* Ricardo Alvarado Noguera
El desarrollo científico-tecnológico, C&T, está intrínsecamente ligado al desarrollo integral de un país; máxime ahora, en tiempos de globalización y de tecnologías sofisticadas. Sin embargo, para muchos países en desarrollo la dimensión científico-tecnológica continúa prácticamente imperceptible. Esto fácilmente se constata cuando, entre otros análisis, se observan las actividades y resultados de la Investigación y Desarrollo, I&D (de países en desarrollo e industrializados). Por ejemplo, naciones como Nicaragua y Finlandia muestran entre sí diferencias sustanciales en los indicadores económicos, sociales, científicos, tecnológicos y, por ende, en los niveles de competitividad. Por otra parte, el factor de los recursos económicos en la I&D resulta, si no decisivo, sumamente importante. Finlandia, país caracterizado por su excelencia científica y tecnológica, dedica a la I&D aproximadamente un 3% de su PIB, cantidad que supera por buen trecho al PIB (total) de Nicaragua.
En muchos países industrializados el porcentaje dirigido a la I&D oscila entre el 1.5% y el 3% del PIB. Empero, sólo algunas de esas naciones aportan el 0.7% del PIB (% recomendado por la ONU, para la cooperación) a los países en desarrollo.
El PIB de Nicaragua en 1997 fue de aproximadamente USD 2,000 millones. Finlandia (Nicaragua y Finlandia tienen, aproximadamente, 5 millones de habitantes cada uno), destinó a la I&D en 1997 unos 2,860 millones de USD, es decir, cantidad mayor que la del PIB de Nicaragua en ese año. Nicaragua es un país con una pesada deuda externa (una de las 41 naciones pobres en el paquete HIPC), que impide destinar recursos frescos –utilizados para cubrir el servicio de la deuda–, para atender necesidades apremiantes de salud, generación de empleo, educación. La variable C&T se ve reducida, al no quedar otra alternativa, a su mínima expresión. Por otra parte, la importancia que países como Finlandia asignan al desarrollo científico-tecnológico ha permitido a éstos lograr éxitos en la arena de la globalización y de la competencia. El Instituto Internacional para el Desarrollo Administrativo (IMD), clasificó recientemente a Finlandia como el tercer país más competitivo del mundo; posición que ocupó también en 1999. Según los resultados del IMD, solamente Estados Unidos y Singapur superan a Finlandia en el cumplimiento de los criterios del IMD para determinar el grado de competitividad en un mundo competitivo: economía doméstica, internacionalización, gobierno, finanzas, infraestructura, administración, ciencia y tecnología y recursos humanos.
Resulta ilustrativo igualmente referirse a las clasificaciones de publicaciones como The Financial Times. De acuerdo al Global 500, las compañías más grandes del mundo (en términos de capital), son en su mayoría estadounidenses. De los 25 primeros lugares, 15 son ocupados por firmas de EE.UU. (que a su vez ocupan los 4 primeros lugares) La finlandesa Nokia ocupa el lugar #9. Acompañan al selecto grupo 3 compañías japonesas, 2 compañías del Reino Unido y Holanda, Alemania, Francia y Suecia participan con 1 cada uno. Las empresas, universidades y centros de investigación en los países industrializados disponen de suficientes recursos para las actividades de I&D; y no es un secreto que la mayoría de los centros de investigación más avanzados en C&T radica en esos países. Obsérvese también la clasificación de The Financial Times, respecto a la educación en ciencias empresariales. La mayor parte de las 30 universidades que aparecen en la lista se localizan en Europa y EE.UU.
Existe una relación esencial en el triángulo academia-sector empresarial-organizaciones de gobierno y laborales, que determina el ímpetu del desarrollo económico, sumado todo lo anterior a una buena disponibilidad de recursos, humanos y financieros. También vale reiterar la importancia vital, en el engranaje del desarrollo, que representa la educación básica. La competitividad, I&D y C&T de países como Finlandia descansa en las sólidas raíces de la educación básica. Así, en el “secreto de la dimensión nórdica”, la educación básica reclama seguramente un buen puntaje de responsabilidad.
¿Las TI, panacea?
El Informe de PANOS (1998), presenta una serie de datos de interés, que ocasionan un sinnúmero de interrogantes. Para el año 2001, el número de usuarios de Internet en Africa, Latinoamérica, el Caribe, y los países del este y centro de Europa, habrán casi cuadriplicado la cifra de 7.6 millones de usuarios de 1998, es decir, pasará a 25.6 millones. Pero, para esa época ¿cuál será la cifra de usuarios en los países industrializados? En Finlandia en enero de 1999 había más de 100 computadoras conectadas al Internet por cada 1,000 habitantes. Esto seguramente garantizaba el acceso al Internet a la mayor parte, o a toda la población finlandesa. Lo anterior no es extraño si se considera que el 75% de los teléfonos del mundo se concentran en ocho países industrializados. Ciertamente, los contrastes abundan y la comparación de Bangla Desh resulta inevitable: “en Bangla Desh es más barata una vaca que un módem”. La fiebre de las Tecnologías de la Información, TI, puede que tenga apogeo consumidor en regiones como la latinoamericana, pero es en los países industrializados donde bulle en innovación y en generación de nuevas tecnologías. Así quizás para el año 2001, los 25.6 millones de usuarios del Internet en los países en desarrollo, tendrán posiblemente que aprestarse a consumir nuevas tecnologías provenientes de los países líderes en la revolución de las TI, o resignarse a la relegación.
Por otra parte, si bien es cierto que el Internet permite –si se tiene acceso–, disponer de información de todo tipo, también es cierto que la mayor parte de la información científica-técnica de punta se encuentra en forma de patentes y licencias, cuyos derechos de adquisición son, en términos económicos, prohibitivos para las posibilidades de los países en desarrollo.
En el nuevo milenio habrá que encontrar nuevas estrategias y mecanismos que eviten el engrandecimiento de la crónica brecha entre los países en desarrollo y los industrializados. En esas estrategias habrá que tomar muy en consideración la dimensión C&T, de forma que la transferencia, adaptación y/o desarrollo de la C&T permita impulsar, en forma real y efectiva, el desarrollo sostenible de los países en desarrollo, contribuyendo con ello a reducir la pobreza. La dimensión de la C&T es universal y trascendente y no reconoce fronteras ni latitudes. Sus esfuerzos y alcances bien utilizados en beneficio de la humanidad, sin exclusión alguna, pueden reducir en gran medida las punzantes diferencias existentes en los puntos cardinales del mundo moderno. La tabla siguiente se refiere a la Ayuda al Desarrollo, en términos de % del PIB, de algunos países industrializados.
Este artículo sugiere que los países industrializados, sobre todo los más prósperos, consideren la posibilidad de incrementar, en montos que permitan al menos igualar esos dirigidos a la I&D, los volúmenes de cooperación para el desarrollo. El incremento tendría como propósito orientar mayores recursos a la educación en general, con énfasis en la educación básica, salud y en la transferencia, adaptación y/o desarrollo de Ciencia y Tecnología, C&T. C&T aplicada a las necesidades locales, pero sin descuidar la dinámica científico-tecnológica en el contexto de la globalización.
*(Extractos de artículo presentado en el Instituto Renvall de la Universidad de Helsinki, Finlandia)
Encargado de Negocios a.i. de Nicaragua en Finlandia.