Aventura riesgosa

Noelia Sánchez Ricarte – [email protected] RIVAS.- Una de las singulares y arriesgadas aventuras que se viven de vez en cuando en el municipio de Cárdenas, es sin duda el viaje “acuático” que emprenden las personas que se dirigen hacia Colón, una comunidad que delimita el borde fronterizo entre Costa Rica y Nicaragua y que por […]

Noelia Sánchez Ricarte – [email protected]

RIVAS.- Una de las singulares y arriesgadas aventuras que se viven de vez en cuando en el municipio de Cárdenas, es sin duda el viaje “acuático” que emprenden las personas que se dirigen hacia Colón, una comunidad que delimita el borde fronterizo entre Costa Rica y Nicaragua y que por el momento sólo es posible frecuentarlo navegando por el gran Lago.

Y es que todavía para los viajeros es un sueño la carretera que al fin comunique la comunidad de Colón con Cárdenas; una vieja promesa que por ahora su construcción apenas comienza.

La peligrosa aventura sólo es posible el martes y viernes, cuando salen dos lanchas hacia esa comunidad transportando cualquier cantidad de gente y artículos. En cambio en Colón las mismas lanchas regresan a Cárdenas el miércoles y sábado.

El paseo dura nada más y nada menos que cuatro horas, pero esto cuando las aguas están “calmas”; cuando la naturaleza no favorece mucho, el viaje puede durar más de cinco horas.

El trajín comienza cuando los pasajeros suben a la pequeña e incómoda nave acuática; a falta de un muelle cada pasajero tiene que subir por cuenta propia a la lancha y esto significa que para llegar hasta ella hay que mojarse.

Calcular el justo momento para subirse a la lanchita, es algo que no se debe olvidar, puesto que un esfuerzo indebido puede que ocasione su caída al lago.

El paso intermedio para zarpar es la acarreada de los artículos, el día que LA PRENSA visitó este municipio se trasladaban a la lancha sacos de cemento, alambre de púas, huevos; todo se transportaban en las cabezas de los muchachos que tienen la tarea de llevarlos sanos y salvos a la embarcación.

A medida que la lancha tiene más carga se aleja poco a poco de la costa, esto para que tanto peso no la encalle.

Una vez que acaba esta parte de la odisea, listo… el barco sale hacia su destino, al fin todo sin contratiempos, a no ser por un pequeño apagón en los motores de la lancha que dejó sin movimiento a esta embarcación por espacio de diez minutos, a una distancia bastante alejada de la costa, que sin duda puso a temblar a los pasajeros.

Del estado de las lanchas no se puede decir mucho, lo más importante, y que tampoco deja de representar un peligro, es que no tienen salvavidas, ni condiciones para transportar personas y artículos; pues lo hacen sin diferenciación (es decir todo junto).

En pocas palabras, algo que se necesita en este lugar es un muelle, que evitaría muchas mojadas… y situaciones embarazosas.  

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