¡Qué pequeño es el hombre ante un Señor
como tú!
Dios de antes y después,
Rey de quienes por tu gracia vivimos.
¡Qué difícil para el hombre es vivir en paz!
Tú nos diste todo para ser felices,
tú nos has prometido la Victoria contigo,
Tú nos has salvado de una muerte segura.
Señor, ¿qué hemos hecho que te perdimos en el camino?
Tú no nos dejas ni a sol ni a sombra,
y aún así, en medio de tanta oscuridad
no te buscamos, no te llamamos,
nuestros corazones se sumergen en su propio egoísmo…
¡Cuánto cuesta para el hombre soberbio
quebrantar su henchido corazón!
Aceptar que sin ti no existe nada,
ni tampoco sabe hacia dónde va…
¡Es tan poca cosa el hombre!
y, aunque no te merezcamos,
Hoy, Dios mío,
a Ti elevo mi llanto,
a Ti que siempre escuchas y comprendes,
a Ti que siempre me acompañas…
A Ti elevo mi plegaria,
a Ti hoy te suplico
¡Piedad por Nicaragua!
Leyla Eloísa Otero Montealegre
Estudiante de Derecho de la Universidad Católica
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