Franklin Castillo
A propósito de los comentarios del señor Jorge Crespo, de nacionalidad tica, publicados en LA PRENSA del primero de diciembre, quiero expresar lo siguiente:
Los desdichados acontecimientos que han acaecido en tierra costarricense, han profundizado los comentarios ofensivos y degradantes en contra de los nicas. La clase a la que se refirió nuestro hermano tico es muy reducida y compuesta por unas pocas familias en Nicaragua. También es cierto que hay sus frustrados que les provoca jaqueca el no pertenecer a la “high”. Pero, la mayoría de nicaragüenses estamos orgullosos de nuestra identidad y descendencia indígena, mestiza, criolla o mulata; con una variedad de lenguas provenzales heredadas de nuestros ancestros.
También tenemos gran cantidad de gente blanca, ojos azules, que nunca se han preocupado por encontrar condes españoles o príncipes nórdicos en su árbol genealógico; por tanto, nos parecen personas normales y no semidioses. A las personas se les juzga por sus actitudes individuales.
Por otra parte, la mayoría de los nicaragüenses estamos orgullosos de nuestro territorio. En cuanto a los pobres a los que ser refiere el señor Crespo, debe saber que Dios ya les ha castigado de por vida al haberlos obligado a nacer en la tierra que según el señor Crespo, desprecian.
Producto de la miseria, engendro de la corrupción de sus gobernantes, Nicaragua ha exportado a miles de nicas a terceros países. Sin embargo, en Estados Unidos existen miles de costarricenses esparcidos por toda la unión. Algunos de estos hermanos ticos han necesitado apoyo al llegar y lo han encontrado en algunos nicas.
Al tico inmigrante lo he visto pasar las mismas vicisitudes que los demás. Igual se desesperan por mandar una remesa a sus familiares en Costa Rica.
También les he visto “empunchados” haciendo labores que dignifican a la persona, pero que en su tierra están destinadas para el nicaragüense .
Estoy pues convencido de que los ticos que emigran a terceros países no lo hacen por el puro placer de vivir lejos de su tierra, más bien algo los empuja a autoexiliarse y por alguna razón son más humildes.
El diálogo entre las dos naciones es posible si nos respetamos, si apelamos a la razón y el entendimiento, buscando caminos que ayuden a ambas partes a salir adelante, sin ventajas, compartiendo obligaciones y usufructuos de los medios que nos produzcan la riqueza. El nica es agradecido, leal, nunca olvida y aún el más ignorante de nosotros tiene dignidad y cuando se decide le sobra con que defenderla.
No fomentemos las diferencias que hemos agigantado por la xenofobia, hay toda una historia de hermandad y solidaridad que nos une como hermanos en vez de dividirnos como enemigos.