"La Ramba", historia de un póster Contra

Reportaje - 04.09.2022
La-Ramba3-2

Una mujer llega a Miami en diciembre de 1986 y se convierte en la imagen de un póster que se vendió a cinco dólares para apoyar económicamente a la guerrilla contra los sandinistas

Por Revista Magazine

Cinco dólares costaban cada póster. En la imagen del mismo se aprecia a una mujer vestida de uniforme militar, solo que en vez de camisa lleva camisola. Con la mano derecha empuña un fusil M16, el cual tiene una bayoneta adherida al cañón. La mano izquierda la tiene apoyada en la cintura, cerca de donde le cuelga una banda de proyectiles de ametralladora que le cae desde el hombro derecho.

La indumentaria de la mujer se complementa con un rosario que le cuelga del cuello y que termina en el pecho con un crucifijo. En la cintura, asidas a un fajón, porta una cantimplora y una granada de mano. Alrededor de la cabeza tiene amarrado un pañuelo.

La imagen de la mujer traía rápidamente a colación a la del actor Sylvester Stallone cuando posó para el también póster de su icónica película Rambo, en el que interpreta a un veterano de la guerra de Vietnam, John James Rambo, sumamente experto en todas las técnicas de supervivencia y guerra de guerrillas.

Pero la mujer del poster ni es actriz ni es modelo. Tiene una historia de guerra real casi tan intensa como la ficticia del Rambo de Stallone. Por eso, en Miami, Florida, tanto a la mujer que protagonizó el póster como a la imagen misma, le comenzaron a llamar La Ramba.

El fondo de la imagen es maleza, dando la sensación que la mujer está en la montaña. Y, quizá lo más importante, es la leyenda que tiene en la parte superior derecha: I love Nicaraguan Freedom Fighters, solo que en lugar de la palabra love está un corazón rojo. “Amo a los luchadores por la libertad de Nicaragua”, es lo que dice en español.

El póster conocido como La Ramba. FOTO/ CORTESÍA

Técnicamente, explican conocedores de armas, la composición de la imagen no tiene sentido. Primero, la mujer sostiene un fusil que se carga con magazine y no con banda de ametralladora, por lo cual no encaja la banda de tiros, que es de una M60.

Segundo, la foto fue tomada en los humedales de Florida, Estados Unidos, mejor conocidos como Everglades, y no en las montañas de Nicaragua, que es donde peleaban los “los luchadores por la libertad de Nicaragua”, tal como el presidente norteamericano Ronald Reagan se refería a los contras, la guerrilla nicaragüense que luchaba contra el régimen sandinista que gobernaba Nicaragua en los años ochenta del siglo pasado.

Esos detalles resultaban intrascendentes para el motivo por el cual se había elaborado el póster: obtener dinero para financiar a los contras, ya que, en aquel momento, 1987, se le había desatado un conflicto al presidente Reagan, pues, a pesar de que el Congreso le había prohibido enviar recursos a la guerrilla nicaragüense, el escándalo Irán-Contras puso al descubierto que el mandatario estadounidense de manera secreta seguía apoyando a los contras.

La Contra languidecía en las montañas de Nicaragua urgida de recursos.

***

Ya era mediodía del 19 de julio de 1979 y Loida Regina Rocha Vásquez todavía no sabía que los sandinistas se habían tomado Managua y que había terminado la guerra entre los guerrilleros y la Guardia Nacional del dictador Anastasio Somoza Debayle.

Rocha, entonces una joven de 21 años de edad, afirma que en ese momento era soldado de la EEBI (Escuela de Entrenamiento Básico y de Infantería), bajo el mando de “El Chigüín”, Anastasio Somoza Portocarrero. Se encontraba peleando en Matiguás, Matagalpa, cuando ese día ella y sus compañeros comenzaron a ver que todo mundo corría de un lado para otro. “¿Qué pasa?”, se preguntaban.

Rocha se enteró de todo cuando se salió de su tropa y se fue a hablar con otro grupo de guardias. “Los sandinistas ya tienen agarrado a Nicaragua”, le dijeron.

