Bayardo Quinto Núñez
Los poderes del Estado de Nicaragua, sus dependencias y los diputados, al concluir cada año se ven envueltos en el dilema de la aprobación del Presupuesto General de la República, y consuetudinariamente están pendientes para solicitar se les otorgue más dinero del presupuestado porque presuntamente resolverán asuntos de su competencia, los cuales alegan son del interés del pueblo nicaragüense.
Es recomendable que al pueblo se le haga saber cuál será el beneficio que se obtendrá para el bienestar común con ese presupuesto que será aprobado. Esperamos que esto no sea una fuente generadora de conflictos. Entonces, como los diputados tienen la obligación de saber sopesar y priorizar qué dependencia estatal o poder del Estado verdaderamente necesita se le asigne más presupuesto, que ése sea el catalizador para dar o quitar de acuerdo a lo presupuestado.
Se supone que los diputados son hombres de conciencia que ven la realidad de las cosas con una dimensión social y económica de bienestar común, incluso, como gobernantes son conductores del pueblo cuando hacen la ley, son la clave para acabar con las penurias que nos corroe y no echar a perder el fuero interno de sus conciencias.
¿Será que a los diputados se les hace difícil beneficiar a aquéllos que siempre lo han dado todo? O es mejor olvidar y autorrecetarse tremendos megasalarios porque hoy son amos y señores de ese poder que tienen? Es fácil repartir chicha, pero hacerla es difícil. Mejor abonen.