Vivian Pellas, once años dedicada por entero a los niños quemados.

Vivian Pellas: “Hacemos poco por ayudar a los demás”

Fabián [email protected] Hasta el 21 de octubre de 1989, Vivian Pellas llevaba la vida sostenida por la tranquilidad que le da pertenecer a una de las familias más acaudaladas de Nicaragua. Ese día, el avión en que viajaba se estrelló en suelo hondureño, y quiso la Providencia que ella y su esposo, don Carlos Pellas, […]

Fabián [email protected]

Hasta el 21 de octubre de 1989, Vivian Pellas llevaba la vida sostenida por la tranquilidad que le da pertenecer a una de las familias más acaudaladas de Nicaragua. Ese día, el avión en que viajaba se estrelló en suelo hondureño, y quiso la Providencia que ella y su esposo, don Carlos Pellas, se contaran entre los pocos sobrevivientes del accidente.

En la cama del hospital Vivian Pellas repasó su vida y llegó a la conclusión que su salvación estaba destinada a algo.

“El accidente me dio dos cosas: un valor enorme para lanzarme, y me hizo ver lo grande que es la vida y lo poco que la mayor parte de los seres humanos hacemos por los demás”, dice hoy al frente de la Asociación Pro Niños Quemados de Nicaragua.

Entre los terribles dolores que las quemaduras le provocaban, a veces consciente, a veces inconsciente, soñando, diseñó lo que sería el proyecto de su vida: ayudar a los niños quemados. Y a tratar de cumplirlo paso a paso, así que en diciembre se le ve de Santa Claus, en otros momentos bailando, siempre atareada, y todo el año pidiendo y pidiendo dinero para atender a los quemados de Nicaragua. Hoy ya suman casi 60 mil los que se han beneficiado de aquel sueño delirante en la cama del hospital.

— ¿Diciembre es un mes especial para usted?

“Sí. A mí me parece que es muy especial porque la Navidad es una época muy significativa para todos. Muy nostálgica. Los niños siempre esperan un juguete. Todos hemos sido niños y todos sabemos la ilusión…”.

— También hay más niños quemados.

“Vieras que no. Los niños se queman todo el año. Esa es una de las cosas que quiero aclarar. En Nicaragua los niños se queman por la pobreza. Y por la cultura. Es un círculo vicioso: los padres trabajan, tienen muchos hijos, tienen que dejar a sus niños solos. Entonces el niño de siete años cuida al de cuatro, el de cuatro al de tres y así sucesivamente. Viven en un lugar muy chiquito, ahí tienen su hamaca, su fogoncito, su candil…”.

— ¿El niño quemado nicaragüense promedio es un niño muy pobre?

“Muy pobre. Todas las personas que atendemos son personas de muy escasos recursos. Porque se te queman con porras, con candiles, con líquidos porque los dejan solos, porque los enllavan en las casas”.

— ¿La pólvora no sería tan importante en el número de niños quemados?

“Sí, es significativa. Quizás en diciembre es que se queman más con pólvora. Pero no vayan a pensar que los demás meses del año no se queman. Sí se queman, no con pólvora, pero sí con otras cosas”.

— ¿Cómo hace para relacionarse con tanto dolor?

“A mí me sucede algo extraño, porque mi esposo y yo nos quemamos. A mi esposo no le gusta entrar a la unidad, porque le es muy difícil. A mí no es que me sea fácil, pero eso es lo que me da mucha satisfacción de vida: poder ayudar a esos niños. Mi esposo los ayuda de una manera y yo los ayudo de otra. Ahí te das cuenta cómo cada persona enfrenta los problemas de distinta forma”.

— Me imagino que debe conocer casos terribles…

“Sí, casos terribles. El que más me ha impactado fue un muchacho que se llamaba César Rivera. Era un muchacho de 19 años, se quemó en San Salvador. Se fue a El Salvador a buscar dinero, para ayudar a sus padres, y estando allá se electrocutó. Nosotros ayudamos a la recuperación de este muchacho, quisimos sacarlo fuera, pero era prácticamente un esqueleto humano. No lo pudieron salvar… Murió”.

— ¿Cuántos casos han pasado por esta Asociación en todo este tiempo?

