Adéndum o adenda

Adéndum o adendaNuestra lengua viva En Nicaragua usamos “adéndum”, particularmente para anexar o añadir consideraciones o cláusulas a contratos firmados antes de la fecha del adéndum. Al parecer, esta práctica se ha considerado como un cultismo derivado del gerundio del verbo latino “addo” que significa añado. En latín el gerundio se comportaba como un adjetivo […]

  • Adéndum o adendaNuestra lengua viva

En Nicaragua usamos “adéndum”, particularmente para anexar o añadir consideraciones o cláusulas a contratos firmados antes de la fecha del adéndum. Al parecer, esta práctica se ha considerado como un cultismo derivado del gerundio del verbo latino “addo” que significa añado.

En latín el gerundio se comportaba como un adjetivo y se declinaba como tal. De esta manera, tenía tres terminaciones: addendus, que era masculino; addenda, que era femenino; y addéndum, que era neutro. Según el género, significaba el/la, lo que se debe añadir o agregar.

Lamentablemente, la forma que usamos los nicaragüenses no es latín porque deberíamos de usar “addéndum”, con doble d, y tampoco es adaptación de la lengua latina porque deberíamos escribir “adendo” , que no lo usamos.

Los gerundios latinos neutros en los casos nominativo, acusativo y vocativo plurales terminaban en “a”. Así, facio, que significa “hago” hacía facienda; ago, que también significa “hago” hacía agenda y addo, que significa “añado” hacía addenda.

Estas formas plurales de la segunda declinación, tardíamente se confundieron con las formas del nominativo singular de la primera declinación que, por su estructura, eran femeninas. De esta confusión de género y número, vocablos neutros y plurales de la segunda declinación pasaron a la lengua española como palabras femeninas y de número singular. Por esto, palabras como leña, nómina, agenda y adenda, aun cuando su número es singular, nos dan la idea de una colectividad porque subyace junto a éstas la recordación de un plural oculto.

No he tenido conocimiento del uso de “adéndum” en otras épocas ni en otros lugares más que en Nicaragua donde se usa de forma restringida. Como señalaba anteriormente, nosotros usamos “adéndum” para completar o agregar cláusulas a un contrato pero es lógico que nos preguntemos, a la luz de las consideraciones señaladas, cuánta fuerza jurídica puede tener un término que no nos llega por los cauces tradicionales del desarrollo de la lengua y que también es inexistente en los diccionarios de la lengua española.

Adenda, que es lo consignado en la lengua y que significa lo mismo que nosotros entendemos por “adéndum”, debe preferirse por ser lo que acorde con la tradición de la evolución lingüística nos viene del latín al español. Si consideramos lógico esto, debemos estar atentos cuando tengamos que modificar un contrato que de alguna manera nos afecte, que se use “adenda” y no “adéndum” porque seguramente “adenda” tendrá una significación más amplia y, consecuentemente, mayor validez.

Me decía don Jorge Eduardo Arellano que el término “adenda” no es desconocido en Nicaragua, que Luis Alberto Cabrales lo usó en su obra poética que tiene título latino Ópera Parva (Pequeñas Obras) y es cierto. Este autor nicaragüense —que nos recuerda la Vanguardia— consignó una última sección en su obra con el título de Addenda. Obsérvese que en su obra, el poeta nicaragüense nos presenta el latinismo crudo. Aquí recomiendo la adaptación gráfica de ese latinismo que es “adenda”.

La Prensa Literaria

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