La campaña “Navidad sin presos políticos” que enterró el terremoto de 1972

Reportaje - 05.12.2021
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Un grupo de jóvenes que demandaba en la Catedral una Navidad sin presos políticos en diciembre de 1972 fue sorprendido por el terremoto que destruyó Managua. Daniel Ortega era uno de los presos políticos de aquel entonces.

Hans Lawrence Ramírez

 

Cuando estés sentado ahí en tu mesa

donde abundará vino y caviar

piensa que en la cárcel hay hermanos

que por ti luchando están.

Ellos no tendrán este diciembre

ni relleno ni champán

pero brindarán desde sus celdas

con la copa de su ideal

 

Y luego el coro. “Feliz Navidad, feliz Navidad, en justicia y libertad”.

Esta es una estrofa de la canción que estrenó Carlos Mejía Godoy cuando se encontraba en la etapa inicial de su carrera a inicios de los setenta. La canción se llama “Navidad en libertad”, y esa parte no pudo ser grabada porque la censura somocista no se lo permitió, así que solo la canta cuando la interpreta en vivo, dice el cantautor.

La canción se estrenó la noche del 22 de diciembre de 1972, en el atrio de la vieja Catedral de Managua donde estaba un grupo de jóvenes haciendo un ayuno como parte de la campaña “Navidad sin presos políticos”. Casi la misma campaña que hacen hoy los familiares de personas que se encuentran en la misma condición, irónicamente, por uno de los reos políticos de aquel entonces: Daniel Ortega.

Eran unos 30 jóvenes que pertenecían al Movimiento Cristiano Revolucionario (MCR), entre ellos estaban Joaquín Cuadra, Arlen Siú, Flor de María Monterrey, Emilia Torres, Salvador Méndez, Álvaro Baltodano, el reverendo José Miguel Torres y el sacerdote Fernando Cardenal, entre otros.

Mónica Baltodano, mucho antes de ser guerrillera, pertenecía al MCR y también estuvo en la vieja Catedral en aquella protesta. Cuenta que la intención del ayuno era denunciar la situación de los presos políticos y la precariedad en la que vivían sus familias que no iban a poder tener una cena navideña.

“Era un ayuno ecuménico”, recuerda Baltodano, pues en el MCR había católicos y evangélicos. Todos creyentes y opositores al somocismo. La protesta comenzó la mañana de ese 22 de diciembre y se iba a prolongar por al menos siete días, para lo cual iban a llegar relevos para que los jóvenes no se desgastaran y pudieran mantener la protesta.

La toma de la vieja Catedral representaba un desafío para el régimen somocista, pues al lado estaba el Palacio Nacional donde funcionaba el congreso en aquel entonces, pero los jóvenes también tenían la intención de que la protesta se extendiera a otras iglesias y más personas se fueran sumando a la campaña.

Por la tarde y parte de la noche de ese 22 de diciembre se organizó un evento cultural. Hacía un calor infernal en Managua y había un resplandor naranja tirando a rojizo en el cielo al caer el sol de las cinco de la tarde. Ya entrada la noche, y cuando terminó de grabar un comercial en una radioemisora somocista, Carlos Mejía Godoy se fue para la Catedral.

No recuerda de dónde apareció un acordeón porque él todavía no tenía uno propio, pero empezó a tocar y ahí estrenó su nueva canción. La noche transcurría tranquila hasta que, a eso de las diez de la noche, tembló. “Ese nos puso en tensión”, cuenta Mejía Godoy. Fue un movimiento leve, pero al poco tiempo, el artista se fue con su novia a su casa, en la vieja Managua, que quedaba del Cine León, 25 metros al lago.

Carlos Mejía Godoy, calles y caminos de Nicaragua
A la izquierda, Carlos Mejía Godoy en su juventud. CORTESÍA

Los jóvenes se quedaron en la vieja Catedral y continuaron con su protesta hasta la madrugada del 23 de diciembre. Estaban durmiendo cuando el reloj del templo se detuvo, las cúpulas colapsaron y las paredes se fracturaron. Cuando la tierra dejó de ser tierra y se convirtió en flan. Cuando Managua entera se vino abajo.

***

No era la primera vez que un grupo de jóvenes se tomaba un templo para demandar la libertad de los presos políticos. Ángela Saballos era periodista del diario La Prensa para aquel entonces y a ella le tocaba cubrir esas manifestaciones.

Meses previos a ese 22 de diciembre, varios jóvenes venían haciendo distintas acciones de protesta para conseguir la liberación de los presos políticos. El escenario principal eran los templos católicos, “y a la Guardia no se le ocurría entrar a una iglesia”, cuenta Saballos.

