Marlon José Ramírez Flores
El Cafta y el Alba son dos caras de la misma moneda de las economías llamadas políticas económicas neoliberales y políticas económicas socialistas. Esto por definir el papel de las corrientes o reductos de corrientes que circulan en el mundo de las economías.
Las políticas del Alba son las políticas económicas socialistas porque éstas fueron constituidas por los presidente de Cuba y Venezuela como la Alternativa Bolivariana para las Américas con el fin de dar salvaguarda a las economías que están siendo absorbidas por las políticas neoliberales desde el punto de vista económico.
Esta alternativa fue fundada el 14 de diciembre del 2004. Su fin es erradicar los límites de analfabetismo de las regiones bajo el plan de enseñanza del Gobierno cubano, además del intercambio de bienes y servicios en contraposición a los acuerdos suscritos por Estados Unidos y los países del área más República Dominicana.
Hago hincapié en que esta iniciativa Alba es un plan pensado en intereses socialistas por sus fundadores que dicen estar en contra de las políticas neoliberales porque sus estructuras y sus formas de gobierno están encaminadas en esa línea y que ninguna de estas políticas aplican en la realidad, pues como es bien sabido en estos países los dirigentes o mejor dicho los altos dirigentes partidarios tienen a su disposición un sinnúmero de prebendas que el pueblo que es su enfoque no los tiene.
Tal es así que en una simple búsqueda de internet se obtiene que la fortuna conocida del mandatario Fidel Castro es de 150 millones de dólares y uno se pregunta dónde están las palabras del último país socialista que defiende férreamente esos principios de igualdad entre todos y define igualdad en que todos deben tener lo mismo que el otro tiene, y otros que más tienen deben dar lo que tengan a su alcance para garantizar su misma condición.
No estoy en contra del socialismo, pero sí que se satanicen las medidas macroeconómicas de los países más ricos del mundo en ayuda a los menos favorecidos por motivos de guerra y otros factores políticos sociales, y más aún cuando jovencitos como el suscriptor (Daniel Zavala) del artículo “Desinformación sobre el DR-Cafta y el Alba”, publicado en LA PRENSA del 13 de julio, habla de las políticas de enriquecimiento de las empresas.
Ahora me pregunto ¿será que este joven distribuiría su riqueza, sea cuál fuere, entre los que menos tienen?