“La Asociación ha atendido alrededor de 51 mil niños en todo el país y alrededor de ocho mil adultos”.

— ¿Cuántos ha conocido personalmente?

“No te puedo decir. Fijate que muchas veces voy en la calle y las personas se me acercan y me dicen: gracias por atender a mi hijo hace tres años…”.

— ¿Pero sí se involucra personalmente?

“Hasta donde puedo. Hasta donde un ser humano puede. Tengo personas que delego, doctores. Veo todos los casos, en algunos tengo contactos directos con ellos, en otros veo los informes, pero no puedo abarcar tanto”.

— Esto cuesta mucho dinero.

“Sí. Cuesta mucho dinero”.

— ¿Cómo hace?

“Esa es la pregunta. El trabajo de la Asociación es diario buscar dinero y medicamento para ayudar a estos niños. El pilar más grande que nosotros hemos tenido en este país es la empresa privada”.

— ¿Nos dá una idea de cuánto es el gasto?

“¿Qué te puedo decir? La Unidad de Quemados puede costarnos mensualmente entre unos doce y trece mil dólares. Pero eso no significa que sea lo mejor. El Minsa da algunas cosas, y cuando ya el Minsa no da, nosotros entramos”.

— Está consciente que muchas puertas se abren por ser usted quien las toca, que pertenece a una de las familias más influyentes en Nicaragua.

“Le voy a contar algo al respecto. Cuando nosotros comenzamos hace diez años, viera qué duro fue esto. Casi nadie nos ayudaba y yo era Vivian Pellas, y me costaba mucho que la gente me diera. En Nicaragua siempre ha habido gente bondadosa, pero no había una cultura de dar. Nosotros hemos visto cómo en el transcurso de estos diez años la tortilla está dando vuelta. ¿Qué es lo que debe haber pasado? Me imagino que la gente ha visto los resultados. Cada día es más fácil pedir y las empresas se van suavizando, las personas se van suavizando. En Nicaragua creo que ya hay una cultura de dar. No es que esté sumamente desarrollada, pero está creciendo. El mundo se tiene que dar cuenta que la parte social es muy importante”.

— ¿Pero sí ayuda que usted sea Vivian Pellas?

“Supongo que sí, algo ayudará. Y quizás también no ayudará, porque alguna gente dirá: ella tiene posibilidades, para qué le vamos a ayudar. Lo que yo siempre he insistido es que yo soy una persona que maneja una asociación que es de todos los nicaragüenses”.

— ¿El Grupo Pellas es uno de sus mayores patrocinadores?

“Sí, es uno de nuestros mayores patrocinadores. No es que nos mantenga el Grupo Pellas. No. Siempre nos mete el hombro a la hora que lo necesitamos, pero a veces no puede”.

— Está actitud, ha dicho, viene a raíz del accidente de aviación que tuvo usted y su esposo. Entiendo que hay un campesino que les ayudó.

“Sí. Yo no me acuerdo de él porque estaba muy mal. Pero mi esposo me cuenta que cuando el avión se estrelló vio una camioneta desbaratada, y había una persona. Mi esposo casi no podía hablar, pero le dijo: llevanos a un hospital. Y este hombre nos lleva a mí y a otras tres o cuatro personas al Hospital Escuela de Honduras. Este señor es hondureño y hace como cinco años lo fui a conocer pero él no estaba. Conocí a su señora. Pero mi papá siempre se encarga de él. Porque mi papá le dijo que mientras él estuviera vivo, siempre le iba a ayudar en agradecimiento”.

— ¿Usted lo conoció?

“No he logrado conocerlo. Sí sé cómo se llama, lo he visto en fotos”.

— ¿Antes de ese accidente había trabajado alguna vez con grupos de ayuda?

“Siempre me había inclinado a ayudar, pero no de esta forma. El accidente me dio dos cosas: un valor enorme para lanzarme, y me hizo ver lo grande que es la vida y lo poco que la mayor parte de los seres humanos hacemos por lo demás. Me di cuenta que el potencial de cada uno de nosotros es muy grande, y que hay que emplearlo para que el mundo sea mejor”.

— ¿De niña, de joven, había algo de esa Vivian Pellas que notros conocemos ahora?

