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La última vez que subió a una bicicleta fue el 22 de diciembre de 1982. A partir de ahí, Mauricio Alberto Aranda Guido dijo adiós al ciclismo.
Aceleró su preparación intelectual, se graduó y empezó a ejercer su carrera de ingeniero electromecánico.
Su profesión la pone en marcha con tanta eficiencia que en la actualidad ocupa el cargo de Gerente de Operaciones en la poderosa empresa petrolera Shell Nicaragua, S.A.
“Siempre estuve atento a progresar. Siempre fue una prioridad no perder constancia en mi preparación académica”, dice Aranda Guido.
De aquel espigado ciclista que deleitó a la exigente afición pinolera mientras protagonizaba carreras epopéyicas de 1977 a 1982, surgió un hombre de bien con un fuerte e inseparable deseo de superación en la vida.
En estos momentos su ego no se centra en brindar cruentas batallas pedalísticas sobre la carretera como aquellas que se definían milimétricamente en los campeonatos nacionales contra Miguel Espinoza, Ronny Villavicencio y por último frente a Róger González.
“Me gusta lo que hago ahora y me siento orgulloso de pertenecer a esta empresa que cuenta con elementos muy capaces”, afirma con visible satisfacción.
SU CARRERA DEPORTIVA
Mauricio Aranda se inclinó por el ciclismo motivado por las crónicas periodísticas que para la década de los años 70 se escribían sobre las proezas que forjaba el también notable pedalista, Manuel “Comanche” Largaespada.
“Fue el personaje que me animó a meterme en este deporte tan duro como la vida porque el ciclismo es como un retrato de la vida”, expresa desde su silla gerencial en las instalaciones de la Shell Nicaragua, S. A., en la carretera a la Refinería.
Mientras Aranda pedaleó a lo largo de cinco años, generalmente llenó páginas completas en los diarios nacionales.
En las notas y comentarios de su época era normal una descripción cargada de mucho respeto y admiración como un culto a su envidiable calidad ciclística.
“El ciclismo fue una herramienta importante para aprender a valerme por mí mismo, afrontar la realidad y superar las adversidades”, valora.
Cuando pedaleaba daba la impresión de que sus piernas eran un par de bielas que incansablemente impulsaban la bicicleta a velocidades impresionantes sobre cualquier tipo de terreno.
Su pedaleo era consistente y pesado. Su resistencia para transitar por el terreno llano e inclinado se transformaba en implacable a medida que consumía cada metro, cada kilómetro.
Su sprint se volvía poderoso y en la raya de sentencia, en la meta final, pocos le ponían una rueda adelante.
Esto lo llevó a coronarse tres veces seguidas campeón nacional, doblegando por lo general a Ronny Villavicencio.
En el ámbito internacional sacó la cara principalmente en Cuba, durante la exigentes vueltas ciclísticas a ese país caribeño.
EN UN MUNDO DIFERENTE
Mauricio Arana vive ahora en un mundo diferente.
Navega en un ambiente distinto en el que tiene que mover con gran eficacia los pedales de su preparación profesional.
Primero lo atrajo la aviación pero por las mismas características de este oficio en Nicaragua se le tornó difícil estudiarla a causa de pocas oportunidades.
“Consideré que la ingeniería era un camino alternativo en mi vida y lo tomé. No me quejo, me ha ayudado mucho”, reconoce.
Su trabajo en la Shell Nicaragua, S.A. consiste en garantizar los suministros, tener a mano todos los productos que la compañía ofrece al público.
Su obligación se concentra en la distribución de los productos con la medida de calidad y seguridad requeridas para mantener el negocio como líder.
Además, tiene que responder por el stock de existencia de los productos y accesorios para función de la empresa y de los que se distribuyen.
“Me siento satisfecho aún cuando sé que hay mucho por hacer y mejorar”, señala con firmeza.
Como Gerente de Operaciones este sobresaliente ex atleta se une a otros seis managers que en el organigrama de Shell Nicaragua, S. A., ocupan el segundo lugar en la jerarquía administrativa detrás del gerente general.
La misma disciplina, efectividad y respeto para con sus semejantes mostradas a lo largo de los últimos ocho años de pertenecer a este emporio petrolero, le brindan la potestad de tener bajo su mando a unas 20 personas.
Aunque también ha acumulado vasta experiencia tras laborar anteriormente para las desaparecidas Hercasa y Chevron, después de graduarse en la UCA en 1984, Aranda todavía no cierra las páginas de sus aspiraciones.
“Pretendo seguir subiendo más dentro de esta empresa. Es mi deseo”, dice este ex deportista que también domina el idioma inglés.
UN EJEMPLO
Mauricio Aranda no flaquea.
Siempre vivió conciente de que la capacidad física se esfuma a medida que pasa el tiempo y por eso en 1983 decidió abandonar el ciclismo definitivamente para concluir sus estudios universitarios.
“Bueno, mi trabajo me permite devengar un buen salario para llenar las necesidades básicas de mi familia. Mis hijos tienen todo”, reconoce con humildad.
El puesto que ocupa no lo ha hecho cambiar manteniendo en la mayor parte su ejemplar modo de ser.
“Ahora soy más abierto, más amplio producto del trabajo, de la relación con las otras personas”, agrega.
Mauricio embodegó su vieja bicicleta cambiándola por un moderno automóvil.
Es capitalino de nacimiento, empero, desde el terremoto reside en Masaya en donde es propietario de su propia casa.
Es casado con la ingeniera industrial Julia Calero Castro, con quien ha procreado felizmente tres hijos, Mauricio Javier, de 13 años, Manuel Salvador (11) y Sergio Alberto (9).
“Vivimos unidos, sin problemas mayores”, revela.
¿Cuál es tu mensaje?, le preguntamos.
“Que en la práctica del deporte hay un doble beneficio para la salud, pero sobre todo para la autoestima. El deporte cultiva”.
Perfil
– Nombre: Mauricio Alberto Aranda Guido
– Edad: 40 años
– Ocupación: Ingeniero Electromecánico
– Hobby: Ver televisión e ir al campo con la familia
– Personajes: Sus padres, Carlos Aranda y Lilliam Díaz
– Aspiraciones: Ver a sus hijos realizados
TÍTULOS DEPORTIVOS
– Campeón Nacional de 1980 a 1983
– Varias veces miembro de la Selección Nacional