Santo Domingo de abajo llegó con multitud

Wilder Pérez [email protected] Roman, Times, serif»> Santo Domingo de abajo llegó con multitud Wilder Pérez [email protected] La réplica de la imagen de Santo Domingo de Guzmán cada vez tiene menos que envidiarle a su original. Eso se demostró ayer a lo largo del recorrido que los siete de agosto de cada año realiza Santo Domingo […]

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Santo Domingo de abajo llegó con multitud


Wilder Pérez R.
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La réplica de la imagen de Santo Domingo de Guzmán cada vez tiene menos que envidiarle a su original. Eso se demostró ayer a lo largo del recorrido que los siete de agosto de cada año realiza Santo Domingo de abajo, desde San Andrés de la Palanca hasta el barrio San Sebastián, en Managua.

La réplica salió con poca gente en la comunidad que pertenece al municipio de Mateare, más de 20 kilómetros al oeste de Managua, sin embargo, al pasar por cada barrio de Ciudad Sandino fue aglomerando a más y más gente, hasta que los feligreses llegaron por miles a la iglesia Cristo del Rosario, en el barrio del mismo nombre, a pocas cuadras del antiguo centro de la capital.

Santo Domingo de abajo no alcanza la trascendencia del que baja desde Las Sierritas, al sur de Managua, pero al parecer su popularidad no es la misma que en años anteriores.

«Ahora viene mucha más gente que antes, el año pasado hubo poca gente en comparación a este», dijo Carlos Gamboa, un taxista de Ciudad Sandino, donde la reverencia a la imagen empieza a crecer entre feligreses, promesantes, y seguidores de la parranda.

A diferencia de su original, Santo Domingo de abajo realiza visita a sus promesantes, como la que hizo a Carla Rojas en Ciudad Sandino, quien en agradecimiento por permitirle vivir con un riñón, reparte comida y bebida entre cargadores y feligreses.

La romería aglomera a cualquier personaje, como el indio mudo vestido de plumas e hilachas de saco macén, o alguna que otra señora que baila al igual que la vaquita a Santo Domingo «de arriba».

Los que lucen diferentes son los hombres y jóvenes, ya que sus cuerpos no son negros sino rojos. «Me echo colorante de ladrillo, es una promesa, porque una vez estuve mal del estómago, me tenían que operar y yo me negué porque preferí pedirle al santo que me curara, y me curó», aseguró José Guillén Hernández.

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