Durante las mañanas y al final de la tarde, los residentes del Campamento de Dios tienen momentos para reflexionar, cantar, como una forma de adquirir paz, armonía y riqueza espiritual.

El Campamento de Dios

En medio de una frondosa montaña del municipio de El Tuma-La Dalia, donde el clima es muy diferente al de la capital, hay siete champas rústicas, rodeadas de árboles frutales y un tranquilo río con una preciosa cascada, donde habitan 79 personas que se esfuerzan por recuperar sus valores, que estaban carcomidos por las drogas […]

  • En medio de una frondosa montaña del municipio de El Tuma-La Dalia, donde el clima es muy diferente al de la capital, hay siete champas rústicas, rodeadas de árboles frutales y un tranquilo río con una preciosa cascada, donde habitan 79 personas que se esfuerzan por recuperar sus valores, que estaban carcomidos por las drogas y la violencia.

Emiliano [email protected]

En el Centro de Rehabilitación “Campamento de Dios” ubicado en las montañas de El Tuma-La Dalia, municipio de Matagalpa, se encuentra un grupo de 76 hombres y 3 mujeres, que vivían sumergidos en la violencia, el alcohol y todo tipo de sustancias adictivas.

Cada una de estas personas tiene una historia que contar. Sus rostros delatan que han cargado una vida de sufrimiento, pero ahora están dispuestos a olvidar el pasado y recuperar su autoestima y sus valores.

El Campamento de Dios, fue fundado por Wilfredo Orlando Ruiz López, un hombre que su vida estuvo marcada por las drogas, el alcohol y el crimen, durante muchos años.

Al llegar al centro, hay un letrero que saluda al visitante con el mensaje: no le digas a Dios lo grande que es tu problema, dile a tus problemas, cuán grande es Dios.

SALVAR A OTROS

“Desde los 14 años inicié en las drogas. Mis padres no sabían en qué andaba. Ese mundo es cruel. Ahí no valés un peso. No tenía autoestima, al punto que no me importaba mi familia ni nadie, mi mundo era yo, pero no sabía que me estaba destruyendo”, asegura Wilfredo, quien ahora, confiesa ser un hombre restaurado por Dios y ayuda a otras personas a tener un encuentro con el bien.

Ruiz López, vivió durante varios años en California, Estados Unidos, donde consumió todo tipo de drogas y fue expendedor de estupefacientes hasta que fue deportado hacia Nicaragua a finales de la década de los años ochenta, sin un peso en sus bolsillos, luego de haber ganado mucha plata, mientras laboró en una mueblería y producto de la venta de drogas.

A sus 50 años de edad, Wilfredo Orlando Ruiz López, ahora un hombre rehabilitado y prosperado, confiesa sentirse bendecido por Dios porque lo levantó de la muerte y la destrucción, en la que lo habían sumido el mundo de las drogas.

“Fui la oveja negra de mi familia, estuve preso desde muy joven incontables veces, la Policía me sacaba a limpiar el monte en la vía pública, mi vida no valía ni un peso. Desde muy chavalo, el guaro me hizo arrastrarme como las serpientes. El guaro me hizo deambular por las calles, me desintegró, física, moral y económicamente. Mis estudios superiores fueron frustrados por causa del alcoholismo”, recuerda Wilfredo.

Luego de reflexionar, agrega: “Es terrible cuando el ser humano está desvalorizado. Yo fomenté el mal a muchas personas vendiéndoles drogas. Pero Dios me dio su amor y su misericordia y pude encontrarme con el bien. Ahora sí siento que soy hombre de valor y mi pacto con Dios es ayudar a las personas que son dañadas con las drogas y el alcohol”.

NADA FÁCIL

Sin embargo, Ruiz López en una búsqueda constante por su recuperación y su compromiso de ayudar, no descansa por lograr la rehabilitación de otras personas que ahora viven en la terrible situación que él vivía.

Mientras conversa vuelve a ver a su alrededor y asegura con firmeza: “Mi pasado fue muy duro. Dejaba el alcohol, pero no la droga. Pero hace siete años, tuve un encuentro con Cristo y ahora soy su soldado, ya no soy esclavo de las drogas. Mi vida se la debo a Dios… gracias Señor”, expresa satisfecho.

Ahora, Ruiz López es un nuevo hombre con visiones diferentes. Tiene una empresa y una meta que consiste en ayudar a personas con problemas de drogas, alcohol, pega y pandillas, a quienes por varios meses se les brinda rehabilitación en el Centro Campamento de Dios.

TRANSFORMADOS

Boanerges Navarro, de 28 años, originario del barrio Waspam Sur de Managua, es residente del Campamento de Dios. Relata que desde muy jovencito se vinculó a las pandillas y a las drogas. Incluso llegó a deambular por años en el Mercado Mayoreo de Managua, donde robaba o pedía para comprar la droga.

