El presidente electo de Estados Unidos, George W. Bush, junto a su esposa Laura y el pastor Kirby Caldwell, tras atender un servicio religioso la mañana de ayer.

Bush y el sueño de una dinastía

El gobernador de Texas es relativamente nuevo en política y le señalan falta de experiencia en asuntos exteriores Quedan sólo cinco semanas para la transición del poder León Bruneau – AFP WASHINGTON.- George W. Bush, que en enero se convertirá en el 43er. presidente de Estados Unidos, es relativamente novato en la política, a pesar […]

  • El gobernador de Texas es relativamente nuevo en política y le señalan falta de experiencia en asuntos exteriores
  • Quedan sólo cinco semanas para la transición del poder

León Bruneau – AFP

WASHINGTON.- George W. Bush, que en enero se convertirá en el 43er. presidente de Estados Unidos, es relativamente novato en la política, a pesar de ser hijo de un ex presidente y miembro de una familia implantada desde hace tiempo en el paisaje político norteamericano.

George W. Bush puede algunas veces dar la impresión de una cierta indolencia, pero detrás de esa fachada bonachona se esconde una fuerte determinación, forjada en las áridas tierras de Texas.

Esa doble faceta parece favorecer a este republicano de toda la vida y le permitió cobrarse la revancha, tras la derrota de su padre George Bush frente a Bill Clinton en 1992.

Durante la campaña intentó sistemáticamente diferenciarse de esa figura paterna omnipresente en su carrera. Para Bush, la peor imagen que se puede dar de él es que “hizo campaña usando el nombre de su padre”.

Se presenta como “un conservador con un corazón”, quiere mantener su propio vuelo e insiste en el balance de su gestión como gobernador de Texas, la octava economía del mundo según él, para justificar sus capacidades presidenciales que pasará a aplicar a partir del 20 de enero.

De silueta ligeramente encorvada, y con una sonrisa de costado casi permanente, George Walker Bush, de 54 años, ha superado varios obstáculos: durante muchos años ni siquiera su propia madre, Bárbara, le veía posibilidades en la política, y apostaba más bien por su hijo Jeb, actual gobernador de Florida.

George W. Bush admitió que no tuvo siempre la ambición de ser presidente.

De haberla tenido “seguramente me hubiera comportado mejor” en mi juventud, ironizó recientemente. Pero, aunque tiene reputación de juerguista, se declara elegido para una “misión”.

Al lanzar su campaña en marzo de 1999, George W. Bush aseguró a sus huestes en privado que si perdía regresaría a su hacienda de Crawford, en Texas. El tono ha cambiado: “Esos que me describían como un candidato sin entusiasmo se equivocaban. Soy un batallador”.

POCA EXPERIENCIA EN ESCENA NACIONAL Y POLÍTICA EXTERIOR

Su estilo muy jovial, extrovertido, contribuyó a alimentar la popularidad de “W”, su sobrenombre en la prensa norteamericana.

“Pueden juzgar a un hombre por sus allegados. Y yo estoy en muy buena compañía”, repite, en referencia su esposa Laura, la ex bibliotecaria con quien está casado desde hace 23 años. También es padre de gemelas de 18 años.

Su éxito no impide que sus detractores cuestionen la capacidad de gobernar de este hombre, relativamente neófito en la escena nacional, que ingresó tarde en la vida política y basó su campaña en denunciar el “establishment” de Washington… ¡del cual su padre fue parte por más de 20 años!

Los escépticos critican su fuerte determinación en la aplicación de la pena de muerte en Texas y su limitado conocimiento y experiencia, en especial en materia de política exterior.

Evocando la instalación de su familia en Midland (Texas) cuando tenía seis años, declaró recientemente a un semanario norteamericano: “Crecí en Midland. El lema en esa época era: el límite es el cielo”.

TOCANDO EL CIELO

La noche del 7 de noviembre Bush creyó tocar el cielo con las manos cuando su rival demócrata Al Gore lo llamó para felicitarlo por haber ganado el comicio. Sin embargo, la alegría duró poco y dio paso a la angustia y la incertidumbre que tiñeron las siguientes semanas en las que se libró una batalla sin parangón en la historia del país.

Durante ese lapso, se acallaron las voces de los candidatos y se alzaron las de sus abogados, cuyos argumentos resonaron en todas las instancias judiciales posibles. Finalmente, tras cinco semanas en las que se agotaron todos los recursos legales, el candidato republicano tuvo la certeza de que le aguardaba la intimidad de la Casa Blanca.

LOS BUSH, UNA FAMILIA INMERSA EN LA POLITICA

George Walker Bush, primogénito de seis hermanos, nacido el 6 de julio de 1946, proviene de una familia patricia de Nueva Inglaterra (noreste).

– Su padre, George Bush, se estableció en Texas en los años 50 e hizo fortuna con el petróleo antes de lanzarse a la política y ganar la presidencia en 1988.

– Su abuelo paterno, Prescott Bush, fue senador por Connecticut. El triunfo de “W” cumple el sueño de una nueva dinastía política en Estados Unidos, que los republicanos aspiraban a forjar frente al legendario linaje demócrata de los Kennedy.

– Luego de una infancia dorada, su padre lo motivó a seguir una formación de piloto de caza en aviones F-102 y a obtener su licenciatura en la Universidad de Yale y luego una maestría en administración de empresas en Harvard, donde no brilló en los estudios.

– Deprimido, Bush reconoció haberse dado a la bebida hasta los 40 años, pero asegura que desde entonces no tomó una sola gota de alcohol.

– Tras varios empleos menores entró en el mundo de los negocios, en grandes compañías petroleras texanas.

– En 1988 trabajó en la campaña política cuando su padre aplastó al demócrata Michael Dukakis, y después de las elecciones dio el paso que cambió su vida, al reunir un grupo de inversionistas para comprar el equipo de béisbol Texas Rangers, y más tarde construir su nuevo estadio, el Ballpark en Arlington.

– Aunque era un accionista minoritario, durante cinco años se desempeñó como gerente general de la exitosa franquicia, y gracias en gran parte a la popularidad así ganada fue elegido gobernador de Texas en noviembre de 1994, con 53.5% de los votos.

– Cuatro años más tarde se convirtió en el primer gobernador de Texas en ser reelegido para mandatos consecutivos, ganando con el 68.6%.  

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