Fue un momento muy duro para Rocha, quien se había enamorado de la carrera militar porque tenía tíos y hermanos que eran guardias. “Yo me inclinaba siempre a lo militar porque se miraba ese coraje, super rectos, todo bien ordenado, me gustaba la disciplina. Era una buena opción para mí poder trabajar y luchar por mi país”, explica a la Revista MAGAZINE.

Según Rocha, ella entró a la Guardia Nacional en 1975 y se graduó en la primera promoción de la EEBI. Tuvo que haber sido de una de las dos promociones de mujeres policías que tuvo la EEBI, explica uno de los exjefes de ese cuerpo armado, Justiniano Pérez, porque propiamente en la EEBI no había mujeres.

Loida Rocha en la actualidad. FOTO/ CORTESÍA

Algunas de esas mujeres policías se hicieron paracaidistas y luego fueron voluntarias para algunas misiones de combate al lado de los hombres, añade Pérez. Eso explicaría por qué algunos exmiembros de la EEBI, consultados por MAGAZINE, dicen que no conocieron a Rocha en las filas de ese cuerpo especial de la Guardia Nacional.

Cuando Rocha se enteró que los sandinistas asaltaron el poder, al mediodía de aquel 19 de julio de 1979, inmediatamente comenzó a ver cómo hacía para irse de Matiguás, pues no había carro.

“Me metí a una casa, que por dicha eran de los nuestros (somocistas), y me dijeron que iban a ver la forma de llevarme a Managua. Yo les dije que tenía que quitarme el uniforme. Me dieron ropa. Todo lo dejé tirado”, recuerda Rocha.

Momentos después, mientras era trasladada en una camioneta por civiles, Rocha iba viendo en el camino como los sandinistas le pegaban fuego a casas y a personas, asegura.

“Todavía miré cómo incendiaban gente, les echaban gasolina, los incendiaban con fósforo y ahí vi, pobres, como ellos se quemaban. Miré a algunos de mis compañeros y entonces ellos me miraban. Ni ellos podían ayudarme ni yo a ellos y yo los miré morir así. Nos comunicábamos con los ojos, me decían que no hablara. Eso fue horrible. Pero así murieron ellos. Todavía tengo el trauma de la guerra. Todavía recibo terapia y consejería”, expresa Rocha, quien ahora, a los 64 años de edad, vive en Estados Unidos.

Al llegar a Managua, fue a su casa para buscar a su madre, Rosa Vásquez, pero no había nadie en la vivienda. Se tuvo que regresar con las personas de Matiguás que le llevaban. Se dirigió a Tipitapa, porque unos vecinos le dijeron que para ese lugar había huido toda la gente.

Al encontrar a su madre en Tipitapa, y demás familiares, le contaron que ellos también estuvieron a punto de fallecer, ya que los sandinistas les exigían, que, si no la encontraban a ella, iban a matar a su mamá y a su papá, Carlos Rocha Tercero, así como a una “hermanita que es enfermita”.

“Ya los tenían arrodillados. Ya los iban a ametrallar, pero uno, que supuestamente era comunista, les dijo no, esos señores son muy buenos, que esto y que lo otro. Entonces no les hicieron nada, eso los salvó. Gracias a Dios. Dicen que en las calles decían mi nombre: Loida sapa, Loida sapa. Me buscaban como qué. No pudieron agarrarme”, cuenta Rocha.

Tras la llegada al poder de los sandinistas, Rocha permaneció algunos meses en Managua. Escondida. “Si salía, era con pelucas o cosas así”, indica.

Sin embargo, la situación era insostenible. Tenía que salir. Se fue a la montaña, a unirse a la Contra cuando esta guerrilla apenas empezaba. Sus contactos para ingresar fueron Adolfo Calero Portocarrero y Salvador Abaunza.

En la Contra, Rocha adoptó los seudónimos de “518” y, especialmente, “Comandante María”.

Su primer jefe militar fue el coronel Rivera. Aunque ella no dice el nombre completo, exintegrantes de la contra dicen que pudo haberse tratado de Pedro León Rivera Amaya, “Brinquín”, quien fue el último responsable de las tropas presidenciales de la Guardia Nacional, encargadas de la defensa de Managua, antes de que los sandinistas se tomaran la capital.