“Sí, sí. Siempre estaba pensando en los demás. ¡Qué casualidad! Cuando me gradué en el colegio, en la memoria del Colegio Americano, abajo dice: “Su deseo” y yo puse “Ser feliz y hacer feliz a los demás”. Para que vea que nos es mentira. ¡Ahí está! Mil novecientos setenta y pico…”.

— ¿Cómo le gustaría que la gente la recordara o la identificara?

“Como una persona normal que se identificó mucho con Nicaragua y los niños de este país”.

— Usted baila en los actos…

“De todo un poco… Sí bailo por los niños de Nicaragua”.

— ¿Pero le gusta bailar?

“Sí. Me gusta. No es que sea una gran bailarina. Lo hago porque así concebí la obra. Estando en el hospital. Así la concebí, no preguntés por qué”.

— ¿Este proyecto se lo imaginó en el hospital?

“Sí. Y lo repetía y lo repetía en mis momentos de más dolor que yo ni cuenta me dada”.

— ¿En algún momento se ha sentido derrotada?

“Esto del hospital nos ha costado mucho. Y nos sigue costando. Pero yo le pido a Nicaragua que no nos deje solos y que nos apoye. Las cosas de esta índole toman tiempo, pero este hospital va, la Unidad de Quemados va. Eso yo se lo prometo a Nicaragua”.

DE AMORES Y POLITICA

Vivian Pellas nació en la Cuba pre castrista. Llegó a Nicaragua cuando tenía siete años, cuando su padre salió tras la llegada de Fidel Castro al poder.

“Mi papá trabajaba con don Carlos Hüeck, y viajaba por estos países desde que era muy joven, y él siempre tuvo una debilidad enorme por Nicaragua. Le encantaba. Cuando vino el régimen de Fidel Castro escribió tres cartas: Venezuela, Panamá y Nicaragua. Y don Carlos le contestó que mientras él viviera, a nosotros nunca nos iba a hacer falta nada. Y así fue, se vino a Nicaragua con un pantalón y una camisa”.

— ¿Cómo conoció a don Carlos Pellas?

“Lo conocí en el Drive Inn, frente a El Retiro. Pensé que era americano porque como era chele y de pelo largo” (se ríe).

— ¿Cómo fue el acercamiento?

“El me vio, y después llegó a mi casa a presentárseme”.

— ¿Quedó impresionado?

“Sí. Llegó a mi casa a presentárseme y a invitarme a salir. Ese día yo no pude salir con él, y él insistió e insistió hasta que empezamos a jalar”.

— ¿Estaba libre usted o dejó a alguien por don Carlos?

“No, estaba libre, tenía 17 años”.

— Con frecuencia le vemos en las listas de potenciales candidatos para uno u otro cargo. Usted siempre ha negado tener alguna intención política.

“Sí. Lo mantengo”.

— ¿No es posible que la veamos entonces disputando un puesto publico?

“En primer lugar uno nunca debe decir nunca. Pero hoy por hoy no tengo ninguna intención política”.

— ¿Por qué?

“¿Por qué? (Pausa) Esa es la pregunta. ¿Por qué? Tengo a mis hijos pequeños y yo siempre he dicho que no hay que estar en puestos públicos para ayudar a los demás”.

— ¿Y no haría más Vivian Pellas desde un Ministerio de la Familia, por ejemplo?

“Quizás. Definitivamente, si uno tiene más poder hace más. No me llama la atención la política, sí me llama la atención Nicaragua, los padecimientos del pueblo de Nicaragua”.

— Voy a plantear la pregunta de otra forma: Si un gobierno le ofreciera ser ministro de la Familia ¿usted aceptaría?

(Largo silencio) “Ya me lo han ofrecido y no lo he aceptado”.

JUGUETES PARA ALEGRAR EL ALMA

– El pasado 8 de diciembre, la Asociación Pro Niños Quemados repartió juguetes, comida y sorbetes a unos 15 mil niños pobres.

– El 12 de diciembre entregarán juguetes a todos los niños hospitalizados de Nicaragua, una actividad que hacen año con año. Se distribuyen unos 10 mil juguetes entre hospitales, orfanatos y centros infantiles.  

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