Gabriel Conde
Dentro de las sacrosantas paredes de la Catedral de la muy noble y guapa ciudad de Granada, el señor Presidente juró por Dios, por la Virgen y por sus deudos fallecidos su inocencia ante las aseveraciones de algunos políticos sobre gestiones que él hace para que el Vaticano cambie la púrpura de nuestro Cardenal.
Hace dos años don Enrique había jurado igual por la memoria de su hijo fallecido en un trágico accidente a la entrada a Nindirí. Ni en aquella ocasión ni en ésta el obispo Obando Bravo ha hecho ningún comentario, ni siquiera por aquello de noblesse oblige.
El Cardenal que también tuvo una madre sabe lo que es jurar por tan bendita memoria. Que mi Dios lo perdone por su silencio cómplice. Sólo pensamientos ruines y extraviados y corazones mal puestos pueden pensar y sentir de tal manera.
Don Enrique y doña Lila T. son ejemplo de cristiandad, la Iglesia ha sido su segunda casa. Nuestro Cardenal ha convertido nuestra Iglesia en Iglesia del 19 de julio cuando dio un espaldarazo a don Daniel y cubrió con su toga las desnudeces del padre Carballo y las humillaciones que sufrieron otros clérigos durante el régimen sandinista.
Lenín Cerna y el padre Carballo, el diablo y Cristo fundidos en un solo abrazo. Es la nueva doctrina de mi Santa Madre Iglesia ¡Que Dios se apiade de nosotros!