Los contras fueron financiados por Estados Unidos en los años ochenta. FOTO/ CORTESÍA/ ENRIQUE ZELAYA CRUZ

El coronel Rivera fue el jefe del Destacamento 100 de la Legión 15 de Septiembre, que fue el origen de la contra, según destaca el exjefe de la EEBI, Justiniano Pérez. Eso significa que Loida Rocha entró a la Contra desde sus inicios.

“Al principio, yo comencé para el lado del del norte siempre. Mi batallón era el 518 o Comandante María. Tropa María. El comandante era yo misma. Yo era la comandante María. Tenía hombres y mujeres que yo era su jefe de ellos”, asegura Rocha.

Rocha explica que tuvo diferencias con Adolfo Calero y decidió irse a las tropas que dirigía Steadman Fagoth, quien estaba al frente de un grupo de miskitos. Fagoth, explica Justiniano Pérez, fue el “amarre” entre legionarios y miskitos de una manera formal. Fagoth dirigía al Frente Atlántico, llamado Misura (Miskitos, sumos y ramas).

“Me paso a la Costa Atlántica porque había problemas con Adolfo Calero. No quise ser cómplice de algunas cosas que él estaba haciendo y entonces no, no quise ni dar problemas ni meter problemas. Dije yo, mejor busco cambiarme con Steadman Fagoth. Me contacté con él y dijo claro que sí”, cuenta Rocha.

Ahí estaría hasta 1986. Tras haber sido capturada por los sandinistas, y haber permanecido cinco días secuestrada y siendo torturada, Rocha escapó y se fue a los Estados Unidos, donde su imagen terminó en un póster que se vendía a cinco dólares para recaudar fondos a favor de la contra nicaragüense.

***

Lo más difícil para Rocha, mientras anduvo en la Contra, era la incertidumbre de no saber en qué momento se podían topar con el ejército sandinista y se iniciara un combate. “Si había que haber intercambio de balas y todas esas cosas, pues había que hacerlo, pero sí era difícil estar pendiente, porque en realidad era estar pensando qué es lo que va a pasar ahora”, cuenta la mujer.

Un día de 1986, no recuerda la fecha exacta, se descuidó. Iban avanzando en una zona entre Río Blanco y Mulukukú cuando se fue quedando atrás mientras su tropa avanzaba y cayó en manos de tres cubanos que apoyaban al ejército sandinista.

“Cuando me capturan, estaban las tropas conmigo y de repente no sé qué pasó y me quedé atrás. Yo no me iba a imaginar que iba a pasar eso. Eran tres cubanos, lo supe por el hablado de ellos. Parece que ellos nos estaban espiando”, relata Rocha.

A partir de ese momento, Rocha pasó cinco días secuestrada por los sandinistas. La golpeaban, la pateaban. “Hicieron conmigo lo que quisieron”, resume ella.

“Me golpearon con una silla. Me amarraron con un mecate, los brazos para atrás. Me pedían algunas informaciones de los jefes mayores, que querían saber ellos y numeraciones, pero yo les dije: me van a matar, pero yo no voy a decir nada, de mi boca no van a saber nada. Entonces ellos decían: vas a morir. Y me ponían el arma en mi cabeza, que me iban a matar. Ah, no importa, les decía. Y entonces me golpeaban porque yo no hablaba. Bueno, me seguirán golpeando, les digo, pero yo no voy a dar información de seguridad a nadie. Después tiraron balazos como asustándome, según ellos, hasta que me pegaron uno en la pierna izquierda”, narra Rocha.

Desde el momento en que fue capturada, Rocha pensó en escapar. Como la tenían amarrada a una silla, en cada oportunidad que tenía, cuando sus captores no la veían, ella se iba soltando poco a poco, moviendo los brazos para aflojar el mecate. “La cuerda, entre más y más le vas haciendo, se desamarra”, afirma.

Otros modelos que participaron junto a Loida Rocha en la elaboración del póster a favor de la Contra, en los Everglades de Florida. FOTO/ CORTESÍA

Al quinto día, a los cubanos los llamaron por radio. Dos de ellos se fueron y quedó uno. Rocha vio que al lado de ella había un arma. Pensó en tratar de agarrarla, pero se sentía mareada. No había comido y la hemorragia en la pierna izquierda la había debilitado.

