Carlos Daniel Quintana
Parafraseando una estrofa de nuestro genio universal en su poema A Colón, adaptado a nuestra situación presente, se puede decir lo siguiente: “En la actual Asamblea se dictan leyes al son de “cañonazos”; ya sin clarines, y al lado siniestro de oscuros líderes fraternizan los Judas con los Caín”.
El 16 de junio y el 17 de julio, a pesar de los obstáculos habituales que acostumbran poner los orteguistas, en actividades contrarias a sus intereses, se realizaron marchas de insospechadas dimensiones, integradas por ciudadanos de los diferentes estratos sociales, ideologías y partidos políticos, hombres y mujeres adultos, llamando la atención el alto porcentaje de jóvenes entusiastas; aquel mar de gente culminaron sus caminatas en Managua y Granada, siendo el objetivo de esos magnos movimientos cívicos uno solo: manifestar su total y unánime repudio al pacto libero-sandinista, enraizado sobre un engranaje corrupto y vitalicio de los diputados en la Asamblea Nacional, magistrados de la Corte Suprema de Justicia y Consejo Supremo Electoral; a quienes el pueblo ni digiere ni soporta más.
La marcha del 16 de junio fue apoyada internacionalmente por ciudadanos nicaragüenses residentes en ciudades de países extranjeros, Miami, Los Ángeles, San Francisco, Washington, San José, etc. De estas manifestaciones de repudio podría llegarse a la conclusión igual que en tiempos de la derrocada dictadura somocista al enfrentar su primer paro a nivel nacional: “Que es como el primer clarinazo de que algo inusual y de mayores proporciones se avecina”.
Si los señores del pacto siniestro no proceden con la cordura, equidad y sentimientos nobles que puedan aún dictarles sus conciencias y que el momento político coyuntural les exige, es seguro que este pueblo que está acostumbrado a derrocar dictadores como los Somoza y los Ortega, les hará el turno a ustedes por sus enfermizas pretensiones dictatoriales.
Residencial San Juan