Marlon Navarrete
Hace diez años, un 7 de Febrero de 1996 vino por segunda vez a Nicaragua el Papa Juan Pablo II, en una visita llena de expectativas por la violencia callejera que ejercía el FSLN a través de sus organizaciones de masas y se temía boicoteran la visita papal. Pero la voluntad de Dios pudo más que la fuerza del mal y la visita apostólica del Santo Padre se llevó a cabo con éxito y gran espiritualidad.
El segundo encuentro, tan esperado como el primero, trajo cambios a Nicaragua en todas las esferas de la vida Nacional pero sobre todo el fin de la guerra. En la primera visita quedamos como gente mal educada ante el mundo y en la segunda como un país civilizado. La visita del Papa rindió sus frutos, su mirada de amor ayudó a sanar nuestras heridas del alma y su mensaje de paz nos levantó el ánimo decaído.
Ese día de gratos recuerdos y de abundantes bendiciones no queda en el olvido. El Papa se fue dejando el corazón partido de cada cristiano nicaragüense y a la vez nos regaló la serenidad de su misión espiritual, también se fortaleció la unidad y la fidelidad de los fieles con el Papa. Su último saludo en el aeropuerto fue: “Hasta la próxima visita”. Ya no hubo otra visita, pero él se quedó entre nosotros para siempre.