- Don Ariel Bárcenas considera que su hija no tenía motivos que la indujeran a quitarse la vida
- «La pastilla del amor” produce emanaciones en los cadáveres de sus víctimas, y eso no ocurrió con mi hija»
Euclides Cerda CaleroEspecial para LA [email protected]
Tres meses después del deceso de su hija, Sugey del Carmen Bárcenas Benavides, el ciudadano Ariel Bárcenas Hernández, se resiste a creer que ella se haya suicidado, por lo cual solicitará ante las autoridades competentes de Chinandega, la exhumación del cadáver para determinar a través de una autopsia las causas de esa muerte.
El cadáver de la joven Sugey fue sepultado en el cementerio de Santo Tomás del Nance, Chinandega, de donde era originaria, informó su padre, quien se personó hasta nuestra sala de redacción para anunciar su determinación.
Sugey presuntamente tomó la decisión de quitarse la vida el pasado 25 de agosto, al ingerir varias pastillas de curar frijoles las que compró o adquirió en una pulpería de aquel lugar donde ayudaba a vender a la propietaria del pequeño negocio, señora Ofelia Castro.
Bárcenas Hernández explica que su hija cuando estaba con vida, además de cursar estudios de secundaria en el Instituto “Rubén Darío” siempre ayudó a la señora Castro en el negocio sin devengar sueldo alguno, a quien también acusó de dar mal trato a su hija. Por esa razón ha pedido a la Policía que investiguen el hecho.
“Cinco días antes de su muerte, mi hija estaba mirando novelas en compañía de su hermanita Rosa Argentina, cuando doña Ofelia en tono molesto y como poseída por el diablo le pasó un trapo sucio por la cara, luego de limpiar un mostrador”, narró don Ariel.
Agregó que después de aquel suceso su hija vivió todo un calvario, porque doña Ofelia la encerró en un cuarto donde no le pasaba alimento alguno y solamente se oían los lamentos de la jovencita ahora ya fallecida.
Sin embargo, el dictamen médico indica que la muerte de Sugey fue por suicidio, y que ocurrió al ingerir varias pastillas de curar frijoles, en cambio el adolorido padre explicó que la Policía le dijo lo contrario, “porque cuando alguien toma dichas pastillas durante su vela el cuerpo expele el olor al veneno, cuestión que no sucedió con Sujey”, finalizó diciendo.
En tanto, la señora Ofelia Ocaña Castro, de 77 años, desmintió categóricamente todo lo dicho por el señor Ariel Bárcenas, “pues a las dos niñas las agarré desde la edad de 8 y 10 años y siempre les di estudios, alimentación y techo, como que hubiesen sido mis propias hijas y eso lo sabe todo el mundo en Santo Tomás del Nance”.
“Este hombre además es padrastro de las muchachas y lo que quiere es sacarme dinero pensando que yo tengo plata, pero es todo lo contrario, porque estoy enferma y muy pobre”, advirtió.
Enfatizó en que “nunca le restregué en la cara ningún trapo sucio a Sugey, lo que intenté fue reprenderla al pasarle las manos que se me llenaron de polvo al limpiar una alcancía de la Sangre de Cristo, para que mantuviera siempre aseada la casa y no como él dice”.
Agregó que la muchacha el día que falleció salió de casa en horas de la mañana hacia El Viejo donde visitó la Basílica, y al salir del templo se sentó en una venta de hot-dog a la orilla del parque donde le agarró el mal y fue trasladada de emergencia al hospital, falleciendo horas después.
La joven el día de su deceso cruzaba ya los 20 años y no los 15, como dice Bárcenas, y Rosa Argentina, los 18 años.
Todo hace indicar que la muerte de la joven fue por cuestiones pasionales, pues días antes había terminado con su novio de nombre José Luis.
DUDAS Y SOSPECHAS
Las dudas de Bárcenas se transforman en sospechas contra la señora Ofelia Castro, la cual estaba criando a las dos hijas del denunciante, pero ésta advierte que ella era como la madre de esas niñas, y les daba alimentación, vestuario y educación.