- Lupe Moreno llegó a Managua en 1942. Venía de Estelí, una ciudad remota en ese tiempo. En realidad no tenía la menor intención de “conquistar el mundo” ni de “encontrar en otra parte la felicidad”, pero sí de respirar otros aires, de ver cosas novedosas y conocer gente nueva.
Mario Fulvio EspinosaEspecial para LA [email protected]
SEGUNDA DE DOS PARTES
Sin rodeos lo admite: “No me vine por mi gusto, sino acatando la voluntad de mi padre don Gustavo Moreno, que era la ley dentro de la familia. Yo era una provinciana llegada a Managua como gallina recién comprada, una vez un admirador me llamó ‘campesina de ojos azules’, y recuerdo que mi amigo Carlos Pérez Meza al referirse a mí, decía: ‘Esa es la Lupita Moreno, la trajeron amarrada de tierra adentro’”.
Seguimos conversando con Guadalupe Moreno, o sea la famosa Martha Cansino, reina absoluta de nuestra Radiodifusión. Estamos en la pequeña salita de la casa que ocupa en la calle principal de Ciudad Jardín. Hoy estamos frente a frente, a casi 55 años de tiempo y distancia, desde aquel momento en que la conocí siendo adolescente, y quizás a 50 de haberla dejado de ver y de escuchar su voz.
No es una entrevista la que tejemos, sino una conversación que podría ser interminable para albergar con cariño tantos recuerdos… Son tantos, que Lupita habla aprisa, como si quisiese contarlos todos para que ninguno quede pendiente.
Vos Lupitá, ¿te acordás de la Compañía Encanto?
No Mario, sé de ella porque mi padre, entonces un hombre joven, me platicaba de su existencia. Él me contaba que tuvo grandes éxitos en los años 30, y que allá por los cuarenta estaba en El Salvador. La dirigía un gran actor granadino llamado Paco García junto con su esposa Rosita Meléndez. Sé que allí realizaron sus primeros pininos teatrales doña Pilar Aguirre, Carmen Martínez y supongo que Zela Lacayo, que llegaron a ser parte del elenco.
¿Vos qué sabés de eso?
Pues —le digo— cuando tenía ocho años mi madre me llevó a la presentación del melodrama “Santa”, obra de un colombiano cuyo nombre no recuerdo.
¿Y cuál era el tema?
Muy sencillo, se trata de un ciego que se enamora perdidamente de Santa, una prostituta con alma de ángel que le protege. Y él le canta: “En la eterna noche de mi desconsuelo, tú has sido la estrella que alumbró mi cielo”. Pero Santa muere y el ciego queda sumergido en mayores tinieblas y en el más profundo dolor…
Pero seguí contando de vos.
Bien, llegué a Managua de 11 años y de inmediato me pusieron en quinto grado en el Bautista, era muy buen colegio, pero se suponía que los buenos colegios tenían que ser católicos y éste era evangélico, era muy radical el pensamiento religioso de ese tiempo, porque al siguiente año me pusieron en un colegio católico.
¿Y dónde diste tus primeros balbuceos radiales?
Para comenzar, yo fui sobrina del Tío Popo y mi hermana Leticia también, el Tío Popo era Rodolfo Arana Sándigo, quien invitaba a los niños a participar en “La hora infantil” que se transmitía en YNOW “La voz de la América Central”, donde uno podía bailar, declamar o cantar. En esa misma emisora, don Mamerto Martínez Vásquez tenía un programa semanal llamado “El Gran Teatro del Aire”, y de él ya eran profesionales Sofía Montiel, Zela Lacayo, el Tío Popo, Polito Rosales, José Ortega Chamorro, Carmen Martínez y Chabelito Palacios, que cantaba en forma lírica. Para ese tiempo también, llegaron a cantar a esa emisora Olga Guillot, Celia Cruz, Los Tres Diamantes y Los Panchos.
¿Te acordás Lupitá, del Indio Pantaleón?
Perfectamente, yo trabajé con el Indio Pantaleón cuando éste estaba casado con Olga Darson, pero haciendo papelitos de chavalita, la Olga hacía de esposa del indio y yo el de la hijita que se llamaba Lupita… Ese papel lo empezó a hacer mi hermana Leticia, pero no pudo seguir y me lo endosaron a mí.