En septiembre de 1972, la periodista recuerda a los estudiantes de la Universidad Centroamericana UCA y a su rector, el padre Fernando Cardenal, tomándose la Catedral de Managua en protesta por las torturas a los reos políticos de entonces y hasta se declararon en huelga de hambre indefinida.

Para aquel entonces, el hoy preso político Edgard Parrales, era un sacerdote que participó en esa toma. “Llegamos a la misa de las seis de la mañana. Sacamos a la gente que estaba llegando a la Catedral. Cerramos las puertas y nos tomamos el lugar. Decíamos nuestras demandas a través de los parlantes que estaban en el segundo piso”, contó en el programa Esta Semana, en diciembre de 2018.

“Empezaron los medios informativos nacionales e internacionales a informar. Se convirtió en una crisis tal, que Somoza tuvo reunión permanente con su gabinete para analizar la crisis. El arzobispo tuvo reunión con su clero para analizar la situación también”, narró Parrales.

Días después, tras la intermediación del arzobispo de Managua, monseñor Miguel Obando y Bravo, los jóvenes abandonaron el templo y Somoza Debayle tuvo que liberar a un grupo de reos. Pero todavía quedaban más presos políticos en las cárceles.

En diciembre, el MCR retomó la protesta con la campaña “Navidad sin presos políticos” y por ello decidieron quedarse en el atrio de la Catedral haciendo ayuno. A Saballos no le tocó cubrir esa vez, pero pasó con su esposo saludando a unos conocidos que se encontraban en la protesta y después se fue a un bautizo a unas pocas cuadras de ahí.

Llegó como a eso de las nueve de la noche. “Era la mezcla de un pensamiento de marxistas y un pensamiento de cristianos para demandar una navidad sin reos políticos”, recuerda la periodista sobre la protesta.

Aunque la Guardia Nacional no atacó la protesta, Saballos dice que en el edificio de TELCOR, a pocos metros de la Catedral, se encontraba un escuadrón de guardias listos para ejecutar cualquier orden.

A las diez de la noche hubo un temblor. Pero como desde varios días antes ya venía temblando, no interrumpieron la protesta, sino hasta media noche.

Mónica Baltodano estaba durmiendo en el suelo cuando de repente, la tierra se empezó a partir. Eran los 6.2 grados en la escala de Richter que estaban zangoloteando a la capital. “Cayeron los grandes tenamastes de la Catedral. Fue una coincidencia que nadie salió herido”, cuenta.

Los demás jóvenes que estaban con ella se alarmaron. Todos se levantaron y en la oscuridad de la noche salieron corriendo del atrio hacia la plaza que está enfrente.

“Comencé a correr dormida. Yo solo recuerdo que ya iba bajando las gradas de la Catedral y que caían las piedras alrededor. Aquello temblaba enormemente”, detalla Baltodano.

Desde la plaza vieron como el Club Social Managua, donde se encuentra hoy la Casa Presidencial, se vino abajo. También la discoteca Plaza que estaba frente al parque central se derrumbó y escuchaban los lamentos de cientos de personas que quedaron bajo los escombros.

Portada de un periódico brasileño tres días después del terremoto. En la imagen se aprecia a la vieja Catedral entre escombros

Cuando dejó de temblar, Managua ya estaba destruida y los jóvenes estaban atemorizados. Sorprendidos. Algunos decidieron regresar a sus hogares en busca de sus familias y otros, como Baltodano, fueron ayudar a las personas enterradas bajo la discoteca.

Saballos recuerda que la discoteca tenía un pesado techo de concreto. “Era como un queque redondo y cayó aplastando a toda la gente”, dice.

La discoteca quedaba casi en frente a la Catedral, cruzando la plaza, de manera que había una especie de paralelismo esa noche. Mientras unos festejaban con música bullangera la llegada de la Navidad, otros protestaban pidiendo una Navidad sin reos políticos.

Desde la plaza, los jóvenes manifestantes fueron los testigos de cuando el reloj de la Catedral se detuvo para siempre indicando la hora del desastre. Las 12:35 de la madrugada del 23 de diciembre de 1972.

La vieja y gris Catedral de Managua quedó en pie. Visiblemente fracturada. La cruz del campanario derecho se cayó y en algunos puntos de sus paredes y relieves quedó visible la estructura metálica debajo del concreto. El edificio ha sido inhabilitado y ha sido testigo de momento históricos de Nicaragua, como el del triunfo de la Revolución Sandinista en 1979.

Así luce la Catedral vieja en la actualidad. La entrada al templo está clausurada. Óscar Navarrete/Magazine

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En la cárcel estaba Daniel Ortega en 1972 tras el asalto a una sucursal bancaria en 1967, sin embargo, era considerado un preso político por pertenecer al Frente Sandinista.

