Orlando Valenzuela [email protected]
Los triciclos ya forman parte del folklore local de Somotillo, pero también son una fuente importante de trabajo para casi trescientos hombres que disfrazan el desempleo pedaleando casi quince horas diarias en medio del abrasante sol del Occidente.
La idea parece haber llegado de los países asiáticos, donde es común ver a los turistas europeos viajando cómodos en carretillas y triciclos halados por famélicos hombrecillos que van dejando la lengua en cada esquina a cambio de unos cuantos centavos de dólar.
A Somotillo llegaron hace algunos años los primeros triciclos fabricados en Jinotepe y fueron la solución para muchos que ya tenían callos en la espalda de tanto echarse a tuto los sacos y cajas de mercaderías que trasladaban del otro lado de la frontera.
Patricio González Betanco, de 35 años, era uno de esos muleros que diario halaba lotes de mercadería hondureña, salvadoreña y guatemalteca hasta donde el cliente le dijera. Durante cuatro años estuvo halando a puro golpe de talón, una carreta de mano, del mercado al centro del pueblo, trabajando “como buey” según sus propias palabras.
Pero aquellos duros días ya son parte del pasado, porque desde hace cinco años empezó a trabajar sentado y bajo la sombra de la amplia sombrilla de los nuevos triciclos que inundaron la ciudad.
De tez morena, baja estatura, pero contextura fuerte, afirma que para trabajar en los triciclos tiene que comer más frijoles para tener fuerza en las piernas, de lo contrario no podría subir algunas calles empinadas con un par de clientes sentados en la canastera.
Sus amigos le llaman “Colindres”, quizás porque a la vida se le enfrenta “como gato panza arriba”, pues sólo él sabe cómo le hace para mantener a su esposa y sus cinco hijos con los veinticinco o treinta córdobas que se gana al día, los cuales ya no tiene que compartir con el dueño del triciclo, como lo hacía cuando alquilaba el liviano aparato, porque ya compró el suyo.
“Este trabajo es peligroso porque a uno lo puede atropellar un furgón o lo pueden asaltar para robarle el dinero y el triciclo, pero ni modo, con esto cubro las necesidades de mi casa: comida, luz, agua y otras cositas, pero lo importante es que éste es un trabajo honrado”, dijo con firmeza Patricio, que casi siempre se mantiene por la parada de buses del Granero.