Myrna McEwan
Vi en LA PRENSA del 19 de julio una foto en primera plana donde sale el caudillo del FSLN, Daniel Ortega, comulgando o sea recibiendo el cuerpo de Jesucristo de manos del ex Arzobispo de Managua, cardenal Obando.
Todos los católicos sabemos, porque nos enseñaron desde pequeños, antes de la primera comunión, que para tener la dicha de recibir el cuerpo de Jesucristo debemos estar en gracia con Dios, es decir, sin pecados mortales.
Los pecados mortales que cometemos, porque todos somos pecadores, si queremos comulgar debemos ir antes a confesarlos donde un sacerdote, después de arrepentirnos de verdad y deseando no volver a cometerlos. El sacerdote en nombre de Jesucristo Nuestro Señor nos absolverá o los retendrá a como ordenó el mismo Jesús y les dio esa potestad a sus apóstoles.
Nuestra Iglesia que es Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana por medio de los sacerdotes consagrados ha continuando haciéndolo a través de los siglos. Supongo que Daniel Ortega se confesó antes, posiblemente con el cardenal Obando y Bravo o cualquier sacerdote, se arrepintió y de ahora en adelante se comportará como un buen cristiano. ¡Alabado sea el Señor! Ojalá no lo haya hecho por política o ganarse a católicos para que le den el voto.
El Cardenal debe saber seguramente que Daniel se casó por la Iglesia con la Chayo, tal vez él los casó. Ojalá que así sea. O tal vez, para no seguir viviendo en concubinato, si no se casaron se separaron completamente en armonía y así poder comulgar. Como la Chayo no llegó a esa misa, tal vez esta última opción sea la verdadera. No sé.
Por otro lado, también nuestra Iglesia nos enseña que si robamos, para ser perdonados tenemos que arrepentirnos y devolver todo lo robado. A como lo hizo Zaqueo.
No he sabido que Daniel Ortega haya devuelto la calle que le robó a los managuas, las casas-mansiones y no sé qué otras cosas más. Y que no venga a decir que las casas ya las pagó el Estado a sus dueños legítimos con bonos de indemnización, porque entonces a quien le está robando es al pueblo muerto de hambre.
Finalmente, estoy segura que el Cardenal dio esa comunión sabiendo que se la daba a un pecador arrepentido porque con el cuerpo de Cristo no se juega.