Sandoval me vio, me estudió y me pescó
Bueno, ¿vos te metiste a la radiodifusión o te metieron?
Era sobrina precoz del Tío Popo, y en esas trazas miraba llegar a la gran actriz Sofía Montiel y otras a ensayar para el Gran Teatro del Aire… Y yo me quedaba para ver los ensayos. Pero una vez necesitaban una voz de niña y Mamerto me llamó: Vení —me dijo—, a vos te gusta esto, me probaron y desde entonces allí me quedé, don Mamerto habló con mi papá y le dijo que me iban a pagar cuarenta pesos, una suma astronómica para una chavalita como yo, primero hice voces infantiles… Recuerdo que en ese Gran Teatro, que se pasaba los domingos, se hicieron obras clásicas como El Tenorio, El retrato de Dorian Grey y muchas otras.
¿Y cuántos novios tuviste, Lupitá?
Ninguno. El profesor Sandoval fue el primero y el único. Él me vio, me estudió y me pescó. Él es mayor que yo diez u once años, lamentablemente no funcionó el matrimonio, pero mis cuatro hijos son del profesor.
Para ese tiempo Sandoval había venido de El Salvador donde trabajaba para la empresa Sterling Products, la cual manejaba la publicidad de las Píldoras de Vida del doctor Ross, Mejoral, Leche de Magnesia Phillips. Tendría él unos 20 años, yo tal vez como 12… Él andaba como dirigiendo, repartiendo libretos, y yo me admiraba de lo que hacían. Una vez alquilamos, mis amigas las Velázquez y yo, unas bicicletas donde Barillas, y andábamos por la Explanada, de repente lo vi delante de mí, y como era muy atrevido me dijo: “¿Usted es Lupita Moreno?” Sí, yo soy, le dije… “Para andar en bicicleta dígale a su mamá que le mande a hacer pantalones”, y yo andaba una falda amplia. ¿Y a usted qué le importa?, le dije. Me quedó viendo, y señalándome con el dedo dijo: “Porque usted va a ser mi esposa”. Yo lo que hice fue sacarle la lengua.
¿Te acordás que en YNOW presentaron Drácula y el Monje Loco?
Sí, yo no participé en eso, pero el que se reía como Monje Loco era don Narciso Colls, otro español como Mamerto, ambos vinieron con la Compañía Encanto y se quedaron para siempre en Nicaragua. Mamerto era el galán de la compañía, era un hombrón, además con una nariz preciosa, los ojos azules, bien vasco.
¿Para ese tiempo ya estabas medio metida en la radiodifusión?
Sí, ya hacía ciertos personajes, por ejemplo el de “Catín, Criatura Inolvidable”, que era un cuento de Adolfo Calero Orozco que fue adaptado por el profesor Sandoval. Él era muy bueno para eso y adaptaba también clásicos de la literatura española.
Tras nueve meses de noviazgo, en 1949 me casé rápido, sin velo ni corona con el profesor Sandoval, y tuve que irme con él a Honduras porque la Sterling lo trasladó para allá. Como yo ya dominaba bien la locución, el profesor decidió que yo hiciera los anuncios radiales de la Sterling. “Pero yo no quiero que tu papá crea que te traje a Honduras para explotarte, así que vamos a buscar un seudónimo para que tu trabajo sea anónimo”. Está bien, le dije. “Vos escogé el apellido y yo escojo el nombre”, dijo él.
Y él, que había tenido una novia que se llamaba Martha, eligió ese nombre para mí, yo por mi parte que era admiradora de Rita Haywoort, que en realidad se llamaba Margarita Cansino, hija de español, Cansino viene de “cansino, cansado”… “Los bueyes cansinos”, dice Rubén, Rita Haywoort actuaba, bailaba, cantaba, era muy polifacética y yo la admiraba… De ahí salió pues el Cansino de la Martha.
