Cornelio Hopman
Desde hace buen rato me inquieta la pregunta ¿por qué -a pesar de tantos miles de millones de dólares transferidos- la economía real nicaragüense se niega a reaccionar como los autores y responsables de los programas como el ESAF o de las diversas estrategias de lucha contra la pobreza nos han prometido?
Tenemos hoy más pobreza en términos relativos -de ingreso real por los segmentos bajos- y absolutos que hace 5 ó 6 años. Los precios al consumidor de los productos no han caído -como se nos prometió como resultado de abrir las fronteras. La brecha entre interés por activos y interés por pasivo sigue igual. Y por ende la deuda externa ha aumentado y la brecha comercial es más grande que nunca, a pesar que el servicio real de la deuda externa durante los últimos 4 años ha sido más bajo que nunca.
En suma pues un fracaso rotundo y completo. No creo que este fracaso sea resultado de pura incompetencia individual de los actores económicos mucho menos que fuera resultado sólo de corrupción tradicional omnipresente, aunque ambos factores quizás tengan su incidencia.
Comienzo a sospechar, que no se hayan tomado en cuenta factores o elementos claves de la dinámica propia de una economía como la nicaragüense, los que -al ignorarlos- nos están atrapando en un callejón sin salida. Dicho de otra forma, se ha creado una situación, en la cual aún cuando todos los actores con poder y posibilidad real de decisión actuaran de la mejor forma con relación a su interés particular, el resultado global es más y no menos miseria, exactamente lo contrario a la promesa de la dinámica de la economía libre.
El primer factor, que al parecer no se está tomando en cuenta, es que el volumen global de las transacciones económicas es demasiado pequeño para que esto incentive la inversión o participación extranjera, mientras al mismo tiempo el peso real de los flujos de cooperación externa en sus diversas formas duplica hasta triplica lo invertido en actividades productivas, incentivando por tanto el welfare syndrom en lugar de reducirlo.
En cifras: todos los activos (préstamos) de todo el sistema financiero sumados no llegan a 1,800 millones de US$. Esto es la misma suma que se proyecta para gastarse solamente en la Estrategia reforzada contra la Pobreza, la que no contiene ningún componente productivo, sin incluir aún todos los otros proyectos de asistencia.
El bajo volumen de la economía más su distorsión por la cooperación hace de Nicaragua un país poco atractivo para abrir sucursales por la banca internacional grande, dejando un rinconcito de baja eficiencia pero de alta rentabilidad a la banca privada chiquita nicaragüense, igual como -en otro nivel- lo ocupa la pulpería en la esquina. Por los mismos bajos volúmenes absolutos de importaciones y exportaciones, Nicaragua tampoco es lugar interesante para las grandes casas comerciales, dejando oportunidad a los hermanos Centeno Roque en la exportación y casas importadoras con márgenes de make-up del 48% al 50% sin impuestos, sobre precios al detalle en el exterior, ineficiente pero altamente rentable. Mucho menos hay atractivos para inversiones productivas masivas y a largo plazo por el exterior, como por ejemplo en energía, dado que la capacidad en crecimiento de la demanda es muy, pero muy limitada. Nicaragua toda en este momento consume menos energía que Tallahassee en Florida. Se puede notar que la falta de la demanda sube los precios por factores de escala en lugar de bajarlos: Muchos productos finales del consumo -aún impuestos restados- son en Nicaragua más caros que en la vecina Costa Rica. Hasta la pizza en Pizza Hut es más barata allá que acá… Hay un segundo factor: como consecuencia de la guerra y la década sandinista más los cambios en la propiedad rural y el desmantelamiento de la industria nacional, el país se quedó casi por completo descapitalizado, de tal forma que los agentes productivos se quedaron no solamente sin capital invertido sino además sin capital de trabajo. Por otro lado, analizando los ingresos per cápita, el 40% de los nicaragüenses no recibe ni lo necesario para sobrevivir y solamente el 20% tienen capacidad real de ahorro, con los resultados limitados ya mencionados. Prestando estos ahorros limitados a tasas del 24% por arriba como capital de trabajo, queda un margen cero para el agente productivo mismo para acumular capital inversionista, sin hablar de las tasas de usura que cobran las ONG sin fines de lucro con 28, 30, 50% a gente, que apenas gana para sobrevivir. Al cerrar la llave del crédito público por razones políticas y al no tener acceso a créditos privados internacionales, obviamente la economía postrada no tiene la capacidad de renovarse e incrementar eficiencia y rentabilidad por carecer de capacidad real de ahorro… O sea se recetó la recuperación vía inversión privada pero sin saber y -sospecho yo- sin aún haber investigado, las fuentes de donde iba venir el capital privado de inversión, requerido para la recuperación del país. Casa de naipes se llama esto.
No obstante, en lugar de corregir la política errada, de mal vamos al absurdo: dado que las instituciones financieras internacionales trabajan solamente con estados y por razones poco convincentes -diría yo de pura ideología- se ha eliminado al Estado como fuente para inversiones productivas, se gasta y gasta y gasta en proyectos de poco hasta cero impacto sobre el aumento de la producción real, como programas de fortalecimiento institucional, asistencia social, ambiente, salud etc., etc.
Hasta los programas de infraestructura -como rehabilitación de la red vial y mejoras en la red de distribución eléctrica- reducen solamente costos marginales sin facilitar la producción de un solo bien adicional. Pero la inversión en plantas generadoras -la producción de energía- se evita como el diablo el agua bendita.
Como resultado el conjunto de las ONG se ha convertido en el segundo empleador más importante del país. Con un estimado de 78,000 empleados en diversas formas poco falta para que desplace al Estado. En efecto neto hemos sustituido las estructuras públicas de administración y asistencia, las que mal o bien por lo menos formalmente son sujeto al control público -por un enjambre, que no responde a nadie- salvo quizás sus financiadores en el exterior. Pero este enjambre no actúa en ningún mercado libre ni es productivo de por sí mismo o sea no hay tampoco mano invisible de competencia para promover eficiencia, efectividad y eficacia en el uso de los recursos. Viven de la transferencia, no de la producción misma. Como muestra de botón: en lugar de fortalecer la industria -aunque sea pequeña y aún artesanal- de la construcción se nos vende como ‘logro’ la autoconstrucción artesanal por pobres mujeres forzadas al trabajo de aficionado por pura necesidad, mientras normalmente se proclama con logro de desarrollo el mayor grado de especialización y preparación resultando en mayor productividad. O sea la receta de desarrollo para nosotros se llama en cristiano subdesarrollo perpetuo.
Quien en estas circunstancia sigue apostando a la producción de bienes y servicios con eficiencia en lugar de buscar su tuco del pastel ‘cooperación’, actúa contra sus propios intereses personales. En suma pues quedamos atrapados en la miseria como condición de nuestra existencia como nación, exactamente lo opuesto al que nos prometieron los especialistas económicas y el ejército de cooperantes.