Junto a él estaban otros miembros de la guerrilla como José Benito Escobar, Jacinto Suárez, Carlos Guadamuz, y otros que vivieron el terremoto en sus celdas de La Modelo. La cárcel, como era nueva, resistió el potente movimiento.

La cárcel que no resistió fue la de El Hormiguero. Casi toda la estructura se vino abajo y la mayoría de los presos murieron aplastados. Algunos lograron escapar. Emmet Lang Salmerón fue uno de los pocos que escapó y se encontraba en la lista de presos políticos de ese entonces.

Mónica Baltodano habló con Lang tiempo después y le contó que él estaba durmiendo en calzoncillo por el terrible calor que hacía, cuando de repente sintió que todo empezó a moverse y una gran ráfaga de polvo inundó su celda.

Lang estaba tosiendo por el polvazal en lo oscuro cuando de repente se enteró que el muro de su celda que daba a la calle se había caído y por ahí escapó junto a otros reos comunes.

Para ese momento, los jóvenes de la Catedral estaban ayudando a sacar a las personas enterradas bajo la discoteca Plaza, pero no podían mover el gran techo de concreto que les cayó encima, hasta que llegaron bomberos a auxiliarlos.

La madre de Baltodano vivía por el Cine González, como a unas cuatro cuadras de la Catedral, así que el grupo de jóvenes se fue con ella a la casa de su madre. En las calles vieron el desastre. Incendios, edificios caídos, casas destruidas. Media Managua de rodillas.

Todas las casas vecinas se habían caído, excepto la de la madre de Baltodano, que solo había botado las tejas, y en el momento en que estaban saliendo de la casa, volvió a temblar.

“Los postes de luz se mecían y pegaban los de una cuadra con los de la otra cuadra de enfrente. Era inmensamente grande ese segundo temblor”, recuerda Baltodano. Esa fue la réplica de las 1:18 de la mañana.

Casi todas las edificaciones se vinieron abajo con el terremoto de 1974. CORTESÍA FAMILIA LÓPEZ

Con los demás manifestantes, Baltodano se fue para la costa del lago de Managua, donde hoy es la Plaza Juan Pablo II y a las 1:20, cuando estaban de camino al lago, volvió a temblar.

Mientras caminaban, los negocios y casas sucumbían como casitas de naipes. Frágiles. Y las vitrinas y ventanas explotaban con el movimiento de la tierra. Cuando iban pasando por la discoteca Plaza nuevamente vieron como sacaban a una muchacha “que parecía muñeco. Quien sabe cuántos huesos rotos tenía”. Baltodano recuerda que la joven estaba viva y quejándose de dolor, pero a los pocos minutos falleció.

Cuando llegaron a la costa del lago, se quedaron ahí sentados hasta el amanecer viendo las llamaradas de las casas vecinas y del Palacio Nacional, que seguía en pie junto al Teatro Nacional Rubén Darío.

Como la mayoría no era de Managua y no tenían a donde ir, prefirieron pasar la noche ahí. Además, consideraron peligroso caminar por las calles oscuras de Managua. Cuando amaneció, se dieron cuenta que, de todos modos, no quedaba lugar a donde ir. Hasta la casa presidencial de los Somoza en Tiscapa había sufrido daños con el terremoto.

“En 30 segundos, solo Hiroshima, y Managua” titularía el diario La Prensa el primero de marzo de 1973 cuando el periódico salió nuevamente, porque el 23 de diciembre de 1972 no pudo circular. El edificio del diario también se había venido abajo.

Ángela Saballos recuerda que para la edición del día del terremoto que nunca circuló, casualmente saldría publicado un estudio del ingeniero Carlos Santos Berroterán, en donde advertía que en Managua podía haber, más temprano que tarde, un nuevo terremoto como el de 1931.

“Él decía que Managua tenía, y las sigue teniendo, tantísimas fallas que era como una sandía en rodajas que se sostenía sin moverse por el agua subterránea, pero cuando no llovía, era posible que hubiera un terremoto porque llegaba un momento en que no podía sustentarse la falla y la tierra se venía abajo”, explica Saballos.

Al amanecer, los jóvenes protestantes ya habían suspendido el ayuno y buscaron como regresar a sus casas. Días después, la mayoría se ofreció para ayudar a los “terremoteados”, y se dieron cuenta de que Somoza se estaba robando la ayuda internacional para los damnificados.

La campaña de “Navidad sin presos políticos” de 1972 quedó enterrada con el terremoto. El desastre demandaba mayor atención. Daniel Ortega y el resto de reos tuvo que esperar hasta 1974, cuando un comando del Frente Sandinista se tomó la casa del “Chema” Castillo, y tras negociar con Somoza, pudieron salir libres en un avión hacia Cuba.

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