“Mi vida fue un desastre, ya no sé si valía, pero doy infinitas gracias a Dios y a don Wilfredo por haberme ayudado. Ahora me siento una mejor persona, he pedido perdón a mi familia por el sufrimiento que les hice pasar. Pero nunca es tarde para querer cambiar. Mi vida fue triste, pero aquí estoy y en el nombre de Dios y mi familia, no estoy dispuesto a regresar a ese pasado tan terrible”, asegura Navarro.

En el Campamento de Dios, las personas en proceso de rehabilitación, reciben tratamiento espiritual, se les orienta de los peligros y consecuencias de las prácticas insanas, reciben educación y también se les enseña a labrar la tierra.

También tienen momentos de diversión, el deporte que más prevalece es el beisbol y el futbol.

Donaldo Arturo López, quien trabaja en el Programa Selectivo de Educación de Adultos, llegó hace tres meses a las montañas del Campamento de Dios. Su problema: las drogas y el alcohol. Como consecuencia perdió su trabajo y a su familia.

Aquí también se rehabilita don Arturo, de 48 años, quien es administrador de empresas de profesión y su mayor anhelo es volver a reunirse con su familia. Dice que recibe la visita de sus hijos cuando éstos visitan Nicaragua.

“CAMBIOS EN MI VIDA”

“Me siento bien en el centro, aquí he recibido mucho apoyo espiritual que me ha sustentado porque siento que hay cambios en mi vida”, expresa consciente de estar dando pasos muy positivos para su vida, por lo que considera que con la ayuda de Dios, podrá salir victorioso y convertido en un hombre nuevo, muy diferente a meses anteriores, dice con optimismo.

LA META DE MARIELA

Mariela del Carmen Molinares Meza, de 23 años, originaria de Managua, era presa del alcohol desde la edad de 14 años. La ansiedad por consumir licor la llevó a cometer delitos de robar en varias ocasiones, situación por la cual fue muchas veces a la cárcel.

Dice que su familia de Managua desconoce que se encuentra en rehabilitación, pero que les dará la sorpresa de volverlas a ver una vez que esté totalmente rehabilitada.

“Me siento muy bien ahora que no tomo licor. La ayuda espiritual que he recibido me ha ayudado. Mi vida era muy triste, pero ahora soy diferente”, dice Mariela, con tres meses de estar en rehabilitación.

Sostiene que su meta es volver a abrazar a su tierno hijo de 22 meses que se encuentra bajo la protección de su madre en Managua.

En el Campamento de Dios, viven ocho niños, que eran adictos a la pega y se dedicaban a la vagancia habitual, pero ahora aquí reciben amor y educación.

Lo cierto es que en el Campamento de Dios, se están haciendo realidad los propósitos de hombres, mujeres y niños, que pese al pasado oscuro que han tenido, hacen grandes esfuerzos de poder enmendar sus vidas, lo cual es un digno ejemplo de que con voluntad se logra el éxito.

PARAÍSO EN DESARROLLO

El Campamento de Dios, posee un importante potencial turístico, agrícola y espiritual que, según su director, Wilfredo Orlando Ruiz López, desde ya existen planes para echar a andar dichos proyectos para la sostenibilidad del centro.

En la propiedad existe un río con una bella cascada, rodeado de la exuberante naturaleza, que convierte al lugar en un sitio atractivo y lleno de paz.

Frente a la cascada se piensa construir un tabernáculo para realizar retiros espirituales y actividades turísticas con intenciones sanas, o sea donde no haya consumo de ningún vicio “porque este es un lugar donde se honra a Dios y donde las personas tienen un encuentro con el Creador”, afirma Ruiz López.

Actualmente, en este campamento cosechan hortalizas, papayas, pero también planean cosechar frijoles y otro tipo de cultivos que serán utilizados para la sostenibilidad del lugar.

Don Wilfredo explicó que el centro necesita de ayuda, por lo que llamó a las personas y empresas a colaborar con la obra de rehabilitación que se impulsa para ayudar a las personas necesitadas.

“Esta obra no la podemos dejar. Estamos luchando día a día para que quien venga a este centro en busca de ayuda salga con una mentalidad positiva y restaurada”, afirmó.

¿CÓMO LLEGAR?

Llegar al Campamento de Dios es fácil. Justo en el kilómetro 170, de la carretera Matagalpa-El Tuma-La Dalia, hay un gran letrero que dice: Centro de Rehabilitación de Alcohólicos y Drogadictos, “Campamento de Dios”.

Ubicado allí, se camina como kilómetro y medio hacia el sur en zonas boscosas pero transitables, donde se pueden observar bellos paisajes y respirar el aire puro de la exuberante naturaleza, hasta llegar a siete cabañas rústicas donde se alojan las personas en proceso de rehabilitación.

DIOS Y NATURALEZA

El Campamento de Dios, según Wilfredo Orlando Ruiz López, es una especie de paraíso porque el lugar presenta las bellezas de la naturaleza donde se puede tener un contacto directo con Dios, “para reflexionar sobre tu pasado. Aquí se encuentra la misericordia y bondad de Dios junto al poder de la naturaleza y la valentía de las personas por ser mejores”, asegura Ruiz.

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