Miurel Gutiérrez Olivas
Me he animado a escribirle a raíz de una platica con adolescentes y jóvenes de mi edad, acerca de cómo ha crecido en Nicaragua el interés por el aborto terapéutico. Y me llamó tanto la atención de cómo tanto madres y hijas de diferentes edades toman esa opción como un medio de escape a la responsabilidad adquirida.
Hace poco tuve un hijo y realmente y me di cuenta que en realidad no se imagina uno lo que se tiene, ni el amor que le podemos dar a alguien si nos damos la oportunidad de experimentar y crecer con ese ser que no pidió nacer. Por eso quiero compartir mi amor y mi experiencia con las demás personas para que de una buena vez dejemos de pensar en lo fácil y asumamos nuestra responsabilidad como adultos.
Quiero recalcar que yo anteriormente apoyaba el aborto ciento por ciento, pero ahora que me di la oportunidad de amar y que me amen no lo pienso ni mucho menos lo deseo. Los hijos tienen derecho de venir al mundo y ser amados, ya que si nosotros estamos aquí y si de una u otra manera nos gusta el mundo no tenemos ni mucho menos somos dioses para disponer de la vida ajena.