Don Manuel Estrada espera seguir contando con la ayuda de sus amigos para mantener la pequeña liga de béisbol. LA PRENSA/O. VALENZUELA.

Las remembranzas de don Manuel Estrada

Orlando Valenzuela [email protected] Jubilado desde hace varios años, don Manuel Antonio Estrada de 65 años, parece que al fin tiene más tiempo libre para dedicarse de lleno a lo que más le satisface: trabajar con los niños. Por eso don Manuel es conocido desde hace tiempo en Somotillo como un gran impulsor del deporte infantil, […]

Orlando Valenzuela [email protected]

Jubilado desde hace varios años, don Manuel Antonio Estrada de 65 años, parece que al fin tiene más tiempo libre para dedicarse de lleno a lo que más le satisface: trabajar con los niños.

Por eso don Manuel es conocido desde hace tiempo en Somotillo como un gran impulsor del deporte infantil, actividad que realiza sin ningún interés personal, pues los recursos que utiliza para comprar útiles deportivos y formar los equipos de béisbol los consigue mediante donaciones de amigos y familiares, como el caso de Mister Tomy, un gringo de los Cuerpos de Paz que llegó a la ciudad hace muchos años y que resultó ser su familiar al casarse con una prima de él.

Este Mister Tomy, de Denver, Colorado, es el mismo que junto a Alexis Argüello contribuyó para la construcción del estadio de béisbol en la ciudad y que aún sigue enviando materiales deportivos para los niños de Somotillo.

Tal vez porque a don Manuel le tocó vivir una infancia y adolescencia en una ciudad atrasada como era Somotillo hace más de cincuenta años, es que siente el compromiso de dar su tiempo y talento a las nuevas generaciones.

Don Manuel todavía recuerda los tiempos en que para estudiar los jóvenes tenían que ir a León porque en Somotillo no había colegios, alumbrado eléctrico, ni transporte, porque no había carretera, sino una trocha que comunicaba con la entonces Villa Salvadorita, hasta donde se viajaba en carreta para tomar la carretera que llegaba a Chinandega.

Recordando aquellos días de adolescente, don Manuel aún tiene fresca en la mente la imagen del primer vehículo que corrió por las polvorientas calles de la ciudad “era un camioncito Ford de ocho toneladas de don Carlos Matus Argüello, que para poder salir tenía que mandar a despedregar el río Negro y el Gallo, porque sino se quedaba pegado en media corriente”, relata.

Don Manuel recuerda que tenía 12 años cuando llegó el cine al pueblo. El cine estaba ubicado en la propia Iglesia El Calvario, el precio de la entrada era al ojo del tiquetero, pues los chavalos pagaban según el tamaño. Así, un niño de unos ocho años pagaba 25 centavos, mientras que uno de 2 ó 3 años mayor podía pagar 30, 40 y hasta 50 centavos, mientras que los adultos pagaban 75 centavos cada uno.

Las películas eran en blanco y negro, por lo general mexicanas, con el gran inconveniente de que muchas veces el rollo lo ponían al revés y salían de cabeza las personas, teniendo que ver la película con la cabeza inclinada hasta que el controlista se cansaba de oír los silbidos de los chavalos que le gritaban que dejara de “robarse los rollos”.

Con un poco de nostalgia trae a la memoria aquellos días en que jugaba con sus amigos en las calles “arriba la pelota”, “el cero escondido”, “caliente”, “la anda” y otros juegos de chavalos. “ahora los niños no juegan eso porque se dedican a ver televisión o pasan horas sentados jugando nintendo y sus pláticas son de otras cosas”, se lamenta. Pero don Manuel no se deja vencer por el desánimo y sigue trabajando con la pequeña liga de béisbol que formó con los niños de su amado Somotillo.  

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