Maltrato

Marlon José Navarrete Espinoza Desde hace varios años hemos observado una espiral alcista no sólo en los precios de la canasta básica y del costo de la vida en general, sino también en los actos de violencia. Particularmente voy a referirme a los niños que son las víctimas más desprotegidas y vulnerables, porque no tienen […]

Marlon José Navarrete Espinoza

Desde hace varios años hemos observado una espiral alcista no sólo en los precios de la canasta básica y del costo de la vida en general, sino también en los actos de violencia.

Particularmente voy a referirme a los niños que son las víctimas más desprotegidas y vulnerables, porque no tienen capacidad ni fuerza para defenderse ante cualquier ataque de un adulto. Es diferente un castigo por un mal comportamiento que una agresión física injustificada.

El desplome de nuestra escala de valores familiares los ha convertido en objetivos de agresión.

Esto se convierte en una cadena interminable de acontecimientos que se heredan de una generación a la siguiente, puesto que los padres de hoy, ayer fueron niños maltratados o víctimas de algún tipo de violencia.

Hace varios años observé en un noticiero de Estados Unidos, imágenes como ejemplo de esta situación y no puedo olvidar a un bebé de dos o tres meses de edad con los dos ojos inflamados, morados casi de color negro por los golpes, o un niño de color de unos cinco años con el rostro y labios reventados, ambos casos por agresión de los padres sin motivo alguno.

No olvidemos los casos recientes y alarmantes de múltiples asesinatos de niños en Nicaragua de una manera salvaje y brutal que resulta a la razón algo inconcebible e incomprensible.

Quizás la principal responsable es la miseria o la pobreza en valores morales y falta de educación, pero yo insisto en que el gobierno y los políticos tienen una enorme cuota de responsabilidad al tener ese tema en abandono y no proponer soluciones integrales y de largo plazo que ataquen de raíz el problema y lo erradiquen.

Si lo hiciéramos, los niños del futuro y los adultos del presente lo agradecerán eternamente.

Cartas al Director

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