Dora González
Soy ingeniero industrial y desde que me gradué en el 2000 me ha decepcionado mucho saber que en el campo laboral los nuevos profesionales, incluyendo los de antes de mi generación, son simplemente portadores de un título universitario que les da únicamente una mejor posición para competir en el campo laboral. Afirmo esto porque desde mi lugar de trabajo —me desempeño como comprador en una prestigiosa industria de alimentos— cada día me encuentro con profesionales que están simplemente para contestar una llamada telefónica para lo cual no tienen ni siquiera una buena actitud para contestar e intuyo que por falta de motivación, simplemente consiguen un trabajo esperando encontrar uno mejor a la vuelta de unos meses.
Esto es resultado de que nuestros pequeños empresarios no tienen visión para invertir en el recurso humano que contratan. Por ejemplo, piden como mínimo cinco años de experiencia y en el peor de los casos maestría y vehículo propio “en buen estado”. Hay que motivar a los trabajadores porque de ellos depende el éxito de las empresas, dado que son los trabajadores quienes contestan el teléfono, elaboran ofertas, en fin la imagen de las empresas son sus trabajadores.
Por otro lado, la constante rotación de personal refleja inestabilidad. No es posible que hoy llame a una empresa y me atienda un vendedor y al día siguiente me digan que ya no trabaja ahí. Es necesario preocuparse por la calidad en el servicio y por la inversión en el personal. Nuestros mejores talentos están dando lo mejor de ellos en otro país.