Henrik Ibsen, 1899.

Henrik Ibsen entre nosotras

El hecho que Rubén Darío incluyera a Henrik Ibsen (1828-1906) en su libro Los Raros indudablemente contribuyó a que algunos intelectuales de nuestro medio se interesasen en conocer la obra de este notabilísimo poeta y dramaturgo noruego cuyo aniversario de fallecimiento se está conmemorando en el mundo entero. Sus obras no han circulado en nuestro […]

El hecho que Rubén Darío incluyera a Henrik Ibsen (1828-1906) en su libro Los Raros indudablemente contribuyó a que algunos intelectuales de nuestro medio se interesasen en conocer la obra de este notabilísimo poeta y dramaturgo noruego cuyo aniversario de fallecimiento se está conmemorando en el mundo entero. Sus obras no han circulado en nuestro medio, salvo Casa de Muñecas, publicada por una editorial colombiana y uno que otro título importado por iniciativa de libreros. No obstante, la obra de Ibsen ha tenido particular interés en el ámbito teatral y es motivo de estudio dentro del gran tema del teatro escandinavo. La antología publicada por la Editorial Porrúa es citada por el actual director de la Escuela Nacional de Teatro, Erasmo Alizaga, como uno de los pocos recursos bibliográficos accesibles en la Escuela.

Ha sido la gestión del actual embajador de Noruega, Sr. Kristen Christensen, quien nos ha convocado a un grupo de nicaragüenses para reencontrar o ponernos en contacto con tan destacado actor nórdico y propiciar de esa manera que la mayoría de nuestra población disfrute y se beneficie de la creatividad, filosofía y profundidad de su obra.

En calidad de integrante del Grupo de Amigos/as de Ibsen, asumí la placentera responsabilidad de referirme a lo que la crítica internacional atribuye a la obra de este autor de finales del siglo XIX, a partir de la publicación y puesta en escena de Casa de Muñecas.

Es un drama en tres actos que fue estrenado en 1879. Se centra en la descripción de la vida con- yugal de una pareja caracterizada por la actitud patriarcal de Helmer, esposo preocupado por su prestigio social y éxito profesional y soberano “protector” de Nora, su subordinada esposa. Al enterarse que Helmer estaba aquejado por una peligrosa enfermedad que requiere para su tratamiento un clima más benigno que el noruego, Nora organiza el viaje con el pretexto de que es ella quien necesita el sol y los aires del sur. El esposo ni siquiera se da cuenta de la gravedad de su estado. Tampoco sabe que el dinero para el viaje provino de un préstamo que Nora había conseguido mediante la falsificación de la firma de su padre que en ese entonces también estaba muy grave de salud y no debía, a juicio de su hija, ser perturbado por noticias desagradables.

Ella logra ir amortizando la deuda pero, antes de llegar a su cancelación final, su acreedor, Krogstad, a su vez empleado del banco que dirige su marido, intenta extorsionarla luego de ser despedido por Helmer. Después de una serie de peripecias, Nora se ve forzada a revelar a su esposo el problema, confiando que él la respaldará pero éste, en lugar de valorar que su esposa estuvo dispuesta a llegar hasta el fraude por su salud, pone en primer plano la preocupación por su prestigio personal. Cuando Krostad es persuadido de desistir de su intención de hacer público el fraude y anula el documento comprometedor, Helmer alegremente cree superada la crisis conyugal pero no así la sumisa Nora que se erige con inusitada energía y reclama el respeto que se merece como persona. Luego de una larga discusión con el sorprendido Helmer, Nora decide marcharse dejando marido e hijos porque está clara de que tiene obligaciones con ella misma y no quiere continuar con una farsa que se llamaba “matrimonio” sin serlo realmente. Comentando esta escena final con Socorro Bonilla, Directora de La Comedia Nacional, ella desde su experiencia teatral me decía que esa discusión y el portazo con el que Nora cierra la escena son realmente impresionantes para los mismos actores y actrices que ensayan la obra.

