¿Traición?

Julio Ruiz Quezada El doctor Mario Sandoval, conocido panegirista de las dictaduras liberales, en su artículo: Los traidores en la historia (LA PRENSA 10 de julio 2005) dispuso juzgar a muchos personajes tildados de traidores en la historia de la humanidad, sólo para encubrir su interés en acusar como traidor al presidente Enrique Bolaños, por […]

Julio Ruiz Quezada

El doctor Mario Sandoval, conocido panegirista de las dictaduras liberales, en su artículo: Los traidores en la historia (LA PRENSA 10 de julio 2005) dispuso juzgar a muchos personajes tildados de traidores en la historia de la humanidad, sólo para encubrir su interés en acusar como traidor al presidente Enrique Bolaños, por haber tenido la valentía de denunciar ante la nación y el mundo, los graves delitos económicos, cometidos por el ex presidente Arnoldo Alemán y una camarilla de sus funcionarios.

Respeto el criterio del doctor Sandoval y su derecho a hacerlo público, pero debo expresar mi repudio al artículo tanto por la simpleza de sus argumentos como por su inocultable sectarismo.

Enrique Bolaños no traicionó al ex presidente Alemán, simplemente lo denunció con pruebas en la mano por haber fomentado la corrupción en el gobierno que presidió y haberse enriquecido junto con muchos de sus funcionarios con los recursos del Estado. Hubiera existido traición sino se hubiesen denunciado estos actos de corrupción para que fueran juzgados conforme a derecho.

El doctor Mario Sandoval quiere engañar a los lectores de la Página de Opinión haciendo uso del sofisma, pero quiero recordar que la honestidad de los funcionarios públicos es asunto de valores y principios. Cuando el liberalismo criollo ha gobernado sólo ha producido dos dictaduras con sus secuelas de represión, negación de las libertades y enriquecimiento ilícito.

En la filosofía conservadora existe una escala de valores y principios —respetada por los gobernantes conservadores— en ella priman los intereses de la nación y del Estado sobre los intereses personales, familiares y de amistad. Si Enrique Bolaños respetó esa escala, lo único que se puede afirmar es que es un hombre de principios que cumplió con su promesa de luchar contra la corrupción.

Creo que la actitud del presidente Bolaños no hizo daño al Partido Liberal, más bien “le lavó la cara” de tal suerte que existen liberales honestos que han recogido la bandera de su partido y que gozan del respeto ciudadano por haber tomado distancia del caudillismo y la corrupción.

Cartas al Director

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