- Miedo y desinterés por la política son dos sentimientos que se apoderaron de muchos habitantes
Rosario Montenegro [email protected]
Miedo. Eso es lo que sienten muchos habitantes de Santo Tomás a un año de la muerte de la periodista María José Bravo Sánchez, y a nueve meses y medio que su autor fue declarado culpable de asesinato y condenado a 25 años de cárcel.
A pesar de la condena, el objetivo del asesino no sólo se cumplió a lo inmediato, sino a largo plazo, ya que logró sembrar el temor entre las personas de bien de esa ciudad.
Ese temor, que sienten los santotomasinos, quizás quien mejor nos lo ilustra, es el señor que la noche del crimen nos contestó el celular de María José y nos confirmó que la habían matado.
Un año después quisimos conocer a esta persona, y que nos relatara todo lo ocurrido esa noche, sin embargo, considera que eso podría traerle problemas y nos pide omitir su nombre.
“Mejor diga, los pobladores de Santo Tomás. Lo que pasa es que es difícil la situación aquí es…”, se excusa sin terminar la frase.
Muchos piensan que sí alguien fue capaz de matar a María José, una joven con una figura frágil y cuyo único “delito” era su entusiasmo por su trabajo, lo mismo les puede ocurrir a ellos. “Imagínese lo que pueden hacerle a uno”, dice.
Aunque este crimen sigue siendo tema de conversación, pero en los círculos más cerrados, para muchos, sólo el hecho de mencionar públicamente el nombre de María José es considerado peligroso.
“Fíjese que hay una muchacha que me contó que esa noche vio al hombre que le disparó, pero nunca declaró (en el juicio), me decía que no la llamaban, pero yo creo que nunca dio su dirección, o sí la dio, la dio mal”, relata Rosario Miranda, para quien la vida le cambió totalmente después del 9 de noviembre de 2004.
Ese día, Miranda era una de las casi 300 personas que protestaba en las afueras del Centro de Cómputos en Juigalpa, y cuando María José se desplomó al recibir un impacto de bala en el pecho, fue ella quien la tomó en sus brazos.
“NINGUNA ALCALDÍA VALÍA MÁS QUE MARÍA JOSE”
A partir de ese hecho dice que no quiere saber nada de política, “la gente anda de partido en partido, yo no vuelvo a participar, después que la mataron no volvimos a hacer nada (a protestar), si hubiera sabido que esto iba a pasar, ahí los hubiera dejado, pues ninguna alcaldía valía más que la vida de María José”.
Este hecho le ha deteriorado la salud a doña Rosario. “Desde ese día no respiro tranquila, los nervios los mantengo alteradísimos, eso fue espantoso, nunca lo voy a olvidar”.
Don Manuel Fonseca fue testigo en el juicio sobre este crimen. En esa ocasión relató que después del disparo, alguien, que estaba detrás de él, había dejado caer un bolso. “Pero para qué quiere recordar eso…”, nos dice.
A Fonseca, al igual que a otros santotomasinos, no le gusta hablar públicamente de este hecho, pero su esposa Oliva Alemán sale al frente y dice “todos recordamos lo que pasó con María José como si fuera el primer día, todos dicen que hubieran preferido que se perdieran las elecciones y no que ella muriera, mejor se las hubieran dado desde el inicio”.
Ella también forma parte de las desencantadas de la política. “No quiero saber nada, (de política) María José era una muchacha humilde, sencilla, sincera; la conocía desde niña, era mi vecina, amiga. Toda la vida la voy a recordar”.
UN GOLPE
“Yo gracias a Dios me había quedado aquí (en Santo Tomás), escuchamos por la radio que la habían matado, fue horrible, una fatalidad, un golpe que recibió Santo Tomás”.
Don Manuel interrumpe para decirnos que le sorprendió el irrespeto que esa noche se hizo “a la profesión (Periodismo) , ojalá que las leyes sean estrictas y que pague su condena”.
“La muchacha era muy sociable, no se metía con nadie, por eso es que a la gente le daba miedo hablar, porque si alguien fue capaz de matarla a ella…”
“LA TOMÉ EN MI PECHO”
“Ella nunca cayó al suelo, yo la tomé en mi pecho, medio le di vuelta y fue cuando vi cómo le brotó un chorro de sangre; yo grité pidiendo ayuda, se la llevaron (al hospital) en una camioneta, pero ya iba muerta, llevaba desbaratado su corazón”, rememora con mucha angustia Rosario Miranda, la mujer que estaba al lado de María José al momento del disparo.