- Una broma de mal gusto circula por ahí: “La flor nacional ya no es el sacuanjoche, es la bolsa plástica”. Muchos la han oído y saben que se debe a la proliferación de desechos plásticos por doquier, y a una actitud social que un sociólogo califica como “desafecto ciudadano al espacio público”, lo que en lenguaje vulgar equivale a un refrán: “Lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta”.
José Adán [email protected]
International Living es una revista estadounidense que promueve el turismo a nivel mundial. Con 400 mil suscriptores en el mundo, la publicación se especializa en promocionar destinos turísticos para inversiones y esparcimiento.
Fue así como llegó al país hace tres años, Gail Geerlin, quien representa en Nicaragua a International Living.
Jovial y franca, la estadounidense concedió una entrevista a LA PRENSA, para hablar sobre el crecimiento del turismo en Nicaragua, una actividad económica que ya supera los 100 millones de dólares anuales.
CHISTE CRUEL
A ella le encanta el país: sus paisajes, la calidez humana de sus habitantes, la comida típica y lo sencillo de la vida en estos rumbos tropicales.
Se le pidió entonces que criticara lo que a su juicio era lo más negativo del país respecto al turismo, y la repuesta de Gail fue tajante: “Hay bastante basura”.
“En este tiempo del año (invierno) es un poquito menos, porque se ve todo verde, pero en el tiempo seco, ¡qué horrible! Es un comentario de mucha gente que viene, hasta hay un chiste que dicen que la flor nacional de Nicaragua es la bolsa plástica”, dijo, con más pena que lástima, la promotora de turismo internacional.
Tiene algo de razón respecto a las bolsas plásticas: en mayo del 2004 el entonces alcalde de Managua, Herty Lewites, propuso la prohibición de aproximadamente cuatro mil vendedores ambulantes de agua helada y refrescos en los semáforos de la capital.
¿La causa? Un mes antes habían ejecutado un estudio en base a las ventas reportadas por las distribuidoras y fabricantes de esos productos, lo cual dejó al descubierto un dato aterrador para el medio ambiente: 200 millones de pequeñas bolsas de plástico multicolor se vendían mensualmente en todo el país.
De esta cantidad, apenas 15 millones lograban ser recogidas por las alcaldías y el resto se esparcía por todos los confines del territorio.
La propuesta de esta especie de “ley seca” fue considerada violatoria para los derechos laborales de los vendedores, por organismos defensores de derechos humanos, y no hubo más alternativa que colocar 450 recipientes de basura en las calles para que la gente depositara sus desechos plásticos ahí.
Al mes habían desaparecido 400 barriles y a los dos meses no quedaban ni rastros de los recipientes, mientras las bolsas seguían floreciendo por todos lados.
POSIBLES RESPUESTAS
Al conducir por las calles de Managua, uno debe cuidarse de muchas cosas, aparte de los buses y taxis irrespetuosos: los baches cotidianos, los carretones jalados por caballos, los vendedores ambulantes, los niños que piden en los semáforos y hasta de los abusivos limpia-vidrios.
Últimamente, también hay que cuidarse de las bolsas plásticas, semillas, latas y demás desechos de alimentos que se venden en las calles, y que los pasajeros van lanzando desde las ventanas de los vehículos.
Eso lo sabe muy bien, porque lo ha vivido, Manuel Ortega Hegg, sociólogo y director del Centro de Análisis Socio Cultural de la Universidad Centroamericana.
Él, junto a un reducido número de grupos ecológicos, cientistas sociales y expertos en municipalismo, han buscado respuestas a una pregunta que martilla la conciencia nacional: ¿Por qué tanta suciedad?
Respuestas, a nivel de teoría, hay muchas y todas apuntan a dos factores que forman una sola simbiosis: pobreza y falta de educación.
Para Ortega, el contexto del problema es complejo: leyes poco coercitivas, falta de recursos en los municipios para combatir la crisis, pocas campañas de educación cívica, mucha niñez fuera del sistema escolar y, el mayor generador de basura: la actitud de “yo que pierdo”.
Ortega explica que al quedar fuera del sistema educativo cada año entre 800 mil y un millón de niños y jóvenes nicaragüenses, se pierde la oportunidad de inculcar por medio de la educación básica, hábitos de higiene y salud.
“Esos son los ciudadanos que cada año van creciendo y ensuciando las calles”, dice el sociólogo, quien luego explica un fenómeno social que hace referencia a aquel dicho que reza así: “Lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta”.
“El factor cultural tiene que ver con la falta de apropiación del ciudadano del espacio público. Cuando la sociedad siente que tiene algo suyo, lo resguarda, pero si no lo siente así no lo cuidará. Aquí los ciudadanos no consideramos que haya responsabilidad más allá de nuestros espacios privados”, expone Ortega.
“Si vos observás, puede haber un parque recién pintado, de pronto llegan los papás con los niños; éstos hacen desastres y los padres no dicen nada, porque consideran que eso no es suyo, que no tienen responsabilidad con asuntos de uso público y comunal”, señala a modo de ejemplo el experto de la UCA.
A su juicio, el país, desde todos los ámbitos posibles, debe iniciar una permanente campaña de sensibilización que incluya los siguientes elementos: educación cívica, para que la gente sepa lo nocivo de la basura y la importancia de un país limpio; recursos económicos, para que las alcaldías implementen planes y compren equipos y, finalmente, leyes duras: multas y cárcel y para los tira-basura.
¿CUÁL PROBLEMA?
Una encuesta de M&R Consultores realizada en junio pasado, reveló que pocas personas (2.8%) ven la basura como un problema en sus barrios. Los mayores problemas citados son: desempleo (28.3%), calles malas (16.2%), inseguridad (15.7%), pobreza (7.8%), agua potable (5.9%).