María Alejandra Solís
Cada vez es mayor el clamor de la sociedad de enfrentar el problema educativo nacional de manera seria, responsable y especialmente participativa, pues el futuro de la nación es tan importante que no puede dejarse sólo en manos del Estado. El debate que está ahora de moda es la cantidad de niños fuera del sistema educativo y éste es un claro ejemplo de la desfachatez con que se maneja el tema.
Las asociaciones sandinistas de maestros se llenan la boca denunciando que más de un millón de estudiantes quedarán fuera del sistema; como si el problema fuera exclusivo del Gobierno y los maestros no tuvieran responsabilidad en esta situación. El Ministro de Educación por otro lado hace gala de un depurado estilo cantinflesco diciendo que las intenciones de estas declaraciones son buenas, pero tienen un sesgo político y con cierto malabarismo matemático quiere desmentir las declaraciones de ANDEN y minimizar el problema de la exclusión. La verdad sobre el asunto la tiene en sus manos el Censo Nacional de Población realizado el año pasado y que a estas alturas del partido se encuentra como Lázaro en espera de un “levántate y anda”.
Independientemente de que si son 300 mil niños fuera del sistema o si son más de un millón, el problema de la exclusión es serio y nadie, ni el Gobierno, ni los docentes, ni la sociedad está haciendo nada por resolver este problema. Existen compromisos de Nicaragua a nivel mundial de que en el año 2015, es decir dentro de nueve años, la matrícula en primaria debe ser universal, lo que significa que ningún niño en edad de cursar la primaria debe estar fuera del sistema y lo peor es que ni siquiera las bases están construidas para lograr esta meta. Mientras para muchos países esto significa un reto y están empeñados en lograrlo para Nicaragua esto no es más que un sueño guajiro.