Doña Yamilet del Socorro betanco, mostrando uno de los petates que elabora en su casa de la comunidad El Ojoche. LA PRENSA/O. VALENZUELA.

El Ojoche, un valle de barro

Orlando [email protected] En la comunidad El Ojoche, a unos 18 kilómetros al este de Somotillo, muchas familias se dedican a la artesanía de barro y tule, materias primas para elaborar las casi infaltables ollas y comales para la cocina y los frescos petates para el camastro de los dormitorios campesinos. Doña Francisca Artola Vallecillo, de […]

Orlando [email protected]

En la comunidad El Ojoche, a unos 18 kilómetros al este de Somotillo, muchas familias se dedican a la artesanía de barro y tule, materias primas para elaborar las casi infaltables ollas y comales para la cocina y los frescos petates para el camastro de los dormitorios campesinos.

Doña Francisca Artola Vallecillo, de 44 años, habita contiguo al campo de béisbol de esta comunidad, lugar donde construyó un rústico horno para quemar los cubules de cabeza, comales, alcancías, tinajas, tazas y cualquier tipo de trabajo en barro que el cliente le encargue.

Ella empezó a trabajar con el barro desde que tenía 14 años, cuando su mamá le enseñó los primeros pasos en este difícil y mal pagado oficio artesanal. Su técnica es simple, así como el diseño de sus piezas y aunque el esfuerzo es grande, el costo de las piezas es muy poco, pues una olla para guardar agua de regular tamaño vale 15 córdobas, mientras que un comal sólo cuesta 5 córdobas.

Tiene ocho hijos a su cargo y aunque sabe hacer todo tipo de manualidades en barro, ella dice que no se dedica sólo a la cerámica, pues aquí no se vende y más bien lo hace “por pura diversión, por no estar de balde, porque en este caserío casi en todas las casas la gente trabaja el barro. Pero de todos modos, la gente que quiere llevar algún recuerdo o una pieza de cerámica utilitaria, puede hacerlo comprándole a doña Francisca Artola.

En la misma comunidad, pero más a la orilla de la carretera, doña Jamilet del Socorro Betanco, de 40 años, tiene casi tres décadas de elaborar los frescos petates de tule que son como el Set Luna del campesino.

De su mamá aprendió las técnicas del tejido en tule cuando sólo tenía 12 años y desde entonces sigue haciendo los petates con el mismo procedimiento, por eso sus productos son siempre casi iguales en su colorido natural. La destreza de sus manos es tal, que en una semana puede hacer tres petates de los grandes sin desatender los oficios de su casa.

Es en esta época de verano cuando más se producen los petates, pues el tule no crece igual en invierno, por eso ella no toma esta actividad como su única alternativa de subsistencia, porque como ella misma dice “esto es sólo para medio mantenerse y no estar de balde en la casa”. Los petates que doña Jamilet hace tiene un valor de 50 córdobas y sirven para dormir en el lugar más improvisto y pueden guardarse sin ocupar mucho espacio.  

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