Unas 35 parejas se casaron el sábado en la iglesia Verbo.

Boda masiva en iglesia evangélica

Octavio Enrí[email protected] Olía a colonia y perfume la iglesia Verbo, de Monseñor Lezcano, en Managua, y como el perfume suele ser una buena tarjeta de presentación, el sábado no podía tener mala cara para la concurrencia. Esa noche, 35 parejas evangélicas se casaron en una ceremonia armada en varios actos en un auditorio lleno, similar […]

Octavio Enrí[email protected]

Olía a colonia y perfume la iglesia Verbo, de Monseñor Lezcano, en Managua, y como el perfume suele ser una buena tarjeta de presentación, el sábado no podía tener mala cara para la concurrencia. Esa noche, 35 parejas evangélicas se casaron en una ceremonia armada en varios actos en un auditorio lleno, similar a un teatro donde los novios hacían lo suyo frente a los espectadores, que hacían cualquier cosa excepto en los momentos trascendentales cuando aplaudían.

Los novios entraron por el lado izquierdo del auditorio abarrotado, mientras las novias lo hacían por el derecho hasta un arco donde el pastor Ricardo Hernández —un hombre pequeño y calvo que vestía de saco y corbata— preguntaba sin cesar: ¿Quién entrega a la novia?

El padre orgulloso respondía: “el padre”, pero hubo uno que se confundió y siguió sin ver al novio hasta que Hernández le dijo: ¿Quién entrega a la novia? Hermano, por favor suelte a la novia”.

En las bodas hubo de todo. Antes de comenzar, 18 de las 35 parejas debieron casarse por lo civil, porque era un requisito indispensable para que el pastor los aceptara. No dejó de ser, a pesar de varias curiosidades, una boda normal. Los parientes cargaban junto a su alegría la cámara de vídeo, mientras hubo gente muy atenta a la vestimenta de los recién casados.

Los novios estaban en tres hileras de asientos, en el centro del auditorio. Las parejas, además de besarse, se prometieron fidelidad y amor. Ellos mismos hicieron los votos, agarraron además una copa de vino y un pan y se lo dieron uno al otro mientras Hernández les alentaba diciendo que eran sacerdotes de su mismo matrimonio.

La emoción brotó en los ojos de más de una pareja cuando los declaró marido y mujer, igual que los sacerdotes hacen en sus parroquias con los fieles cuando ya están convencidos. Entonces se oyeron los aplausos.

El auditorio era grande. Podía albergar unas 2 mil personas, muy bien distribuidas alrededor de una plataforma, donde Hernández hace sus arengas habituales. Los novios se levantaron con unas velas que tenían en sus manos, las cuales representaban su vida hasta ese día y luego se fueron a encender otra candela que era la de la vida nueva. Los dos eran ahora uno. Atrás se leía: “Honroso sea en todos el matrimonio y lecho sin mancilla. Hebreos 13:4”.

Miguel Ruiz y Melania Castillo fueron de los recién casados. Contrajeron nupcias casi a los 55 años de vida, con dos hijos y cinco nietos. “Él tiene 54, así que yo lo puedo mangonear”, dijo ella, luego comieron un pastel y se fueron a su casa sin el arroz habitual y tampoco usaron un carro con latas para decirle a todos que están recién casados.

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