Oscar Sandoval muestra la tarjeta de trabajo de Oswaldo

Sobrevive por cuarta vez

Una ventisca caliente lo lanzó lejos, evitando que lo calcinara una bola de fuego que salió del ascensor segundos después Mariana VilnitzkyEnviada Especial de LA [email protected] Oswaldo Sandoval es cuatro veces un sobreviviente. Sobrevivió al terremoto de Nicaragua en 1972. También sobrevivió a la guerra y decidió escaparse a los Estados Unidos buscando un futuro […]

  • Una ventisca caliente lo lanzó lejos, evitando que lo calcinara una bola de fuego que salió del ascensor segundos después

Mariana VilnitzkyEnviada Especial de LA [email protected]

Oswaldo Sandoval es cuatro veces un sobreviviente. Sobrevivió al terremoto de Nicaragua en 1972. También sobrevivió a la guerra y decidió escaparse a los Estados Unidos buscando un futuro de paz y tranquilidad. Pero la vida le jugó sucio y tuvo que pasar por el primer atentado a las Torres Gemelas; una bomba que destruyó un piso y terminó con la vida de 7 personas en 1993. El pasado martes 11 de septiembre fue la cuarta vez que logró salir con vida en medio de los muertos. Sólo se atrevió a salir de su casa cinco días después de la tragedia.

Oswaldo se encontraba en el piso 47 de la primera torre atacada. Trabajaba en el restaurante. Salía del baño, ubicado en un pasillo al lado del ascensor, cuando escuchó el estallido. Sin darle un segundo para reaccionar, la puerta del ascensor salió volando, y una ráfaga de aire caliente lo desplazó hasta la zona del restaurante.

“Del agujero del ascensor salió una bola de fuego, pero el aire que venía con él me tiró lejos y no llegó a quemarme… Caí de rodillas en el piso, y a pesar de que había trabajado como socorrista en la Cruz Roja y había hecho varios cursillos de evacuación, me paralicé. Quedé en cuatro patas y no pude moverme”.

Una semana después, Oswaldo está lleno de marcas. Tiene moretones en todo el cuerpo y un ojo lastimado. Pero está, sobre todo, emocionalmente destrozado. Tiene lagunas mentales. No recuerda algunos nombres y sólo se acuerda de ciertos momentos antes de llegar a su casa. De noche las pesadillas no lo dejan dormir. Escucha voces y todavía siente el olor y el humo del estallido dentro de sus pulmones.

Logró salir de su parálisis porque una señora lo agarró de la camisa y lo levantó. Después continuó solo, bajando por las escaleras. No entendía lo que estaba pasando, y sólo bajaba como podía siguiendo a la multitud. Le llevó 15 minutos llegar al primer piso cuando escuchó el segundo estruendo en el edificio de al lado. Intentó evacuar el sitio por detrás, pero un policía le hizo cambiar de rumbo y tuvo que caminar entre los muertos para lograr salir.

“Yo sólo me acuerdo de algunas imágenes. Había alguien, no sé si era hombre o mujer, tirado en el piso con la pierna doblada y quemada. Creo que sólo me acuerdo de eso…”.

Cuando apenas estaba saliendo se desplomó el edificio contiguo adonde él se hallaba, y una nube de polvo lo tapó por completo.

“No podía respirar. Alguien me puso una máscara, pero nunca supe quién había sido. Ahí pude salir corriendo. Corrí hasta la avenida en donde había un taxi, y junto con otra gente lo secuestramos. Él no quería llevarnos, pero no le dejamos opción”.

Las torres cayeron pasadas las diez de la mañana. Oswaldo sólo recuerda que cuando llegó a su casa el reloj marcaba las tres de la tarde. No volvió a salir. Estaba aterrado. Se recostó en la cama pero no podía dormir. Se tapaba con la almohada, se volvía a destapar. Tampoco quería ver la televisión ni hablar con nadie. Revisó los más de 100 mensajes que tenía en su casilla de correo electrónico y sólo respondió a sus seres queridos para avisar que se encontraba bien.

La primera vez que salió a la calle fue el pasado sábado, para visitar al médico y asistir a una reunión del sindicato de trabajadores del que forma parte. Se quedó sin trabajo, pero no ha vuelto a buscar. Desde el ataque lo único que hace es intentar ayudar a las familias de los afectados, sean de donde sean y vengan de donde vengan.

“Ayudar me ayuda”, dice, después de atender una llamada y derivarla a la Agencia de Administración General de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés). Pero para que él ayude tienen que acercarse a pedírselo. En el edificio tenía muchos amigos, y recién una semana y media después del atentado comienza a buscar a sus conocidos. Aunque es el presidente del Comité Cívico Cultural Nicaragüense todavía no se ha podido contactar con el resto de sus compatriotas.

Por ahora sólo quiere hablar de lo que sucedió con un psicólogo que le ofreció el sindicato. Aunque tiene amigos que ya han abandonado la ciudad de Nueva York por miedo a una guerra, él sabe que lo que tenga que pasarle, si le tiene que pasar, le va a pasar.  

Nacionales

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí