Edgard Tijerino M. [email protected]
El debate sobre quién es el mejor púgil del mundo libra por libra siempre está abierto, pero los expertos norteamericanos, con quienes nunca me atrevería a compararme, creen que la resonante victoria de Tito Trinidad sobre Fernando Vargas el pasado sábado en Las Vegas lo ha cerrado por ahora… Yo no lo creo.
La polémica continúa, y hay que incluir a Shane Mosley, posiblemente el nuevo Robinson, con posibilidades de superar a Ray “Sugar” Leonard… También Oscar de la Hoya es digno de seguir siendo considerado, y por supuesto, pese a pertenecer a una categoría que obliga a utilizar lupa, no se puede sacar de pantalla al “Finito” López, sobreviviendo al paso del tiempo, a la inactividad, al desgaste psíquico que provoca el boxeo.
Admito sí, que como decía Lenin, los hechos son testarudos, y no pueden ser derribados. Lo cual favorece a Trinidad en estos momentos de mayúscula excitación a su alrededor.
Pero, ¿existe alguna certeza sobre el verdadero nivel de Roy Jones?… Hasta hoy, el deslumbrante peleador que se mueve en el casillero ligero-pesado ha sido culpable de no haber enfrentado una exigente oposición, y consecuentemente, no permitir un diagnóstico preciso sobre lo mejor de sus habilidades, de su corazón, de su excedencia de recursos, de su punch.
La grandeza de Roy Jones sigue siendo una especulación, y puedo asegurar que ni siquiera un triunfo sobre Trinidad podría autenticarla… Se dirá que un campeón como Tito, escalando peldaños de peligrosidad en categorías superiores para tomar mayores riesgos, está propenso a ser detenido, y se citarán múltiples casos.
Quizás si Roy Jones derrotara a Mike Tyson podríamos comprobar su grandeza.
Dice Wallace Mathews, columnista de boxeo de la revista Times y del New York Post, y coinciden con él Ron Borges del Boston Globe y Tim Smith del Newsday, que ahora sí, Trinidad es el indiscutible mejor del mundo libra por libra.
Claro, ellos tienen en mano los hechos, y Trinidad es el hombre del momento… Ciertamente lo realizado por el boricua es admirable por su consistencia. Se coronó en 1993, igual que Jones, y nunca ha perdido. La única derrota de Jones fue por descalificación ante Montell Griffith en 1997, sorprendentemente, porque Griffith no le ganaba ni con cuatro manos… Una prueba de eso, es que en la revancha, Jones lo pulverizó en un round.
Cuando Jones derrotó a James Toney en 1994, provocando una gran impresión, fue calificado inmediatamente como el futuro fenómeno. Pero venciendo a los Antoine Byrd, Vinny Pazienza, Tony Thorton, Eric Lucas, Brian Brannon, Lou del Valle, Otis Grant, Rick Frazier, Reggie Johnson, no logró fortalecer su reputación.
Trinidad en cambio, ha derrotado a los mejores oponentes imaginables, entre ellos, De la Hoya discutiblemente, Whitaker, Oba Carr, David Reid y Fernando Vargas. ¿Cómo discutirlo en éstos momentos?
El titulo del Post lo dice todo: “Hey, paren el recuento. Félix es el Rey”.
Frente a Vargas, Trinidad demostró que frente a un rival de tanta envergadura puede liquidar un combate en el propio arranque, sostener un dominio en el trayecto si se alarga, y organizar su furia y capacidad de destrucción en la recta final… Puede incluso olvidarse de la cautela y arriesgar una indiscutible ventaja en puntos, para ir a fondo, contra cualquier tipo de bayonetas… Vargas ha sido el examinador más amplio de Trinidad en su carrera.
Pese a todo, el púgil que más me impresionó en el curso de este 2000 que se desvanece, fue Mosley… Por su velocidad, por su agresividad incontrolable, por la multiplicidad de sus variables, por su atrevimiento, por el fulgor de sus ráfagas, por el manejo de sus piernas, por la pulcritud de su boxeo, porque es como estar viendo a un pintor trabajando una obra maestra.
Hasta hoy, su “Mona Lisa” es el triunfo sobre De la Hoya, en tanto el sub-valorado Roy Jones todavía no encuentra el lienzo adecuado para los trazos convincentes, como los de Miguel Angel en el techo de la Capilla Sixtina.
Ojalá se le presente la oportunidad, porque de no ocurrir, nunca podremos saber qué tan grande verdaderamente fue…¿Se imaginan a Muhammad Alí sin las exigencias de Frazier, Norton y Foreman, y sin aquel ajuste de cuentas a Leon Spinks?.
Y es que los hechos son testarudos, como decía Lenin.