Annabelle Sánchez
Las declaraciones y afirmaciones de dos actuales folclóricos actores de nuestra política, ampliamente conocidos como agitadores públicos de nuestra sociedad y fieles obedientes a su amo, han traído a mi memoria el título de una canción que, en los años sesenta, interpretaban los Solistas del Terraza. La canción decía: “Yo no le creo a Gagarín… que estuvo cerca de la luna…”.
Con la mayor franqueza debo reconocer que no creo el doble juego de acusar a alguien, con el que mantienen vínculos ideológicos y violentos, queriendo engañar a la población, para luego, por detrás, burlarse de la misma gente.
Es un juego sucio, bajo e infantil. Demuestra la poca calidad como personas y exige la necesidad de excluirlos como dirigentes de cualquier agrupación. Cualquier persona que se elige como líder debe responder a parámetros muy altos para que eleve el nivel de sus conciudadanos y no los denigre con su conducta y con sus palabras.