Alfonso Dávila Barboza
Nada iguala, ni existe alguna, ni visible paralelo con el regazo materno. Se asegura y avalo la tesis de que este regazo materno es obra sentida de las manos de Dios como un homenaje a la mujer-madre. Tal regazo otros le llaman saya, sirve de reclinatorio, de confesionario y de arcón que guarda íntimos secretos muy confidenciales confiados a la madre; y este arcón los guarda con mucho celo con siete llaves variadas. En verdad la madre es consejera conciliadora de buena fe, amiga sincera y maestra siempre a tiempo completo de sus hijos con todo afecto y cariño.
En la madre se descubre, lo bello, lo grandioso y lo sublime del amor; en el día de las madres expreso de corazón estas líneas recordando a la madre que supo con valor y mucha hidalguía renunciar a su pequeño hijo que disputa con la raptora de aquél cuando la tal disputa fue resuelta por el sabio Salomón, quien espada en mano dijo: “Voy a partir a este niño en dos partes para darle a cada una de ustedes una mitad del niño disputado”, y la verdadera madre pidió a Salomón que no lo sacrificara y que se lo entregase a la falsa madre; y Salomón le ordenó a la madre atacada en llantos levantarse a la vez que ordenaba que se le entregase al niño, pues no dudó de que ésta era la verdadera madre.
Otro caso es el de la madre prisionera que algunas veces sintió en prisión que le acariciaban el alma, y esto sucedía cuando los vecinos de su casa cuidaban a sus pequeños hijos, los alimentaban y regalaban golosinas. Libre la madre supo comprender que estas finezas vecinales produjeron las caricias vividas en su alma.
En este día pues desfile en mi memoria y en mi corazón con singular regocijo el recuerdo de mi abuela Fidelina del Carmen; mi madre María Amanda, y de mi esposa Olga María, todas en el Reino de Dios. ¡Dios nuestro¡ Te ruego cuido permanente para ellas. ¡Así sea!