Elmer Ramírez
Se dice que justicia tardía no es justicia. Sin embargo en Nicaragua las cosas están inversas a la realidad. Así hay que interpretar la decisión tomada por el señor Presidente, de nombrar como Procurador al doctor Alberto Novoa para enfrentar la corrupción, o sea que debe ser calificada como acertada.
Nunca es tarde para que la justicia se haga sentir, para que el derecho pueda rendir cuentas positivas y se establezca con ética, sabiduría y rigurosidad el verdadero peso de la ley.
Lo importante es que se dio el segundo paso para rastrear, indagar y establecer los elementos conexos que evidencien a personas que de forma inmoral todavía pueden darse el lujo de exhibirse como inocentes.
Un altibajo que puede presentarse para el procurador Novoa es el caso tan sonado de los delitos electorales, en el que el mismo Presidente de la República es señalado junto a otros servidores públicos de su confianza.
La sociedad renueva bríos con la presencia del procurador Alberto Novoa, y si bien es cierto que es difícil llegar a la raíz del problema, su actuar característico como ejecutor probo del derecho augura respuestas que levantarán la moral y la autoestima de un pueblo que ha sido esquilmado por los abusos reiterados de los corruptos.
Debemos emprender el camino para la defensa de la justicia. El Procurador sabe que cuenta con esa beligerancia, pues el pueblo es amante de la libertad y de la igualdad.