Leonel A. Marín McEwan
La enfermedad y lujuria de poder se manifiesta en capos disfrazados de políticos. Daniel Ortega adelantó las elecciones del año noventa por la presión de la Contra y de los países democráticos. No salió de él ofrecer elecciones libres y transparentes. Más que todo fue la comunidad internacional que ayudó a que se diera una salida pacífica para detener el derramamiento de sangre del pueblo nicaragüense.
Daniel Ortega es el responsable directo de todos los muertos que cayeron en combate mientras él saboreaba las mieles del poder con su camarilla de comandantes revolucionarios. Él se cree Presidente de la República al estar presionando para que se adelanten las elecciones. Un día dice una cosa, y otro día dice otra. Lo que padece es de esquizofrenia política que desea llegar a toda costa al poder (Dios no lo quiera).
El presidente Bolaños tiene que terminar su período presidencial en el 2006, ya que fue una decisión soberana del electorado nicaragüense. Daniel Ortega no es demócrata y quiere: “Quítate tú pa’ ponerme yo”.
Lo que necesitamos es una nueva carta magna que venga a abolir la ya violada y parchada Constitución de la República que dos capos la han estado manoseando a su gusto, antojo e intereses oscuros, dañando la frágil democracia e institucionalidad. Venir a decir de que se adelanten las elecciones a estas alturas del campeonato es como dar un golpe de Estado técnico al orden constitucional. También se necesita una operación limpieza en los poderes e instituciones coludidos con este pacto oprobioso de dos camarillas corruptas, clientelistas, mercantilistas e irresponsables.