El policía José Manuel Sánchez, víctima de las protestas.

Morterazo destruyó sus sueños

Su padre murió como escolta de Tomás Borge y su familia nunca recibió ayuda Elízabeth [email protected] “Ojalá y Dios quiera que nunca me pase nada”, pensaba antes de salir a cada misión el policía José Manuel Sánchez. Su temor se debía a las experiencias sufridas por otros compañeros. Han pasado dos semanas desde los incidentes […]

  • Su padre murió como escolta de Tomás Borge y su familia nunca recibió ayuda

Elízabeth [email protected]

“Ojalá y Dios quiera que nunca me pase nada”, pensaba antes de salir a cada misión el policía José Manuel Sánchez. Su temor se debía a las experiencias sufridas por otros compañeros.

Han pasado dos semanas desde los incidentes violentos provocados por estudiantes y transportistas en Managua, y la herida de Sánchez aún no cicatriza.

Él es uno de los francotiradores destacados de las tropas Táctica Armas Policiales de Intervención y Rescate (TAPIR), de la Policía Nacional, pero el charnel de un mortero lanzado por estudiantes apostados cerca de la Universidad Centroamericana, le dejó incapacitado de por vida.

Hablar del tema le provoca un ‘torozón’ en la garganta y lágrimas que de vez en cuando asoman en su ojo izquierdo, el único con que cuenta ahora.

Eran entre las 3:00 y 4:00 de la tarde de un día más de protestas, cuando Sánchez descendió de la patrulla policial, se quitó el casco y de pronto un mortero salió del grupo de manifestantes.

Delante de él había un grupo de policías. “Por eso me bajé con toda la confianza”, recuerda. Unos contenedores instalados en la zona le habían impedido ver cuántos manifestantes había y dónde estaban.

Al ver el objeto que se acercaba, pensó que se trataba de una piedra, y levantó su mano derecha para esquivarla.

“Un charnelito de los que tiró el mortero fue lo que me hizo el desastre. En ese momento lo que sentí más fuerte fue en la mano, ya en el camino, de donde me pasó eso al hospital, iba sintiendo el dolor”, relata.

Sus compañeros lo trasladaron al Hospital Carlos Roberto Huembes, en la patrulla de las TAPIR, número 0150.

Piensa que si hubiese llevado puesta la máscara antigás, hubiera sido peor, porque el charnel habría reventado el vidrio y los daños causados serían mayores.

En su casita pobre, mitad de concreto y mitad de madera, con piso embaldosado, en el barrio Hugo Chávez, Sánchez cuenta que pese al trauma que le dejó la tragedia está listo para volver al trabajo, al cual ingresó a los 17 años, inspirado por su hermano Fernando Blandón (q.e.p.d.).

Tiene 32 años, 15 de los cuales ha pasado entre enfrentamientos con la delincuencia, sobre todo contra narcotraficantes, y protestas violentas.

Incluso, participó en el rescate del grupo de trabajadores de LA PRENSA, secuestrados hace más de dos años por el ex contra Tirso Moreno.

José Manuel tenía el sueño de “hacer historia en la Policía” y contarle a sus dos hijos sus hazañas, cuando se jubilara.

Cuatro días después de permanecer en el hospital, le dieron la noticia: había perdido uno de sus ojos. En ese momento también perdió las ganas de vivir. Hablar del tema le producía llanto y dolor.

Las preparaciones de defensa personal, antiterrorismo, tácticas de intervención, entre otras, recibidas de especialistas franceses, españoles y nicaragüenses, no lo habían preparado para asimilar un golpe tan duro como el que le dejó el mortero.

Pero el ejemplo de otro policía, que también perdió su ojo en un enfrentamiento con ex miembros de la Resistencia, lo ha ayudado a salir de la crisis.

“Si él ha podido lograrlo y todavía está allí trabajando, tengo que resignarme y salir adelante”, comentó.

“Me imagino que él en ese momento debe haber pasado por lo mismo que yo, porque uno, aunque quiera sentirse bastante fuerte, la autoestima de uno está por el suelo”.

Las fuerzas también las ha encontrado en el apoyo de su esposa Juana Lucía Flores y sus dos pequeños de 10 y 5 años, Brandon José y José Adrián Sánchez Flores.

NO QUIERE LA SUERTE DE SU MADRE

Por la amargura de su tragedia, se le ha hecho difícil salir a “cotizar” el precio de la prótesis que deberá llevar de por vida donde tuvo su ojo derecho.

Lo que pide al presidente Enrique Bolaños es que no le den el mismo trato que recibió su madre, del Gobierno sandinista.

Recuerda que su padre —escolta del ministro del Interior, Tomás Borge en los años 80—, perdió la vida durante una emboscada en 1982, en un sitio no precisado.

Su madre fue a hablar con Borge. Ella iba con su hijo menor, y Borge le ofreció que le daría lo que el niño pidiera. “¿Querés una bicicleta o una casa?”, le habría preguntado Borge al hermanito de José Manuel.

El niño pidió la bicicleta, la que fue enviada 15 días después a la casa de la familia Sánchez. “Y ahí paró la ayuda”, recuerda José Manuel.

Aclaró que no se aprovecha de su situación, pero pidió al presidente Bolaños una ayuda económica “porque estas dificultades de vivir la vida con un ojo, no es lo mismo que vivirla con dos”.

Su salario es de dos mil córdobas y abona 630 córdobas mensuales en pago a un préstamo de 400 dólares que le hizo la Policía para comprar el terreno donde hizo su casita.

Desde hace 10 años participa en las fuerzas especiales, que inicialmente fueron los conocidos “Comandos” de la Policía, designados para operar en situaciones de riesgo, incluso por razones humanitarias. Su destreza en el tiro le permitió ganar en varios torneos nacionales y extranjeros. Ahora espera ganar el nuevo reto que le plantea la vida.

LA “CARIDAD” DE BORGE

El padre de José Manuel Sánchez fue escolta del ministro del Interior, Tomás Borge, en los años 80, y perdió la vida durante una emboscada en 1982. Lo único que hizo Borge por la familia de Sánchez fue regalarle una bicicleta al hijo menor. “¿Querés una bicicleta o una casa?”, le habría preguntado al niño, y como éste respondió “una bicicleta”, sólo eso le dio a la familia pobre.

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