El cubano que había quedado salió a fumar. “Miré que encendió el cigarro. Yo despacito, despacito, miré el arma al lado y ahí yo dije aquí está mi salvación. Entonces agarré el Galil y ya tuve que escapar, como dicen guerra es guerra, sálvese el que pueda y así pude salir, así puede escapar”, explica Rocha.

La mujer se apretó la pierna para detener la hemorragia y, mientras huía entre el monte, escuchó una avioneta y, con un pañuelo, trató de llamar la atención de sus tripulantes. “Me ayudaron a tiempo unos que andaban dando vueltas en una avioneta, de los nuestros. Yo lo levantaba el pañuelo, pero hasta al tiempo me vieron. Tiraron la escalera para yo subir y me ayudaron”, recuerda ella.

Según un exjefe de la contra, esa guerrilla tenía dos aviones Douglas C-47, seis aviones ligeros Maule, dos aviones push and pull y cuatro helicópteros, dos de ellos Bell Ranger y los otros dos UNHL. Eran aparatos viejos, algunos, incluso, diseñados para la época de la Segunda Guerra Mundial.

Tras huir, Rocha se fue inmediatamente para Estados Unidos, en diciembre de 1986.

***

“Me escogieron para el póster no por bonita, sino por ser una comandante brava en la guerra”, afirma Loida Rocha, la mujer que aparece vestida de militar, con el M16, en el póster que se estuvo vendiendo, en 1987, a cinco dólares para recaudar fondos a beneficio de la contra nicaragüense.

El escándalo Irán-Contras, que estalló en noviembre de 1986, y mediante el cual se había conocido que el presidente norteamericano Ronald Reagan todavía apoyaba económicamente a la contra, a pesar de la prohibición del congreso estadounidense, había dejado en una posición financiera muy mala a los rebeldes nicaragüense.

Los nicaragüenses en Estados Unidos hacían esfuerzos para apoyar la lucha contra los sandinistas.

En La Estrella de Nicaragua, un periódico del nicaragüense Nicolás López Maltez, elaboraron un póster para venderlo y recaudar fondos para la contra. La modelo elegida fue Loida Rocha.

“Loida Regina no fue usada solamente como modelo, sino que Loida Regina Rocha fue auténtica combatiente de la Contra. Y por esa autenticidad, La Estrella de Nicaragua hizo y publicó el póster que el exilio nicaragüense de Miami le aplicó el nombre de La Ramba y fue eficaz apoyo a la propaganda de la lucha anticomunista de la contra”, explicó el periódico La Estrella de Nicaragua, en su edición de abril de 2021.

Rocha explica lo del póster así: “Fue en los Everglades (de Florida). Me dijeron de que había sido una de las mejores comandantes de la guerra y que querían hacer ese poster porque teníamos todavía gente adentro peleando. Queríamos con ese póster recaudar dinero para seguir mandando más municiones a la gente que estaba peleando”.

Otra imagen de Loida Rocha en la actualidad. FOTO/ CORTESÍA

Cuando Rocha llegaba a las oficinas estatales de Estados Unidos, en cada una de ellas veía el póster. “Qué bonito, qué honor”, se decía a ella misma.

Cuando algunas personas la conocían, le decían: “No sabía que te iba a conocer en persona”.

Sin embargo, no todo fue halagos. También hubo críticas. “Tú sabes que cuando hay cosas que se dicen, siempre hay una contra, el reverso. Algunas personas decían que era mentira que yo había estado en la contra. Miles de cosas dijeron. Pero bueno, tuve que ir al periódico, tuve que estar en la televisión, para yo decir, porque yo era lo que era, yo no iba a mentir porque no tenía necesidad de mentir”, indica Rocha.

Su exlíder en la contra, Steadman Fagoth, mandó una carta dirigida al público en general, dando fe de que Rocha realmente había peleado en la contra. La Revista MAGAZINE le escribió a Fagoth para que confirmara la historia de Rocha, pero no contestó los mensajes de WhatsApp. Aunque no dio copia de ella, Rocha sí mostró la carta de Fagoth escrita en inglés.

Rocha, en la actualidad de 64 años de edad, luego de haber protagonizado el póster, se alejó de la lucha contra el sandinismo, se casó y tuvo dos hijos. Pero, “sigo siendo La Ramba”, afirma.

Sección
Reportaje