De cómo llegué a Ibsen

La primera vez que escuché hablar de Noruega pensé en el frío. Después, con el tiempo, me di cuenta que era la tierra de los vikingos y luego conocí las runas, las mágicas piedras con las que jugaba de jovencita. Las runas eran el antiguo alfabeto mágico usado por los pueblos nórdicos y sajones. En […]

La primera vez que escuché hablar de Noruega pensé en el frío. Después, con el tiempo, me di cuenta que era la tierra de los vikingos y luego conocí las runas, las mágicas piedras con las que jugaba de jovencita.

Las runas eran el antiguo alfabeto mágico usado por los pueblos nórdicos y sajones. En el alfabeto gótico, la palabra runa significa: algo secreto, algo misterioso, obra de dioses. Y se les llama vikingas porque este pueblo las utilizó con propósitos mágicos. Sin embargo, en esa época no sólo fueron usadas en adivinación y magia sino también en poesía y escrituras.

Los símbolos de las runas se grabaron en piezas de madera, metal, cuero, piedra y cerámica. Los vikingos las tallaron en vasos y hasta las usaron en sus barcos de guerra para recibir protección.

De manera que estas runas vikingas fueron para mí el inicio de un mundo que me despertó curiosidad por la cultura nórdica, así conocía algo de la pintura noruega y a los escritores, llevada de la mano de las runas vikingas y, por supuesto, llegué a conocer a Henrik Ibsen (1828-1906), el dramaturgo noruego y, sobre todo, su última obra, Cuando Despertemos los Muertos, aparecida en 1899, obra a la que él llamó el epílogo dramático. Y, al final, puede decirse fue el epílogo de su producción, la enfermedad le impidió escribir más.

Después leí Casa de Muñecas que llegó a mis manos por Lene Furuli, la amiga pelirroja de mis años de universidad, con quien pasé largas horas hablando de Ibsen, más bien creo que su interés y su conocimiento sobre él, me llevaron nuevamente a releer esta obra donde una mujer es atrapada por el adultismo de una sociedad machista y conservadora.

En Ibsen encontré verdaderamente el gusto y la pasión por el teatro, él, de alguna manera, despertó en mí ese afán que yo tenía por ver un poco en los escenarios la vida miserable que muchas mujeres llevan, como Nora y Hedda Gabler, dos mujeres de su obra que viven dominadas por la sociedad y sus esposos.

Los dramas escritos por Ibsen son realistas, describe a a la sociedad que vive en una permanente crisis, cuestionándose el mundo en el que se desarrollan; destapa toda la cruda realidad de esas familias y sus dramas, sus miseria y la basura que esconden detrás de la puerta.

Vale para mí este homenaje a Henrik Ibsen en la conmemoración del centenario de su muerte y los esfuerzos que la Real Embajada de Noruega realiza, el Grupo de amigos de Ibsen y todos los que dan a conocer su legado. Una flor para Ibsen y un abrazo para aquellos que lo admiramos.

La Prensa Literaria

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