Poder

Leonel Lacayo Maliaño Cuando más repaso en mi espíritu hechos antiguos y modernos, tanto más me parece colegir que un oculto poder se divierte jugando con los mortales. Tácito. La personalidad dual del nicaragüense es sátira y política. Muestra de ello son los testimonios. El 11 de julio pasado vi por televisión el mensaje del […]

Leonel Lacayo Maliaño

Cuando más repaso en mi espíritu hechos antiguos y modernos, tanto más me parece colegir que un oculto poder se divierte jugando con los mortales. Tácito.

La personalidad dual del nicaragüense es sátira y política. Muestra de ello son los testimonios. El 11 de julio pasado vi por televisión el mensaje del ex presidente Alemán, en su condición de reo condenado a 20 años por corrupto. Los convencionales aguzaban sus oídos para recibir con emoción la arenga del privado de libertad.

Yo recordaba una obra de arte que observé una vez en casa del hoy reo y líder de su partido, en 1978. El cuadro, del que no recuerdo quién es el artista que lo pintó, me dijeron que se llama El dictador y estaba colgado en la pared. La obra era el antídoto de toda palabra como salida de una noche oscura en una tribuna política. En esos años, en la época del dictador Somoza, para entonces líder del Partido liberal, Arnoldo Alemán disfrutaba en la terraza de su casa en el mar, en San Juan del Sur, siendo mi vecino.

Recuerdo que una vez, en una conversación jocosa me preguntó qué iba yo a estudiar y le dije que arquitectura, porque quería construirle una casa a un personaje muy conocido en ese puerto: el “marinero corrompido”. Así le decían a un piruquita que parecía duende y era muy conocido por los veraneantes de aquella época.

En Nicaragua existe el antes y el después del sandinismo. Hoy, producto de eso es el pacto, consecuencia también es la pobreza, curiosamente uno es de derecha y el otro es de izquierda, pero en realidad son ambidiestros, tiran del lado que más les conviene para su partido y sus beneficios personales. Cuando se levanta el telón en estos escenarios el destino político del país es como imaginarme una pintura alegórica del gran maestro Botero, reflejando la situación política e inspirando su pintura en la foto familiar del pacto muy al estilo boterista.

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