“Tex” Ramírez y el edificio de 39 ventanas

Mario Fulvio [email protected] Quien camine por las cercanías del parque Luis Alfonso Velásquez, por el sector suroeste del edificio de Petronic, se topará con un ruinoso edificio de dos pisos que sirve de refugio a varias familias de prole numerosa y marimbeada, ricas en necesidad de salud, dinero y alimentos. Este caserón es uno de […]

Mario Fulvio [email protected]

Quien camine por las cercanías del parque Luis Alfonso Velásquez, por el sector suroeste del edificio de Petronic, se topará con un ruinoso edificio de dos pisos que sirve de refugio a varias familias de prole numerosa y marimbeada, ricas en necesidad de salud, dinero y alimentos.

Este caserón es uno de los sobrevivientes de la orden de arrase que dictó en 1973 Anastasio Somoza Debayle contra toda aquella construcción que medianamente hubiera resistido el remezón mortífero del terremoto que derribó la ciudad en vísperas de la Navidad de 1972.

Nadie se explica el motivo que tuvo el tirano para dejar en pie el edificio antes mencionado, que no fue el único, pues también quedaron los de Julio Martínez, Carlos Cardenal, Dajer, Martínez y Mendieta, el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, El Alcázar, Margot, Palacio de la Suerte, el Banco Central, entre otros.

LA ESQUINA DEL MOVIMIENTO

A través de las 39 ventanas del ruinoso edificio veo asomarse miles de fantasmas de otros tiempos, los que estarían divisando desde ese segundo piso a la abigarrada multitud que como hormigas locas hacían compras y transacciones en los mercados San Miguel y Central.

Porque, cabe aclarar, que el caserón quedaba situado en la esquina noroeste de la manzana que era vecina a la del Mercado San Miguel. Y, por otra parte, solamente bastaba cruzar la esquina en diagonal para penetrar al Mercado Central a una zona de tramos donde vendían desde zapatos, mecates y sombreros hasta frescos de semilla de jícaro, pozol con leche, cacao, tiste, pitahaya, guanábana y otras exquisiteces.

En la planta baja del caserón, funcionaban, en la propia esquina, la Farmacia Managua. Hacia el sur había establecimientos de abogacía, una talabartería, la Botica Padilla, algunas ventas de ropa e incluso, si mal no recuerdo, un salón de lustrabotas.

Por el costado este, más allá de la Farmacia Managua, estaban algunos puestos de abarrotes, la tienda de don Salvador Giacomán y –a lo que te truje Chencha-, el Almacén “La Barata” de don José Santos Ramírez, el famoso “Tex” de “La Voz del Trueno”.

Santos Ramírez era un hombre alto y recio, de rostro rubicundo. Tal vez pesaba unas 240 libras bien empaquetadas en pantalones color kaki sostenidos por tirantes, muy de moda allá por los años cuarenta.

Conducía una furgoneta –como esas que ahora llamamos “van”-, en cuyo techo iban atornillados dos grandes parlantes, una bocina hacia delante y otra hacia atrás.

“Aquí viene la Voz del Trueno –decía don Santos desde el interior de la van-, trae las últimas novedades del comercio nacional. Venimos hoy ofreciendo el delicioso “Rolling Pin”, y hay un premio para el cipote que cante mejor la canción del “Rolling Ping” que dice así: Rolling pin, Rolling Pin, Rolling pin pin pín/ “Rolling Ping, Rolling pin… Yo me come el Pin”.

w NOTICIEROS “PATHE”

Pero lo que más exaltaba nuestro entusiasmo de chavalos vagos era que don “Tex” llegaba a “dar cine” al barrio de Santo Domingo. Instalaba su proyector en cualquier casa y sobre la pared vecina nos proyectaba películas. Comenzaba con dibujos animados, como Popeye y el Ratón Mickey, y seguía con los noticieros “Pathe” sobre los últimos acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando don Santos entraba en acción con su cine la calle quedaba clausurada al poco tránsito de vehículos de entonces. Algunos choferes apagaban sus “wichas” y se ponían a ver la presentación fílmica.

Fue don Santos Ramírez el primero que utilizó, allá por 1938, parlantes ambulantes para hacer publicidad en las calles.

En el segundo piso del almacén escuchábamos casi todas las tardes a Pedro Vargas cantando “La Despedida”, “América Inmortal” y otras tonadas y marchas alusivas a la guerra.  

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