Estuvimos en Honduras un año y nos regresamos a Nicaragua para tener mi primer hijo, trabajando ambos para la Voz de la América Central, de donde salió el verdadero radioteatro de Nicaragua, que después pasó a la Mundial con Sofía Montiel, Sidar Cisneros, Fabio Gadea Mantilla, Julio Armas, José Castillo Osejo, José Ortega Chamorro, Mamerto Martínez, Zela Lacayo, Sofía Montiel, Erika e Ida Krüger, Martha Cansino, y fue Sandoval el que llevó ese equipo a La Mundial, porque La Voz de la América Central fracasó y cerró en 1951.
La Mundial se transformó en un monstruo que dominó el dial durante 20 años, impulsada por otras voces como la de José Dibb McConell, una voz continental, la mejor que he oído, irremplazable.
¿Cuánto tiempo laboraste en La Mundial, cómo llegaste a La Voz de los Estados Unidos?
En La Mundial me quedé a partir del 52 como actriz, mi primera actuación fue en la radionovela Bodas de Odio, que era una versión de El Herrero, creo que de don Jacinto Benavente, pero llevada a la radio por Caridad Bravo Adams. Después actué en otras, y José Dibb McConell era mi galán, Sofía Montiel era la segunda figura, Zela era la villana, Esperanza Román era la otra protagonista y figura relevante… Recuerdo que Fabio Gadea, el narrador, no sabía reír, y cuando el papel se lo exigía sólo acertaba a decir: jo, jo, jo, jo.
Cuando se grabó El Derecho de Nacer, Kadir el Árabe, El Dolor de ser Pobre, yo estaba en Honduras, supe de esos éxitos, pero no participé…
EL PROYECTO DE RADIO LIBERTAD Y LA VOA
Salí de la Mundial en 1961 para hacerme cargo del Departamento de Radio de Publicidad Art Técnica, allí pasé un año, donde conseguí un premio para la mejor dirección de programa, pero a mí me interesaba meterme en la cosa noticiosa, así que me fui a Estación X, donde Rafael Cano intentaba competir con La Mundial, y ya había contratado a Zela, Armando Proveedor y Carlos Pérez Meza… Yo dirigía el cuadro de comedias, donde estaban también Isabel Albites, Zela, doña Pilar Aguirre, Nassere Madrigal, Romerito… Allí estuve como dos años.
De ahí pasé a Radio Libertad, un proyecto radial donde participábamos diez socios apoyados por una financiadora. Ese proyecto duró 4 años, y murió cuando la financiadora fue intervenida por la superintendencia de bancos. Después tuve un noticiero en La Mundial, y por eso me llamó a su despacho el célebre coronel Luna, me dijo que me iba a cerrar el espacio porque estaba dando noticias alarmistas, yo le dije, pero es que hay alarma en el país, la guardia se enfrenta en el norte, la guardia se enfrenta en el sur… Total que me puso una multa de 10 mil córdobas que no pude pagar y se cerró el noticiero.
Viéndome sin dinero y sin nada decidí emigrar. En 1972 me fui a Washington y solicité empleo en la VOA, pero no hablaba inglés.
Me fui a aprender inglés, y en 1976 comencé a trabajar ahí junto a Ramón Libbys, Federico Shiller, Pepe del Río, Luis Daniel Juncal y Tomás Lacut. Mi primer día de trabajo fue el 24 de septiembre de 1976, que fue el día en que asesinaron al ex canciller chileno Fernando Letelier.
Me jubilé hace seis años, y me vine para atender a mis ancianos padres y para brindar talleres de periodismo radial a mis jóvenes compatriotas.
EL PROFESOR SANDOVAL
“Dígale a su mamá que le haga pantalones para andar en bicicleta, me dijo el profesor Sandoval… Y yo le saqué la lengua”.
-“Me da gusto saber que mi pueblo no me ha olvidado, porque yo nunca me he olvidado de mi pueblo”.
-Martha Cansino se siente una mujer realizada con las satisfacciones y reveses que ha tenido en la vida, que “no es color de rosa”.
AMABLE REGRESO
Martha Cansino ha regresado para estar al lado de sus longevos padres, “y también para poner con mi experiencia un granito de arena para enseñar locución y otras artes radiales, que siento andan de capa caída en Nicaragua, según lo que escucho en las radioemisoras locales.