Ana GerezEFE
NACIONES UNIDAS.- La intervención militar de Estados Unidos y Reino Unido en Irak sin el aval de las Naciones Unidas puede no ser legal a los ojos de algunos países, pero tiene precedentes en la historia.
El más reciente, y el que todos tienen en mente, es el de Kosovo, en la ex Yugoslavia, que ha servido como ejemplo cuando se ha preguntado sobre la importancia de la organización internacional ante una decisión unilateral de atacar Irak y sobre su futuro como garante de la paz.
En el caso de Kosovo, fue el riesgo del veto de Rusia, por entonces el principal aliado de Serbia, lo que llevó a una intervención militar no avalada por la ONU contra ese país.
El Secretario General de la ONU, Kofi Annan, dio su visto bueno al reconocer que hay ocasiones en que es legítimo el uso de la fuerza en busca de la paz, si bien admitió que era trágico que fracasara la diplomacia.
Annan, que en el caso de Irak ha insistido en que una intervención en Irak sin autorización de la ONU sería cuestionada, comentó en 1999 que, de acuerdo con la Carta de Naciones Unidas, el Consejo tiene la responsabilidad primaria del mantenimiento de la paz y la seguridad.
La guerra de Kosovo comenzó el 24 de marzo de 1999, cuando EE.UU. y los aliados de la OTAN iniciaron los bombardeos de posiciones serbias para poner fin a la “limpieza étnica” en Kosovo, la violación de derechos humanos y el éxodo de refugiados albanos.
Tras 78 días de bombardeos, las Naciones Unidas ratificaron el Plan de Paz para Kosovo diseñado por el G-8 (grupo de ocho países más industrializados) que puso fin a la guerra.
La ONU participó en la ayuda humanitaria y el Consejo de Seguridad creó, en junio de 1999, una misión para establecer una administración interina en la provincia devastada por la guerra, conocida por las siglas UNMIK.
Mucho antes, en la década de los sesenta, Estados Unidos ignoró a la Organización con la guerra de Vietnam, donde había enviado una misión militar y una escuadra ya en 1951, tras la derrota de los ocupantes franceses y la creación de dos Estados.
Washington trataba de conseguir una victoria política en el sureste asiático, decisiva para su estrategia de crear un cordón en torno a los países comunistas e impedir el triunfo de los movimientos de liberación iniciados durante la II Guerra Mundial.
El conflicto, que ha quedado como uno de los capítulos más negros de la historia de EE.UU., causó la muerte de tres millones de vietnamitas y de unos 58,000 estadounidenses.
Sin embargo, Estados Unidos no es el único que ha realizado ataques unilaterales. También hay ejemplos con China y Rusia, todos ellos miembros del Consejo de Seguridad con poder de veto.
El 27 de diciembre de 1979, la entonces Unión Soviética invadió Afganistán, en el que estaba interesada por su posición geoestratégica y por la presencia de la flota estadounidense en el Océano Indico, entre otros factores.
Los llamamientos de la ONU para la retirada de las tropas soviéticas fueron ignorados por Moscú y hubo que esperar el llamado “Acuerdo de Ginebra”, firmado el 15 de marzo de 1988, para poner fin a la invasión.
En marzo de 1978, las relaciones entre China y Vietnam, tensas ya por el acercamiento de este último país a Rusia y el apoyo de Pekín a los jemeres rojos, se deterioraron por una prohibición de comercio privado vietnamita que afectaba sobre todo a los intercambios con China.
Después de la invasión vietnamita de Camboya, en diciembre de 1978, China lanzó una incursión de represalia en la frontera norte de Vietnam, que estrechó más los lazos con la Unión Soviética.