Podemos imaginar entonces el escándalo social que desató su presentación, tomando en cuenta el contexto en el que vivió Ibsen y comprender las reacciones que provocaron una crítica terrible contra la obra y contra el personaje femenino, ya que aun en nuestros días, actitudes y decisiones como las de Nora, son censuradas.

Hay toda una polémica alrededor de que si Ibsen tenía el propósito consciente de exponer en Casa de Muñecas todo un programa del naciente feminismo que empieza a dar señales tangibles a fines del siglo XIX, con la incorporación de la mujer a la educación, al trabajo fuera de casa y a la política. Por ejemplo, Santiago Castel, en su reseña sobre Ibsen en el Diccionario Sopena de Literatura asevera: “Este drama se tomó como defensa de un feminismo que sostenía la igualdad social de la mujer y renegaba del matrimonio; sin embargo, la intención de Ibsen era más moderada y sensata: pretendía mostrar la falsedad de la vida conyugal que no se basa en el equilibrio y el mutuo respeto y que da por supuestas, obligaciones que sólo pueden emanar de la comprensión y del afecto recíproco”.

El austríaco Otto Weininger (1880-1903), un autor sumamente polémico y en extremo misógino, consideraba que en el personaje de Nora, Ibsen falseó la verdadera naturaleza femenina, pues, según él, a ninguna mujer le interesa la verdad ni la justicia y que, por ende, una mujer real no se iría de la casa para buscarse a sí misma sino que permanecería en el hogar, aceptando su condición de muñeca porque eso es lo que desea ser. La práctica social se encargó de desmentir a Weininger, pues miles de mujeres han elegido el “imperativo categórico” de ser ellas mismas y optaron por enfrentarse a toda clase de obstáculos, en vez de ser objetos de lujo. Y algunas lo hicieron pensando precisamente en Nora, que ha sido y sigue siendo una inspiración.

La escritora costarricense, Carmen Naranjo, dijo que Casa de Muñecas “indiscutiblemente se basó en la inteligente observación de muchos hogares de clases acomodadas, en que la mujer desempeñaba el papel de muñeca, para adornar, para entretener y servir. Nora es el ser negado por medio del mimo. Fue un juguete para su padre y se convierte en un juguete para su marido (…) Sin el hilo del drama, parte de los diálogos del acto final se pueden oír todavía en muchos hogares, en que una mujer valiente y despierta se plantea sus propios problemas”.

“Como personaje, Nora se rebeló y se fue a buscar su identidad en sus propias soledades. Produjo un escándalo en la época. Por ser ella misma dejó a esposo e hijos. Todavía las Noras de hoy día producen iguales escándalos. El aro de la libertad continúa siendo un aro prohibido para la mujer, pues es posesión, propiedad de otros. No tiene derecho a romper su estado de esclavitud y libremente busca el mejor camino para ser”…. “Situar a la mujer como ser responsablemente libre es levantar el gravamen de propiedad que ha pesado sobre ella. Solamente así puede aceptar conscientemente los deberes que le corresponde llenar en el mundo de hoy y en el futuro”.

Así vemos cómo, independientemente de las intenciones de su autor, caracterizado en su vida real por ser una persona conservadora, según atestigua nuestro amigo embajador, la verdad es que el contenido de su obra trascendió los moderados objetivos que pudo haber pretendido y la llama de su denuncia aún quema con fuego nuevo.

De nuestro medio teatral podemos decir que Cristina Saballos, directora del Taller de Teatro de UAM, presentó hace cinco años Casa de Muñecas en el Festival Interuniversitario.

La obra Nora, del dramaturgo mexicano, Emilio Carballido, basada en el drama de Ibsen, fue presentada el año pasado en el Festival Nacional de Monólogo convocado por el Justo Rufino Garay por el grupo Dante, dirigido por Erasmo Alizaga, actual Director de la Escuela Nacional de Teatro.

La intención de difundir la vida y obra de este “enorme visionario de la nieve, hermano de Shakespeare”, como lo llamó nuestro Rubén, en el año de su centenario, encontrará terreno abonado en nuestro país, particularmente entre las mujeres que sabrán enriquecer sus luchas con la denuncia provocada por la inolvidable Nora.

La Prensa Literaria

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