¿Cambio de reglas?

Roberto Rourk Como católico que soy, hace mucho me acerqué a un sacerdote a preguntarle si podía recibir la comunión sin ser casado por la Iglesia. Me contestó que no, que solamente en caso de que estuviera en peligro inminente de muerte podía recibir la eucaristía. Paso algún tiempo y pensando que el Cardenal como […]

Roberto Rourk

Como católico que soy, hace mucho me acerqué a un sacerdote a preguntarle si podía recibir la comunión sin ser casado por la Iglesia. Me contestó que no, que solamente en caso de que estuviera en peligro inminente de muerte podía recibir la eucaristía.

Paso algún tiempo y pensando que el Cardenal como jefe máximo de la Iglesia Católica nicaragüense tenía alguna solución a mi problema, lo abordé después de una misa. Le puse al tanto de mi situación y de lo que me había contestado el sacerdote. Muy gentilmente me confirmó que lo dicho por el sacerdote era correcto.

Eso sucedió antes de que el dictador Anastasio Somoza lo llamara “comandante Miguel”. Han pasado muchos años. Yo continúo siendo católico y sigo con el mismo problema. No puedo recibir la comunión. He visto una foto en la que el Cardenal da la eucaristía al comandante Daniel Ortega y he leído que también recibieron la sagrada hostia, destacados miembros del FSLN, ateos y no casados. Estos señores públicamente han confesado ser ateos y hacen vida marital con sus “compañeras” sin ocultarlo.

Los motivos que mueven a estos políticos a recibir publicitariamente la comunión son perfectamente claros. Saben que el pueblo nicaragüense, en su inmensa mayoría es católico y sin dudarlo, ni un instante aprovechan cualquier acto de masas para buscar cómo tratar de borrar ante el pueblo la imagen de ateos que tienen. Máxime tratándose de que Su Eminencia ofrece su elevada investidura para colaborar con ellos en su misión de atraer votos.

El Cardenal es una persona sumamente inteligente, por lo tanto, no puedo creer que lo que ha estado haciendo es de manera inocente o inconsciente. Al menos, que hayan cambiado las reglas de la Iglesia y no nos dimos cuenta. De ser así, eso me beneficia a mí y a millones de personas en el mundo, que aún siendo católicos, estamos excomulgados.

Ruego a Su Eminencia Reverendísima se pronuncie sobre este asunto.

Cartas al Director

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