Ricardo J. Guevara.
Cuando era pequeño mi abuela (q.e.p.d.) me decía un refrán que creo todos conocemos en Nicaragua: “El que se quemó con leche hasta las cuajadas sopla”. Siempre me pareció interesante este dicho, hasta que tuve edad y conocí sobre la política nacional y los políticos.
Se supone que el refrán hace referencia a las personas que después de alguna experiencia fuerte o traumática empiezan a ser extremadamente cautelosas en la vida. Pero al parecer no todos le damos la importancia que merece este conocimiento ancestral y muy valedero.
Nuestros políticos parece que no sienten el dolor de este país, no solamente en cuanto a la pobreza y la falta de empleos sino también en cuanto a nuestra integridad territorial, a la cual me quiero referir ahora.
Desde que los vecinos del sur se apoderaron de Nicoya, Guanacaste y Santa Cruz, no han cejado en su interés por adueñarse de nuestro Río San Juan y también del lago. Ahora utilizan las mismas artimañas que en el pasado: dicen que quieren “desarrollar conjuntamente las riberas del río”, seguramente para atraer a los nicas de esos lugares hacia su “paraíso”, igual que como hicieron con esos territorios usurpados.
Primero fueron “anexados de manera temporal”: luego, cuando debieron reintegrar los territorios lo que hicieron fue someter por las armas a las autoridades constituidas para que declararan el “deseo de anexión a Costa Rica”, perpetuando el despojo. Ahora le añaden el elemento de la “inversión turística”, lo están haciendo en nuestro Río San Juan y lo harán en Little Corn Island.
Y después, ¿qué sigue? ¿Qué más esperan nuestras autoridades para soplar las cuajadas? Parece que hay cosas más importantes. Toda la “diplomacia” con que se ha tratado estos asuntos por parte de nuestras autoridades y la displicencia con que ven lo que ocurre, es alarmante.
Esto solamente me recuerda otro refrán: “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”.