera un pintor revolucionario?
Las cosas que pinté e hice en la cultura fueron muy gratas, fue una experiencia inolvidable de emociones, de mucha vida.
La pintura y la religión
Es persistente en abordar el tema religioso. ¿Por qué
Bueno, el tema es grandioso. Lo que hay en las religiones, lo que se dice.
¿Lo aborda por ser uno de los grandes mitos?
Sí. Es uno de los mitos más bellos de la historia. Los grandes cuentos ahí están.
¿Ha llevado a la pintura el tema social: los mitos de la carreta nahua y la colonización?
Todo está ligado a lo que somos. Son grandes mitos, relatos bellísimos y mágicos.
Ha sido un gran enamorado de la vida. ¿Cuál ha sido su gran amor?
La vida.
¿Sólo la vida? ¿La pintura?
Sí. La pintura es mi gran pasión.
¿Por qué nunca se casó?
No quise. No me interesó.
Su pintura en el tiempo
¿Cómo ve su pintura con el paso del tiempo?
Es difícil reunir mi obra que ha quedado tan dispersa. Muchos de mis cuadros ahora no sé dónde están.
¿Es un sueño reunirla?
Claro que sí. Eso depende de las circunstancias. Ojalá sea posible.
¿Quiénes son sus grandes amigos pintores?
Fernando Saravia, Rodrigo Peñalba, mis maestros. Y muchos que no me acuerdo.
Los recuerdos de Praxis
¿Cómo era praxis? ¿Qué recuerdos tiene de este grupo de pintores?
Bueno, fue el mejor grupo de Nicaragua, dinámico. Estaba Alejandro Aróstegui, Tata Vanegas, Genero Lugo, César Izquierdo, Luis Urbina, Arnoldo Guillén, Orlando Sobalvarro.
¿Cómo fue su relación con ellos?
Nosotros fuimos muy fraternos. No había pleitos ni pendejeras, no andábamos con esas chochadas nosotros.
¿Que hacían como grupo?
Exposiciones de arte y discutíamos sobre lo cultural.
¿Qué recuerdos tiene de sus viajes como artista?
Uhhhhhh, lo que más hice fue viajar en tiempos de la Chayo Murillo. A dónde ella no me envió, a Mozambique, el primero de mis viajes, fui a Bulgaria que era muy bello estuve un mes, luego a Alemania, España y Canadá. Muchos países.
¿Cómo ha sido su relación con los pintores jóvenes?
Ahora no me relaciono porque como vivo tan distante del centro donde está la pintura que es en Managua. Fui fraterno con los jóvenes. Porque ahora vivo en Matagalpa. Ya sin la intensidad de Managua.
Sus cuadros recientes
¿Qué representa su más reciente cuadro sobre Matagalpa
Es la leyenda de la serpiente, el trabajo de ella que es destruir. La serpiente destruye a Matagalpa, ya lo ha hecho no sé en qué ocasiones, ahora la tiene amenazada y la virgen del Rosario la tiene encadenada pero la serpiente le ha roto varias cadenas. El día que la última cadena se reviente, se acaba Matagalpa, se inunda y no sé qué le va a suceder. Es la leyenda de la serpiente que está en el cerro.
¿Otro de sus reciente cuadros aun sin terminar alude al tema de los ángeles?
Es San Miguel, uno de los ángeles más impactantes que derribó al arcángel luz bella que se sentó en el trono del señor y se hizo gato bravo; en ese momento pareció San Miguel y lo derrotó. La historia es bella.
Pinturas que cuentan historias
¿En sus pinturas siempre está contando historias?
Ah, porque es algo que yo siento. Mis pinturas no pueden estar en el vacío, siempre tienen que decir algo, contar algo. Una historia, una anécdota que tenga que ver con la vida. Y mis temas son históricos y que tengan fundamentos.
¿Por qué usa plumas n la cabeza?
Para parecer indio. La pluma me da esa identidad con la pluma que es con la que escribo y con la que dibujo.
¿Se considera indio?
Me extraña, hasta la última medula. Siempre soy un indio. Soy un indio medular. No considero ser otra cosa sino indio español no.
¿Qué también está presente en su pintura?
He ido formando una pintura con temas sobre los indios, lo precolombino, con temas de historia. Los mitos nicaragüenses precolombinos y coloniales.