- Su más reciente libro de 162 páginas, lo integran setenta y tres piezas, entre prosas, cuentos breves y poemas en prosa
En nuestros países centroamericanos tan cercas y distantes a la vez existen tantos autores que descubrir, leer y valorar. Frente a la globalización y sus efectos en la industria editorial, desde ya se torna imperativo el reconocimiento entre sí y hacer causa común en la producción de literatura de calidad.
David C. Robinson O. (Panamá, 1960) es uno de esos escritores que en los dos primeros meses de cada año recorre estos países visitando amigos, haciendo nuevos contactos, promoviendo su obra literaria, conociendo la de sus colegas y participando del Festival Internacional de Poesía de Granada. Ya somos varios nicaragüenses que lo conocemos y hemos tenido amenas tertulias donde ha degustado nuestro gallo pinto, vigorón, la tortilla, el pinolillo, también nuestra cerveza y ron. La poetada leonesa no se ha quedado atrás como extraordinarios anfitriones, ya sea en las noches literarias en la Alianza Francesa, en el legendario colegio San Ramón o en la casa de la novelista Gloria Elena Espinoza de Tercero en la ciudad de León.
Es biólogo y profesor de secundaria, autor de los siguientes libros: En las Cosas del Amor (cuentos y relatos, 1991), Soledades Pariendo (poesía y prosa, 1995), La Canción Atrevida (poesía, 1999), Vértigo (In ego volantis, cuentos, 2002) y de la compilación de cuentos panameños Soles de Papel y Tinta (Alfaguara, 2003). Ha sido incluido en varias antologías panameñas de poesía y de cuentos.
Resistencias (Maldiciones al desparpajo) es su quinto y más reciente libro de 162 páginas, publicado en 1995 bajo el sello editorial Casa de las orquídeas presentado además de su país natal en Nicaragua, Honduras y El Salvador. Lo integran setenta y tres piezas entre prosas, cuentos breves y poemas en prosa, agrupadas en trece secciones presididas por epígrafes pertinentes. Es quizá lo más representativo de su proceso de búsqueda y asentamiento como escritor, constituye una constancia de calidad de su actual punto evolutivo. La característica fundamental está dada por la reflexión acerca de la vida y de las cosas, como por la construcción de hermosas figuras poéticas como producto no sólo de su experiencia sino de la contemplación, el permanente cuestionamiento filosófico y social, la indagación de él mismo y de sus contornos, el dolor de ser, porque al erigirse hombre y reconocerse poeta, se confronta con realidades y hasta con sus propias percepciones acerca de la vida, el amor y la felicidad.
El libro transpira pérdidas, hay un eco del sollozo anclado en la soledad, llanto de amores, el que aún sangra invocando la grandeza de carácter de la madre asesinada: Tus maldiciones son juramentos sin marcas de la bestia, germinados en una esquina del desierto, libres de víboras y cangrejos (Aurora, p. 5). O quizá el amor por una mujer simbolizado en una flor amarilla de una planta silvestre espinosa, muy espinosa , según el epígrafe. Pero Robinson de esas espinas construye un poema en prosa: Alecrín es una flor y también una canción, una copla en febrero, la sinfonía de septiembre. Sin embargo. Canción inconveniente, inoportuna, imposible. Y aún así. A pesar del julio fatal. Himno del octavo sol (Alecrín es una canción, p. 55).
De los cuentos contenidos en el libro, destaco La Mancha Ausente en el Retrato (p. 24), Los Juegos de la Infanta Alejandra (p. 26), Carta a Julio Verne (p. 30), Himaira (p. 34) y El Genio y el otro Aladino (p. 150). Algunos están escrito en forma de epístolas, como el tercero que refiero y Carta a Mandy desde el Paraíso (p. 8), que además es una fábula.
De los poemas en prosa se puede disfrutar de piezas como Regresa (p. 16), Su Diestra y Siniestra (p. 36), Alecrín es una Canción (p. 54), El Sudor de Zelina (p. 78), La Canción de Caín (p. 82), El Murciélago (p. 100), Bodega Desnuda de Flores (p. 124) y Tú, la Merluza (p. 138), todos con imágenes poéticas bien logradas.
La pieza número 73, Esto no es un Poema, es un dilema con la vida, es la prosa más extensa con la que cierra el libro. En primera persona, el autor pasa revista por el transcurrir de su vida, examinando los momentos que perduran en su memoria o en los que ésta se estaciona de manera vívida y sentida. El hombre que hace retrospectiva, que valora sus experiencias y lecciones aprendidas, acaricia cada significado en su vida y de cada acontecimiento que lo ha marcado, con nostalgia de ciertas estaciones y animado al descubrimiento de nuevas cosas, nuevas rutas en su devenir humano y literario, consciente que en él han sido las edades y cada una de éstas ha dejado huellas, sus propios llantos y esperanzas.
Y nos dice: ¡Qué vaina! Ya no tengo cuarenta y cuatro años, cuando descubrí la ruta del maíz y el gallo pinto de Sandra y las playas donde nace el fruto de las ostras y que la poesía, si no es para volar, es un gasto inútil de palabras (p. 158). Y agrega, casi al final del texto: Amores. Sonrisas. Triunfos. Lágrimas. Fracasos. Se marchan. Sólo queda la memoria. Y ojalá algo más que el respirar. Resignado a morir olvidado, enfermo y pobre, ya comienzo a convencerme que todo lo vivido es ganancia. Y que en este juego hay que arriesgarse. ( ) He de arriesgarme en algo verdadero y totalmente peligroso: algo como espantar a los murciélagos y vivir sin excusas (p. 160).
Esta prosa es el alma que atraviesa el libro de costado a costado, que le brinda sosiego al transitar agitado y refresco a sus irreverencias, fortificándolo.
Este libro representa un salto evolutivo en la carrera literaria de Robinson, que en los últimos tres años ha estado concentrado en el valor estético de sus obras y en la indagación del pensamiento. Al margen de su compilación de cuentistas panameños de la última década del siglo XX, publicada por Alfaguara, considero que esta obra es la de mayor personalidad y fortaleza, cuyos temas y textos fueron trabajados a conciencia, con el cuido del hacedor de palabras, con la maldad de sus intenciones literarias. Heterogéneo en su composición y deliberadamente estructurado, como si se trata de un caos aunque en realidad nos presenta un producto que al avanzar en su lectura, da la sensación de ir de estancia en estancia, quizá, como han sido en él las edades consumidas, mas los prismas irresolutos de su existencia.